Alianza Lima-Boca, Copa Libertadores: el equipo xeneize mantuvo la actitud y la búsqueda pese a las lesiones, pero pagó su falta de precisión

Tevez en acción, en el debut de Boca en Lima
Tevez en acción, en el debut de Boca en Lima Fuente: Reuters
Franco Tossi
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2 de marzo de 2018  • 00:01

LIMA.- Al fin de cuentas, fue un punto de partida. A Boca le quedó la sensación de que podía haberlo ganado (tuvo dos tiros en los palos y las situaciones más claras del partido), pero teniendo en cuenta los contratiempos con los que llegó al debut de la Copa Libertadores , con tantos lesionados, no estuvo mal la imagen que dejó el equipo de Guillermo Barros Schelotto en el empate sin goles ante Alianza Lima, en Perú.

Boca había retomado en el último fin de semana el carril de las buenas victorias, el buen juego y los resultados abultados. Por eso llegaba a Lima para debutar en la Libertadores con un sabor dulzón que se invirtió rápido en la previa, con las bajas sensibles de sus dos centrales titulares: Goltz y Magallán. Si bien con optimismo nunca bajó su nivel, el estreno empezó internamente a mirarse con desconfianza. Porque el xeneize debió sumar más dedos para el recuento de ausencias fundamentales y poner casi un equipo B con respecto al ideal, ese que contemplaba las presencias de Benedetto, Gago, Pablo Pérez y los mencionados defensores. El equipo anoche cambió la cara del domingo: no ganó por la falta de precisión y, si bien mereció quedarse con los tres puntos, debió conformarse con un punto.

Sin Goltz y Magallán, el equipo de los mellizos fue una postal de lo que era antes de aquella victoria ante San Martín. Con pocas chances claras, vencido tácticamente y con escasa inteligencia para crear circuitos. Los "nuevos" zagueros cumplieron con su rol, pero Emanuel Reynoso (reemplazo de Pablo Pérez) no estuvo a la altura del juego y Julio Buffarini nunca llegó a ser Nahitán Nández: perdido, jamás se acomodó en la cancha y, por momentos, confundía a Barrios, Leonardo Jara y Pavón a la hora de la marca.

Allí estuvo el gran problema. Edwin Cardona fue el mejor simplemente porque fue el que más insistió e hizo jugar a su equipo. Tuvo un remate claro al travesaño. También Carlos Tevez tuvo su posibilidad, también ahogada por el poste. A Boca no le faltó el impulso de ir a buscar la victoria, aspecto innegociable en su entrenador, pero careció de espacios e ingenio para crear y se ausentó el compromiso de los reemplazos en la mitad de la cancha para poder mantener la versión más reciente: de haber sido otro el rendimiento de ellos, la ecuación podría haber cambiado.

En definitiva, la zaga renovada que parecía ser un problema grande no terminó siendo una preocupación. Con aplomo, el juvenil debutante Agustín Heredia no tuvo falencias: seguro en las alturas, preciso con la pelota y hasta apareció para salvar una jugada peligrosa en los pies de Ascues, el hombre de Alianza Lima que más complicó en ofensiva. Mientras que Santiago Vergini, permanentemente mirado de reojo por los hinchas, fue uno de los mejores del equipo: firme en cada intercepción y con frescura física y mental para leer las jugadas.

En el Estadio Nacional, Boca se dio cuenta que la Libertadores arrancó. A priori, el conjunto incaico era el rival más accesible del grupo, que lo completan Júnior de Barranquilla y Palmeiras. Pero quedó demostrado que el xeneize muchas veces sufre por motivos propios: la irregularidad en el juego, si no quiere complicarse en su máximo anhelo, debe ser espantado cuanto antes. Posiblemente, en la Superliga la actuación de ayer le hubiese alcanzado para obtener los tres puntos, algo que ya es habitual. Pero la competencia que hay en el certamen continental tan solo le cedió un empate para iniciar el camino.

Guillermo se irá amargado porque el resultado no fue el que buscaron, pero con la tranquilidad de que con poco fue más que su rival. Ayer le faltó acomodar y aceitar algunos pases para sumarle goles a la identidad.

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