"No sé cómo nos vamos a recuperar de esto", el mensaje puertas adentro: River y las secuelas del golpe ante Lanús

La noche que cambió todo para el equipo de Gallardo
La noche que cambió todo para el equipo de Gallardo Fuente: EFE
Gustavo Yarroch
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26 de febrero de 2018  • 23:59

La frase salió de la boca de uno de los principales referentes del plantel de River. "No sé cómo nos vamos a recuperar de esto. Es un golpe tremendo", le dijo el experimentado futbolista a un integrante del cuerpo técnico. Habían pasado apenas 24 horas de la histórica eliminación de la última Copa Libertadores, ese mazazo, y en la intimidad del plantel ya olfateaban que la reconstrucción futbolística y anímica no sería sencilla. En efecto, no lo es: después de aquella caída 4 a 2 ante Lanús tras ir ganando la serie por un global de 3-0, el equipo perdió siete de los últimos diez partidos oficiales que jugó.

Desde aquella fatídica noche que padeció el 31 de octubre, River no supo encontrar respuestas ni siquiera con la incorporación de cuatro refuerzos por los que gastó unos 24.000.000 de dólares: Lucas Pratto, Franco Armani, Bruno Zuculini y Juan Fernando Quintero. Perdió tres de los cinco encuentros que jugó este año por la Superliga: ante Huracán, Lanús y Vélez, todos por la mínima diferencia. Luego del traspié en Parque de los Patricios, le ganó 2 a 0 a Olimpo gracias a una inspirada noche de Ignacio Scocco, autor de los dos goles. Y antes de perder el último sábado ante Vélez, igualó 2-2 como local frente a Godoy Cruz en un partido en el que se vio perjudicado por el arbitraje de Jorge Baliño, quien no le cobró un penal que le hicieron a Lucas Pratto y además convalidó un gol del equipo mendocino pese a que hubo una clara posición adelantada previa de Santiago García. Pero River, en definitiva, no mostró un nivel convincente en ninguno de los cinco partidos del año.

"A la distancia, tengo que reconocer que lo que pasó con Lanús fue un golpe demasiado grande para nosotros. Aquel vestuario fue uno de los más tristes que viví. Y no le podemos encontrar la vuelta a lo que nos pasó, más allá de que soy optimista en que nos vamos a recuperar porque tenemos lo más importante, que son buenos jugadores", comenta a LA NACION, pidiendo reserva de su nombre, uno de los jugadores más experimentados del plantel.

River sufrió un martes a la noche, en la cancha de Lanús, una de las caídas más dolorosas de su historia en torneos internacionales, tal vez comparable con la final de la Libertadores que perdió 4 a 2 ante Peñarol en Santiago de Chile en 1966, luego de estar 2 a 0 arriba en aquel tercer duelo a modo de desempate. Cinco días más tarde, en el Monumental, jugó el Superclásico ante Boca por la Superliga y perdió 2 a 1. Otro impacto negativo fuerte.

Golpeado anímicamente, luego perdió otros tres partidos de manera consecutiva: 1 a 0 contra Independiente, en Avellaneda; 3 a 1 frente a Newell's, en el Monumental; y 2 a 1 contra Gimnasia, en La Plata. Antes de fin de año, consiguió algo de alivio en su cancha contra Unión, al que le ganó 2 a 0 en un encuentro en el que estuvo lejos de mostrar un buen nivel de juego. En otras palabras: se trató de una victoria circunstancial y no del inicio de la recuperación que tanto espera.

El repaso indica que de los diez partidos oficiales que le siguieron a la eliminación ante Lanús, apenas ganó dos, en tanto que perdió siete y empató uno. El presente, ante la inminencia del debut en la Copa Libertadores frente al Flamengo, el miércoles en Río de Janeiro, y la cercanía de la Supercopa Argentina del 14 de marzo contra Boca, lo encuentra preocupado y sin respuestas.

Quedó a 24 puntos de Boca en la Superliga y perdió los últimos seis partidos que jugó como visitante, una racha negativa que solamente se había dado una vez en la historia: en 1940. De no mediar una recuperación muy marcada, con una racha positiva que le permita sacar al menos el 80% de los 30 puntos que quedan por disputar en la Superliga, para clasificar a la Libertadores del año próximo deberá ganar la edición 2018 o conseguir el tricampeonato en la Copa Argentina.

Desconcertado, sin juego colectivo y con bajos niveles individuales, River necesita respuestas urgentes, un escenario impensado que vuelve a poner a prueba la capacidad de Marcelo Gallardo y de un plantel que se muestra aturdido acaso como nunca antes en el exitoso ciclo del Muñeco.

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