MWC 2018: Vivo Apex, el teléfono que muestra el futuro de los smartphones (y sus límites)

El 98 por ciento del frente del teléfono Vivo Apex está ocupado por la pantalla; es el primer móvil en lograr algo así, aunque esto conlleva algunos desafíos no resueltos del todo
El 98 por ciento del frente del teléfono Vivo Apex está ocupado por la pantalla; es el primer móvil en lograr algo así, aunque esto conlleva algunos desafíos no resueltos del todo
Ricardo Sametband
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27 de febrero de 2018  • 16:05

BARCELONA.- El año pasado, el teléfono que se robó el Congreso Mundial de Móviles fue el Nokia 3310: apeló a la nostalgia y a la sorpresa (un celular tradicional nuevo en la era de las supercomputadoras de bolsillo) para llevarse todas las miradas. Este año, el equipo que está dando que hablar en la mayor feria de telefonía celular, que comenzó ayer y termina el jueves en esta ciudad , es un móvil de una firma china llamada Vivo.

Vivo puede resultar una marca desconocida en la Argentina, pero en Asia es un gigante: junto con su hermana Oppo pelean por el quinto puesto mundial como los mayores vendedores de smartphones del mundo. Vivo y Oppo son independientes, pero parte del conglomerado BBK, que también es dueño de otra firma de celulares: OnePlus.

Una imagen promocional del Vivo Apex
Una imagen promocional del Vivo Apex

Vivo viene creciendo en los últimos dos años y a principios de este año fue noticia al presentar el primer teléfono con un sensor de huellas dactilares invisible (el Vivo X20 Plus UD), que se ubica al frente del dispositivo, pero detrás de la pantalla. Sólo se aprecia su ubicación porque el sistema operativo lo destaca cuando lo necesita; el resto del tiempo permanece oculto. Hoy, en el MWC 2018, otra empresa china presentó un equipo similar: el Doogee V, también con el sensor de huellas dactilares invisible y un diseño muy parecido al del iPhone X.

Ahora Vivo dio el batacazo con el Vivo Apex, que todavía es un prototipo, que mostró a puertas cerradas: un teléfono que es, literalmente, todo pantalla. El 98 por ciento del frente del equipo está ocupado por el display (menos de 2 mm de marcos laterales, menos de 5 mm en la zona inferior). ¿Es mucho eso? Bueno, para referencia, en el iPhone X la pantalla ocupa el 82,9 por ciento del frente; en el Galaxy S8, el 83,6 por ciento; en el Xiaomi Mi Mix, un pionero del rubro, llega al 83,6 por ciento.

Así que el de Vivo (y de su proveedor de pantalla OLED, claro) es un logro enorme. Y hace realidad algo que hasta hace no tanto quedaba para películas de ciencia ficción, o series como Black Mirror: el famoso rectángulo negro ya no tiene marco visible.

Junto con esto, la compañía implementó una versión diferente del sensor de huellas digitales invisible del otro modelo, y lo amplió para que ocupe la mitad inferior de la pantalla. No importa dónde uno toque, del otro lado hay un sensor que permite analizar la huella para identificar al usuario. Esto evita uno de los problemas de los sensores invisibles, que es encontrar al tacto dónde apoyar el dedo. Aquí no importa. Y agrega una opción notable: exigir una doble identificación, es decir, escanear la yema de dos dedos en simultáneo para habilitar un pago, el uso de una aplicación específica, etcétera.

Al igual que el modelo de Xiaomi (y algunos de los últimos televisores de Sony), la pantalla vibra para funcionar de altavoz para las llamadas, y oculta el sensor de proximidad (que tienen todos los teléfonos modernos, y que hace que la pantalla se apague cuando ponemos el teléfono contra la piel) y el de luz ambiente (que permite que los teléfonos cambien en forma automática el brillo de la pantalla).

El límite de la pantalla

Hasta aquí, lo fantástico. Pero al hacer un teléfono que es todo pantalla, Vivo se encontró con una cosa que, todavía, no puede reemplazar o reinventar: la cámara frontal. Así que apeló a algo que es de lo más simpático, pero que genera dudas instantáneas: la cámara frontal está dentro del teléfono, y emerge, como un periscopio, de la parte superior del teléfono cuando se la necesita. Tarda menos de un segundo. Las partes móviles en un teléfono siempre son un problema: rompen la ergonomía del dispositivo, son un punto de entrada de polvo, incluyen un motor que gasta energía y se puede trabar.

Es el problema del futuro y de algunas ideas que en principio son muy atractivas (un teléfono que sea todo pantalla), pero que implican, en forma inevitable, varias concesiones. No sólo por la cámara; falta ver qué pasa cuando agarramos el teléfono, cuán sofisticado es para ignorar el contacto de la palma de la mano con los bordes, cuánto más frágil es, etcétera. Pero está claro que es el futuro: de ahora en más (y salvo por el detalle no menor de la cámara frontal), el marco que le ponga una compañía al frente del teléfono tendrá que ver en la mayoría de los casos con una cuestión de estética, de conveniencia y de dinero. La tecnología está disponible.

La cámara frontal emergente del Vivo Apex
La cámara frontal emergente del Vivo Apex

¿Soluciones a lo de la cámara frontal? Una, la que implementó Essential, que es una muesca en la parte superior de la pantalla para ubicar la cámara. Huawei hizo algo similar con el P20 que presenta a fin de marzo, según las filtraciones, pero un poco más ancho. La pestaña del iPhone X es más grande, pero es necesaria para poner todos los sensores que dan vida a Face ID. Decisiones.

El frente del Essential Phone, con la cámara frontal en el medio del borde superior de la pantalla
El frente del Essential Phone, con la cámara frontal en el medio del borde superior de la pantalla

La opción a futuro, claro, es integrar la cámara dentro de la pantalla, o detrás de ella. En una selfie finalmente nos miraríamos a los ojos, como corresponde. ¿Un delirio de ciencia ficción? Bueno, hay que tener en cuenta dos cosas. Primero, que los sensores que usa Vivo son ópticos, y lo que hacen es atisbar entre los espacios que dejan los pixeles de la pantalla OLED para ver la huella digital y reconocerla. Es decir, son cámaras. Una locura.

Segundo, porque tanto Apple como Samsung aplicaron a patentes en este sentido: ocultar la cámara en la pantalla. Esto no significa que tengan la tecnología lista para llevarla a millones de teléfonos (muchas patentes terminan en la nada), pero sí que consideran una alternativa válida crear un teléfono en que al mirarlo sólo se vea la pantalla, y nada más.

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