Viaja a caballo más de cinco horas para que sus alumnos no abandonen la escuela

Giacomo junto a dos de sus alumnos a los pies del cerro Champaquí, en Córdoba
Giacomo junto a dos de sus alumnos a los pies del cerro Champaquí, en Córdoba
Teresa Zolezzi
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27 de febrero de 2018  • 16:01

Cada 21 días, a sus 57 años, Giacomo Ponta se calza al hombro una mochila y una bolsa de dormir. Lo hace para recorrer a caballo -y otras veces a lomo de burro- las Sierras Grandes de Córdoba, aventurándose por caminos rocosos y empinados a más de 2400 metros de altura, hasta llegar a los pies del Champaquí, el cerro más alto del lugar. Su objetivo no es ni deportivo ni turístico, tiene que ver con su vocación: la docencia. Allí, en esta zona rural de difícil acceso, lo esperan varios jóvenes de distintas edades, que encuentran en su maestro la oportunidad para continuar sus estudios secundarios una vez que finalizan la primaria.

"Es un camino que tiene sus riesgos cuando las condiciones climáticas son desfavorables, sobre todo si llueve porque la mula o el caballo puede patinarse", cuenta Giacomo que tarda generalmente cinco horas en superar el desafío. "Lo hago porque estoy enamorado de mis alumnos, porque los quiero un montón. Estoy convencido de que la educación es clave para que cada ser humano pueda ser verdaderamente libre y espero que lo que hacemos aporte a la libertad de estos chicos", confiesa emocionado.

Próximo al comienzo de clases que arrancarán en esta escuela el 5 de marzo, Giacomo se prepara para acompañar la trayectoria escolar de 10 alumnos que este año renuevan sus ganas de aprender sumergidos en una realidad que los condiciona: "Las familias de estos chicos viven de la cría de animales-como chanchos, cabras, ovejas- y del turismo. Aquí no hay señal de teléfono, Internet, electricidad ni tampoco atención médica. Hasta hace seis años, este aislamiento hacía imposible que los jóvenes pudieran continuar su educación secundaria sin desarraigarse del lugar."

Preocupados por esta situación, en 2011, un grupo de padres de los parajes cercanos al Champaquí-y también de Villa Alpina, que sufrían el mismo problema- se acercaron a golpear la puerta de la escuela donde Giacomo es director, el Instituto Los Tabaquillos, en La Cumbrecita. Allí los recibió, los escuchó y puso manos a la obra.

"A partir de esa inquietud empezamos a hablar con otros profesores para ver qué podíamos hacer y dijimos: vamos nosotros hacia ellos". Desde entonces, cada tres semanas, Giacomo y otros docentes del Instituto Los Tabaquillos, salen al encuentro de jóvenes que habitan parajes rurales aislados. Para llegar hasta Villa Alpina utilizan unas camionetas que les facilita La Comuna y desde allí se suben a las mulas o a los caballos que les prestan las familias para llegar a los alumnos más alejados en el cerro Champaquí.

Así, los jóvenes de esta zona rural cordobesa se convierten en los primeros estudiantes de sus familias y de su comunidad, en poder transitar la escuela secundaria. El proyecto también llega a los padres que, contagiados por el entusiasmo de sus hijos, retoman el sueño de recibirse y estudian a la par de los chicos.

Entre los alumnos que pronto comenzarán el nuevo ciclo escolar, se encuentra Jesús López de 12 años, que pasa a 2do año y en su casa es el responsable de cuidar a los cabritos. Entusiasmado asegura: "Pienso que los profesores nos quieren y van a estar siempre para darnos una mano. Ellos me ayudan a aprender muchas cosas, sobre todo a valorar la escuela porque ahí aprendemos y nos sirve mucho para cuando seamos grandes."

Una vez que los docentes llegan a los parajes rurales, se quedan allí tres días y duermen en bolsas de dormir, en alguno de los albergues turísticos que son atendidos por las familias de los estudiantes. Durante este tiempo, visitan a los jóvenes que coinciden en un punto de encuentro, les explican los contenidos y les brindan el material didáctico para que ellos puedan aprender de forma autónoma cuando los profesores no están, reuniéndose entre ellos para estudiar y ayudarse unos a otros a hacer la tarea.

"Enseñamos al aire libre o en las casas de las familias, no tenemos un espacio físico. Nuestra aula es el entorno, la naturaleza, y nuestros tiempos de clase son aquellos en los que estamos lúcidos para aprender," comenta Giacomo para quien la falta de luz no es un impedimento para dar clases. "Además de los aprendizajes, con los chicos compartimos la alegría de la vida, el mate cocido, la cena, el metegol, los partidos de ajedrez y también sus sueños que intentamos movilizarnos para que puedan cumplirlos", continúa el docente.

Como también es importante que puedan compartir experiencias y aprendizajes con el resto de la comunidad educativa, los alumnos concurren cada dos meses al Instituto Los Tabaquillos en La Cumbrecita.

En estos días, Giacomo se encuentra abocado a la remodelación de un albergue que les cedió La Comuna para que los chicos de las comunidades aisladas tengan un lugar donde hospedarse durante su estadía en La Cumbrecita. Este espacio permitirá que los chicos visiten la escuela Los Tabaquillos con mayor frecuencia, una vez por mes.

"Los jóvenes están muy contentos de poder venir más seguido a La Cumbrecita, ya que esto fortalece los vínculos y la integración con el resto de los profesores y los alumnos de la escuela. Ellos son muy atentos, cariñosos y comprometidos. Lo que los mueve es el deseo de aprender", concluye Giacomo.

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CÓMO COLABORAR

Para que los alumnos puedan adquirir conocimientos prácticos en Tecnología, actualmente necesitan conseguir notebooks. Quienes quieran colaborar con la escuela pueden escribir a: giacponta@gmail.com

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