Los 100 mejores discos de metal de la historia: del puesto número 21 al 40

Metallica, Alice in Chains, Rage Against the Machine, Sepultura y más
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1 de marzo de 2018  • 14:23

21. Metallica - ‘...And Justice for All’

1988

Editado en agosto de 1988, el muy anticipado ...And Justice for All fue un disco de primeras veces para Metallica. Como primer álbum doble de la banda, también fue el primer LP con el bajista nuevo, Jason Newsted –aunque la mezcla, que enfatizaba los medios, hizo que su instrumento no se escuchara mucho– y el primero en llegar al Top 10 de Billboard. Además les proporcionó su primer single del Top 40, la épica antibélica “One”, para el cual el grupo filmó su primer videoclip. Los arreglos ambiciosamente expansivos de “The Frayed Ends of Sanity”, “To Live is to Die” y el tema del título (con una duración de casi 10 minutos) marcaron tanto la cima de la etapa thrash progresiva de Metallica como su último suspiro. Agotados de tener que reproducir el complejo material en vivo, pasarían a un abordaje más directo y despojado en Metallica , de 1991. “[Con Justice ] llevamos el concepto de Ride the Lightning y Master of Puppets lo más lejos que pudimos”, reflexionó Lars Ulrich en 2008 en MTV News. “No había ningún otro lugar donde ir con el costado más loco y progresivo de Metallica, y estoy orgulloso del hecho de que, de algún modo, ese disco es el epítome de ese aspecto nuestro de los 80.” D. E.

22. Mötley Crüe - ‘Too Fast for Love’

1981

En 1981, el mundo del rock estaba dominado por Foreigner, Styx y REO Speedwagon, hacedores confiables de hits sin sex appeal. Los cuatro punks de Los Angeles que ese año tomaron Sunset Strip por asalto bajo el nombre Mötley Crüe querían cambiar eso. El bajista y compositor principal, Nikki Sixx, estaba enamorado del glam rock de los 70 (Sweet, Bowie), pero agarró su fórmula y le agregó energía punk y testosterona, engendrando canciones como “Live Wire”, “Too Fast for Love” y “Piece of Your Action”. “De nuestros discos, Too Fast for Love es mi preferido porque es muy crudo”, dijo el guitarrista Mick Mars. “Para nosotros no era más que un demo para tratar de conseguir un contrato discográfico.” El LP salió originalmente por Lethür, el sello del grupo, pero atrajo tanta atención que Elektra lo reeditó, inspirando a una nueva generación de rockeros lascivos. Los imitadores venderían millones de discos y terminarían inundando MTV, pero ninguno se acercó a capturar la originalidad y la maravillosa energía de Too Fast for Love.

Andy Greene

23. Danzig - ‘Danzig’

1988

Cuando formó su grupo en 1987, Glenn Danzig ya era un héroe del under que había pasado la década anterior haciendo ruido con los horror-punks The Misfits y los góticos Samhain. Pero el autotitulado debut de Danzig fue el disco que transformó al líder en un ícono absoluto del metal, con esa tapa con un cráneo de vaca, una foto de la banda tipo pandilla de motoqueros y la producción seca de Rick Rubin, que acentuaba el galope arrogante del baterista Chuck Biscuits y los riffs chirriantes de John Christ. Pero lo que hizo que Danzig fuera un clásico instantáneo fueron las canciones, que eran robustas y merodeaban el territorio sagrado de Elvis y Bo Diddley. El taciturno grito de guerra de la peor pesadilla de un padre en “Mother” (que se la agarraba con Tipper Gore) es sólo uno de los puntos altos del disco. En canciones como el death blues que da comienzo al disco, “Twist of Cain”, la balada espeluznante “Soul on Fire” y la atronadora “Evil Thing” (una especie de “Black Dog” motoquero), Glenn grita como un Jim Morrison zombi.

Hank Shteamer

24. Rage Against the Machine - 'Rage Against...’

1992

Cuando irrumpieron en 1992 con su debut epónimo, nadie estaba listo para Rage Against the Machine. Empezando por su compañía discográfica. “Creo que fueron los Nirvana los que convencieron a los sellos, por primera vez en su historia, de que dejaran tranquilos a los artistas”, le dijo Tom Morello a RS en 2012. “Te puedo asegurar que no entendían a RATM, pero sabían que si se hacían a un costado iba a ser mejor para todos.” Haciéndose a un costado, y dejando que Rage fusionara hip hop con metal y punk, desataron una fuerza volátil que produjo clásicos instantáneos como “Killing in the Name”, “Bullet in the Head”, “Bombtrack” y la casi sabbathera “Freedom”, canciones que siguen sonando maravillosamente poderosas. “Yo había estado en muchas bandas que habían tratado de pegarla, pero con Rage explotó espontáneamente”, dijo Morello. “Inmediatamente conectó con algo en el cerebro triúnico de los fans del rock, el hip-hop, el punk, el metal y los activistas, de una manera que fue global desde el principio.” A. G.

25. Metallica - ‘Metallica’

1991

El primer disco de Metallica en alcanzar el puesto Número Uno llegó una década después de que empezaran su carrera. En su epónimo quinto LP –rebautizado por los fans como “el Album Negro”–, el grupo dio un giro de 180 grados respecto del thrash metal sin abandonar su ethos. Para el disco que llevaría al grupo al mainstream, acudieron al productor Bob Rock, cuyo trabajo con el prístino y enorme Dr. Feelgood , de Mötley Crüe, llamó la atención de Metallica. Con la ayuda de Rock, la banda llegó a un sonido más lento y contemplativo que ampliaba su rango musical, y aunque la grabación fue por momentos ardua y tensa, su perfeccionismo creó un monstruo. El disco contiene algunos de los éxitos más universales de Metallica, incluyendo la pesadillesca “Enter Sandman”; la balada poderosa y taciturna “The Unforgiven”; “Wherever I May Roam”, en la que Kirk Hammett usó un tono de guitarra estilo sitar; y la asombrosamente delicada “Nothing Else Matters”, con guitarra acústica. “Sé que llegamos al Número Uno en nuestros propios términos, completamente”, le dijo Ulrich a RS en aquella época. “Lo hicimos a nuestro modo. Eso me produce una satisfacción interior. Decirle ‘Fuck you’ a la industria y a cómo se supone que tenés que jugar este juego, y a cómo se lidiaba con esta mierda a mediados de los 80.”

Brittany Spanos

26. Alice in Chains - ‘Dirt’

1992

Antes de que el grunge llegara al mainstream, el movimiento le debía más al metal que a cualquier otro subgénero del rock. Lo pesado de Black Sabbath y Metallica impactó directamente en cómo los líderes de la escena de Seattle encaraban sus canciones, que hablaban de depresión, adicciones, muerte y desilusión. Mientras que Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden se expandieron más allá del metal, Alice in Chains siguió siendo fiel a la influencia del género, produciendo el premonitorio, pesado y oscuro Dirt . De los riffs feroces de “Them Bones” al himno escalofriante “Would?” (preeditado en 1992 en el soundtrack de Singles ), el disco propone una escucha intensa, con la guitarra de acero de Jerry Cantrell mezclándose con la voz áspera de Layne Staley. Canciones como “Sickman” y “God Smack” se arrastran con ritmos art-metal estremecedores, mientras que el hit “Rooster” le imprime ánimo taciturno a una balada emotiva sobre el padre de Staley, veterano de Vietnam. Un par de años después, el cantante se arrepentiría de haber hablado de la heroína en canciones como “Hate to Feel” y “Junkhead”, y le dijo a RS que la respuesta de los fans lo llevó a repensar todo. “No quería que pensaran que la heroína era cool, pero venían y me decían que estaban drogados con los pulgares arriba. Es exactamente lo que no quería que pasara.” B. S.

27. System of a Down - ‘Toxicity’

2001

Asustadizo, temperamental, emotivo y voluble, este disco ofrecía una banda de sonido perfecta para la angustia post Torres Gemelas. Lo ponés y aparece un riff entre pausas eternas antes de que el cantante, Serj Tankian, suspire: “Están tratando de construir una prisión”. El grupo armenio-americano hablaba de todo, desde las opiniones de Charles Manson sobre el ambiente (“ATWA”) hasta el sistema judicial de Estados Unidos (“Prison Song”), y cada canción exploraba diferentes estilos musicales, evocando el jazz, música griega y de Medio Oriente, y todas las mutaciones del hard rock. “No entiendo por qué tenemos que ser sólo una cosa”, le dijo Tankian a RS en 2001. Ciertamente, no tenían por qué serlo. B. S.

28. Celtic Frost - ‘Morbid Tales’

1984

La primera banda del frontman Tom G. Warrior y el bajista Martin Ain, el grupo pionero del death metal Hellhammer, fue una experiencia humillante. Los fanzines de la época destrozaban sus demos, diciendo que no sabían tocar. Citando una reseña del fanzine Metal Forces , en su libro Only Death Is Real , Warrior escribió: “Fue un golpe duro e hirió implacablemente nuestro orgullo”. De modo que cuando armaron Celtic Frost, tenían que demostrar. Lo que hicieron en su debut, Morbid Tales, impactaría en el metal extremo. Riffs corpulentos como el de “Dethroned Emperor”, que tiene un groove único (casi de rock sureño), influenciaría a grupos como Obituary, mientras que los ritmos galopantes y la guitarra sucia de “Into the Crypts of Ray” inspirarían a grupos de black metal como Darkthrone. Celtic Frost nunca adhirió a un género específico; tocaban rápido como los grupos de thrash, pero también escurrían sus riffs lentamente como grupos de doom metal. “Danse Macabre” es más el soundtrack de una película de Dario Argento que metal, y convocaron a una vocalista mujer con voz aterradora para la invocación recitada “Return to the Eve”. Warrior tenía una personalidad y un estilo al cantar muy particulares. Entre sus gruñidos muchas veces imitados, no tenía miedo de ponerse cursi y preguntar: “¿Sos mórbida?”. El disco es divertido, pesado y espeluznante al mismo tiempo, pero más que eso, para Warrior y Ain fue una reivindicación. “Es la esencia de mi vida musical, y la esencia de Celtic Frost”, dijo Warrior. K. G.

29. Sepultura - ‘Chaos A.D.’

1993

Después de años de incursionar en el thrash y el death metal, Sepultura se liberó de la ortodoxia en su quinto disco. Esta vez, canalizaron grooves más lentos y pesados en la línea del Album Negro de Metallica, probaron ritmos de su Brasil natal, experimentaron con voces operísticas (“Amen”) y se enfocaron en las texturas, como el latido del corazón del hijo aún no nacido del líder Max Cavalera en “Refuse/Resist”. También agregaron influencias de hardcore, punk y rock industrial, y se procuraron una producción más limpia, haciendo que las letras sociopolíticas del cantante brillaran más. “Uno hace lo que puede por tener una vida positiva, pero siempre hay algo o alguien que lo caga todo”, le dijo a Thrasher en 1994. “De ahí vienen las ideas de mis letras.” Incluso los momentos más obtusos de Chaos A.D. , como el cameo alocado del ex líder de Dead Kennedys, Jello Biafra, en “Biotech Is Godzilla”, la política está en el corazón de este LP. La dura “Territory” pone a los dictadores en la mira; “Propaganda” propone “no creer en lo que ves”; y la thrashera “Slave New World” confronta la violencia policial. Igor, el baterista y hermano de Max Cavalera, intensifica los grooves con percusiones tribales, y todo el grupo explora la música originaria en “Kaiowas”, que presagia Roots, su siguiente disco (de 1996), osado e igualmente influyente.

Kim Kelly

30. Korn - ‘Korn’

1994

Korn ayudó a inaugurar el nu metal con esta perfecta integración de riffs bajos y metaleros con ritmos raperos y los aullidos experimentales de Jonathan Davis, que le hablaba a una generación que podía escuchar Nirvana y Tupac tanto como Metallica. “Tratábamos de sonar como si un DJ hubiera remixado las guitarras”, explicó James “Munky” Shaffer a RS. Davis confronta temas personales delicados, como su adicción a las anfetaminas (“Blind”) y el abuso sexual que sufrió de chico (“Daddy”). En las dos décadas posteriores al lanzamiento, no tocaron “Daddy” por el trauma ligado con su creación; la recuperaron cuando conmemoraron los 20 años del LP, en 2014. Esa vulnerabilidad es lo que separó a Korn de los engendros nu metal que vinieron después, y ninguna logró la intensidad de las canciones de este disco. B. S.

31. Slayer - ‘Seasons in the Abyss’

1990

Aunque no fue una obra que definiera un género ni cambiara el panorama como lo hizo Reign in Blood , el quinto LP de Slayer quizás sea el disco más enfocado, de principio a fin, de la banda. Seasons mezclaba a la perfección la agresión thrash de sus primeros discos con el alarde apocalíptico de South of Heaven , de 1988. Temas de violencia y muerte permean las letras de “War Ensemble”, “Expendable Youth”, “Hallowed Point” y “Death Skin Mask”, la canción sobre un asesino serial (Ed Gein) más emblemática de Slayer, mientras que el bajista Tom Araya, el baterista Dave Lombardo y el imbatible equipo de guitarras de Kerry King y Jeff Hanneman igualaban esa intensidad en canciones que pasaban de frenéticas (“Born of Fire”) a extrañamente atmosféricas (el tema del título). “Creo que queríamos seguir siendo Slayer”, dijo una vez King. “Había muchas bandas que habían construido sus carreras copiando lo que habíamos hecho, y queríamos mostrarles que nosotros podíamos hacerlo mejor.”D. E.

32. Black Sabbath - ‘Sabotage’

1975

Sabbath no estaba en buena forma a principios de 1975, devastados por el abuso de sustancias y en medio de una ardua batalla legal con su ex manager. “Estábamos en el estudio, tratando de grabar, y teníamos que firmar papeles y cosas así”, dijo una vez el bajista Geezer Butler sobre la producción de su poco auspicioso sexto LP. “Por eso se llama Sabotage , porque sentíamos que todo el proceso estaba siendo saboteado por toda esa gente que nos robaba.” Extrañamente, el estado decadente de la banda le agregó una profundidad psicológica a la música. Aunque le falta la claridad de sus clásicos anteriores, Sabotage capturó una desesperación que no tiene ningún otro disco de la época de Ozzy. El líder no se guarda nada, rompiéndose la garganta en “Hole in the Sky”, y encarnando al desconcertado narrador de “Megalomania”. Iommi aporta algunos de sus riffs más furiosos en “Symptom of the Universe” –un claro precursor del thrash– mientras que suites épicas como “The Thrill of It All” y “The Writ” aportan su versión del metal progresivo. Sabotage presagió la caída de los Sabbath originales, pero quizás es su disco más oscuramente atractivo. H. S.

33. Megadeth - ‘Countdown to Extinction’

1992

En los 90, los grupos de thrash se estaban alejando de los tempos acelerados, y experimentaban más con riffs radiables y grooves de hard rock. Aunque la sombra del Album Negro pesaba sobre todo el género, Dave Mustaine y Megadeth perfeccionaron su sonido sin parecer imitadores. Con un equilibrio entre accesibilidad y thrash callejero, y un talento vertiginoso, Countdown to Extinction era menos complejo que su LP anterior, Rust in Peace , pero suena como una progresión natural. “Symphony of Destruction” sigue siendo el tema más raro que haya compuesto Mustaine, un crossover que tuvo su merecido éxito, pero la fórmula clásica de Megadeth de riffs tambaleantes, solos ligeros y ritmos ejecutados con precisión domina todo el disco. Era una mezcla perfecta de melodías para el mainstream y credibilidad metalera, y llevó a la banda al puesto Número Dos de Billboard. A.B.

34. Black Sabbath - ‘Master of Reality’

1971

Luego de sus dos primeros álbumes, que en realidad consistieron en grabar en el estudio sus sets en vivo, Sabbath se enfrentó a un desafío único en Master of Reality : componer un disco de verdad. Como en los predecesores, se juntaron con el productor Rodger Bain, quien los animó a crear un sonido tan directo como lleno de matices. El baterista Bill Ward tocó un timbal en “Children of the Grave”. Iommi juega con ruidos al final de esa canción, con la flauta en la balada “Solitude” y los sintetizadores en “After Forever” (quizás la primera canción de metal cristiano, cortesía de Butler). También afinó su guitarra más grave en algunas canciones para facilitar la digitación (algunos de sus dedos estaban mochos por un accidente industrial), lo cual generó uno de los riffs más pesados del metal, “Into the Void”. Pero se las arregló para producir un clásico con afinación estándar: “Sweet Leaf”, el primer himno stoner del que se tenga registro. K. G.

35. Metallica - ‘Kill ‘Em All’

1983

A principios de los 80, Metallica creó un nuevo subgénero combinando la velocidad de Motörhead con los arreglos intrincados de bandas británicas como Venom, engendrando el thrash, género supremo del headbanging. Su primer LP, Kill ‘Em All, es el kilómetro cero del thrash: nueve rocks diseñados para romperte el cerebro. Casi tres décadas después, “Whiplash”, con un millón de notas por minuto, sigue describiendo mejor que nada el estilo Metallica. Hetfield y Ulrich habían compuesto y revisado muchas de las canciones de sus primeros demos con el guitarrista original Dave Mustaine, y en el disco los riffs desgarbados de “The Four Horsemen”, el estampido de la batería de “Jump in the Fire” y la locomotora de “Metal Militia” suenan nuevas y enérgicas. Estas canciones inspiraron a grupos como Slayer y Exodus a llevar al thrash a territorios más duros y rápidos. Pero los bajos imaginativos de Cliff Burton –ese wah wah de “(Anesthesia) Pulling Teeth”– y los solos de Hammett hacían que Kill ‘Em All fuera más que una prueba de velocidad; era un nuevo modo de vida. K. G.

36. Van Halen - ‘Women and Children First’

1980

Con un piano eléctrico sobrecargado, mucha pirotecnia en la guitarra y la mordacidad alegre de David Lee Roth, en Women and Children First Van Halen presentó una interpretación amplificada de su estética de metal fiestero. El grupo había aparecido como los usurpadores del trono de Sabbath en 1978 cuando los telonearon en una gira, con hits sabbatheros como “Ain’t Talkin’ Bout Love” y el maravilloso solo de Eddie en “Eruption”, que inspiró a generaciones de guitarristas. Para 1980 llenaban estadios con un sonido más duro y metálico, sin haber perdido su carácter más ligero. “La música creció y evolucionó, pero maduró”, dijo Roth. Women and Children First era su disco más pesado hasta entonces, gracias a la batería tribal y el ruido de guitarras de “Everybody Wants Some!”; el aporreo del bajo de “Fools” y el interludio “Tora! Tora!”; el machaque técnico de guitarras de “Romeo Delight” y “Loss of Control”; y el expresionismo desatado de Eddie en “Take Your Whiskey Home”, entre otros momentos más livianos y acústicos. Todo termina con “In a Simple Rhyme”, que contiene lo mejor de los primeros años de Van Halen: una guitarra vistosa, momentos más suaves, riffs de metal y el storytelling simple y brillante de Roth, que moldea el ethos despreocupado del metal de los 80. K. G.

37. Black Sabbath - ‘Heaven and Hell’

1980

Sabbath sin Ozzy parecía imposible, pero en 1979 el grupo perdió la paciencia ante las ausencias del cantante y su consumo crónico de drogas, así que lo echaron. Prácticamente nadie en la faz de la Tierra estaba calificado para ponerse sus zapatos, excepto el ex cantante de Rainbow, Ronnie James Dio, un tipito con una de las voces más grandes del metal. “Podía ser muy agudo y muy claro, pero siempre sonaba grueso y poderoso”, le dijo James Hetfield a RS después de la muerte de Dio en 2010. “Sonaba como si midiera dos metros y medio, aunque era al revés.” Dio le dio una vida nueva a Sabbath y produjo temas nuevos increíbles como “Heaven and Hell”, “Neon Knights” y la dramática “Die Young”. Le aportó una grandilocuencia sin precedentes. A. B.

38. Iron Maiden - ‘Powerslave’

1984

Para cuando Maiden lanzó su emblemático quinto LP, el grupo ya tenía cuatro discos seminales bajo el brazo, y se había convertido en una superpotencia en vivo. “Tomamos lo mejor [de nuestro último disco, Piece of Mind ] y le pusimos el estilo agresivo de Number of the Beast [de 1982]”, dijo Bruce Dickinson en la época de Powerslave . “Hicimos un disco de mucha calidad.” El orgullo está justificado: el enorme talento del cantante se impone en temas como “Aces High” y en la diatriba antibélica “Two Minutes to Midnight”, mientras el bajista Steve Harris y el baterista Nicko McBrain convierten su galope en un arma y los guitarristas Adrian Smith y Dave Murray se pasan la posta como corredores olímpicos. Powerslave culmina con el opus clásico de más de 13 minutos “Rime of the Ancient Mariner” (basado en el poema de Samuel Taylor Coleridge) y Dickinson saca su egiptólogo interior en el tema que da título al disco, en el que examinan la inevitable mortalidad. T. B.

39. Pantera - ‘Far Beyond Driven’

1994

El bajista de Pantera, Rex Brown, le dijo una vez a RS que “la compañía discográfica quería algo como el ‘Album Negro’”. Pantera no satisfizo ese reclamo, claro, e hizo un disco con algunos de sus temas más rápidos (“Stronger Than All”), pesados (“I’m Broken”, muy Sabbath) y depravados (“Good Friends and a Bottle of Pills”). Por momentos parecía que el grupo intentara provocarle dolor al oyente: el abuso del pedal Whammy de Dimebag Darrell en “Becoming”, el exorcismo de demonios paternos de Phil Anselmo en “25 Years”, el sonido de la batería de Vinnie Paul... Sin embargo, sorprendentemente el sello sí tuvo su Número Uno. Far Beyond Driven es la obra más extrema que llegó al primer puesto de Billboard. Quizás la única concesión fue descartar la tapa original, que mostraba un taladro penetrando el culo de un desafortunado. R. B.

40. Mayhem - ‘De Mysteriis Dom Sathanas’

1994

¿Hay algún disco en la historia más opacado por las circunstancias que el debut de este influyente cuarteto de black metal noruego? El cantante Dead se suicidó antes de grabarlo. Y estás escuchando a un asesino condenado, el bajista Count Grishnackh, tocando junto a su víctima, el guitarrista Euronymous. Pero más allá de ese trasfondo, Mysteriis sigue siendo un documento singularmente potente, cuyas expresiones de alienación y nihilismo tenían una severidad gélida. “Nos repugnaba la música de amor y bondad”, le dijo el baterista a RS. “Queríamos hacer lo contrario.” S. S.

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