Los 100 mejores discos de metal de la historia: del puesto número 61 al 80

Faith No More, Deftones, Marilyn Manson, Soundgarden y más
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1 de marzo de 2018  • 14:17

61 Converge - ‘Jane Doe’

2001

Veteranos de la escena hardcore de Nueva Inglaterra, los Converge alcanzaron una pequeña cima en su obra maestra de 2001. Impredecible y elegante, e incluso progresivo (modo do it yourself), el disco canalizaba la precisión de Slayer y el humor cáustico de Black Flag, un contrapunto realista frente al escapismo del black metal. Jacob Bannon cantaba como un animalito atrapado en una máquina terrible, y la producción robusta y directa del guitarrista Kurt Ballou complementaba la catársis. “Para componer Jane Doe, yo estaba buscando esperanza y desesperación. Pensé que ayudaría”, dijo Bannon. “Pero no.” I.C.

62. Sleep - ‘Jerusalem’

1999

Después de lanzar el pilar del stoner rock Sleep’s Holy Mountain en 1992, este trío pesado de la Bay Area decidió sacar un disco que fuera una única canción implacable de una hora de duración. Aunque el concepto era simple, la ejecución resultó ser más difícil; el guitarrista Matt Pike recordó que el grupo trabajó en la canción “alrededor de cuatro años”, mientras mutaba hacia algo más lento, más loco y más complejo de lo que habían imaginado. “Teníamos más o menos 10 carretes de cintas de dos pulgadas”, explicó el productor Billy Anderson a Willamette Week, en 2015. “Algunos tenían 10 o 15 ediciones. Pero eran sólo de 17 minutos. Así que no lo escuchamos como una canción entera hasta después de que estuviera mezclada. Era como ir a una clase de matemáticas.” Aunque el esfuerzo de la creación contribuyó a la separación de Sleep, el disco –primero lanzado en 1999 como Jerusalem, y reeditado en 2003 como Dopesmoker– sigue siendo el monumento a la medida de un grupo legendario. D. E.

63. Sodom - ‘Agent Orange’

1989

En una época en la que Metallica estaba explorando odiseas progresivas como “Blackened” y Slayer se metía en las regiones más oscuras, Sodom seguía haciendo thrash como si fuera 1983... o tal vez antes aun. El punto más alto del trío alemán, Agent Orange, de 1989, es una obra maestra tensa que va directo a la yugular y suena oscura, peligrosa y muy poco americana, gracias al acento sórdido del cantante Tom Angelripper, a sus letras típicas de un inglés para extranjeros, y a la perversidad de las guitarras de Frank Blackfire. En temas clave como “Ausgebombt” y el que le da título al disco, Angelripper disfruta del sufrimiento de la guerra con frases extrañas (“¡Un fuego que... no... quema!”) y en “Incest” festeja acostarse con su hermana con una dureza que haría que Prince se sonrojara. Aunque Kreator y Destruction, los compatriotas thrash de Sodom, también sacaron LPs brillantes en los 80, la audacia exagerada de Agent Orange lo transforma en el mejor de los tres. “[El disco] me cambió la vida”, dijo alguna vez Angelripper. “Salió en el mejor momento y se vendió bien. Yo pude dejar mi trabajo en la mina de carbón, donde había estado desde 1979. Mi sueño se hizo realidad, el de vivir sólo de la música y pasar todo el tiempo girando y ensayando con el grupo.” K.G.

64. Godflesh - ‘Streetcleaner’

1989

El fin del rechazo histórico de los metaleros por cualquier instrumento que no fuera una guitarra o una batería. Los samplers abrasivos y los ruidos sordos de la máquina de ritmos de Godflesh le dieron a la escena heavy de fines de los 80 una golpiza revolucionaria. Como el grupo anterior del guitarrista y cantante Justin Broadrick, Napalm Death, Godflesh se inspiró en el rock industrial de Young Gods, Big Black y Swans. Riffs metaleros, gritos y solos fueron descartados para dejar lugar a ritmos mecánicos, un bajo percusivo y una guitarra monocromática y rasposa. En la superficie no había casi nada tradicionalmente metalero, pero eran producto del mismo ambiente que había engendrado a Black Sabbath dos décadas antes. “Estaba tratando de comunicar una sensación de frustración”, dijo Broadrick, “de vivir en un infierno urbano en los 70 en Birmingham”. I.C.

65. Faith No More - ‘Angel Dust’

1992

Luego de “Epic”, de 1989, Faith No More podría haber subsistido tranquilamente un par de años más como los otros tontos de funk-rap-metal del rock alternativo. Pero con su cuarto LP eligieron tomar otro camino, ofreciendo una obra de arte audaz de metal modernista que era tan fantástica y divertida como confrontativa. O, como dijo el cantante Mike Patton en aquella época: “Creo que todos seríamos felices si la gente se llevara este disco a casa y dijera: ‘¡¿Qué mierda es esto?!’”. Como el título y el arte del disco (una garza blanca resplandeciente en la tapa y la cabeza de una vaca en un gancho de carne en la contratapa), Angel Dust era un estudio de los contrastes: rocks crecientes y majestuosos (“A Small Victory”, “Everything’s Ruined”) junto a pánico por el apocalipsis industrial (“Jizzlobber”, “Malpractice”), death-disco demencial (“Crack Hitler”), pastiches de country y musicales (“RV”) y covers de películas con acordeones (“Midnight Cowboy”). El movimiento rítmico del primer single, “Midlife Crisis”, estaba montado sobre un sampleo de percusión de Simon & Garfunkel, mientras que “Be Aggressive” reunía riffs de funk rock con cánticos de porristas y letras sobre una fellatio de un hombre a otro. El resultado fue un disco menos vendido que su predecesor, que contaba con “Epic”, pero cuya influencia puede escucharse en el sonido de prácticamente todos los grupos de dark metal, desde los Deftones a System of a Down y Slipknot. R.B.

66. Deftones - ‘White Pony’

2000

Forjando una mezcla sin precedentes de shoegaze, trip hop y metal, el tercer disco de los Deftones cambiaría para siempre la trayectoria del rock en el nuevo milenio... pero no les digas nu metal. Con el líder Chino Moreno ahora como complemento del duro Stephen Carpenter en la guitarra, y Frank Delgado a tiempo completo en las bandejas y los sintetizadores, el grupo logró un balance perfecto entre caos y melodías en White Pony. Unas capas diáfanas de ambient le daban más lugar a Moreno para disfrutar del costado más suave de su rango vocal, pasando de un rugido gutural a la sensualidad dulce y amenazante en “Change (In the House of Flies)”. Combina bien con la cadencia rara de Maynard James Keenan en “Passenger”, y las serenatas andaluzas de Rodleen Getsic se transforman en gritos en el baño de sangre erótico de “Knife Party”. “Me acuerdo de que en [el sello] Maverick me hicieron sentar y me dijeron que Papa Roach y Linkin Park habían vendido seis millones de discos mientras que White Pony no había vendido ni un décimo de eso”, recordó Moreno en 2010. “Para mí, estaban diciéndome que querían más rap rock, y en esa época yo estaba harto de hacer música así.” S.E.

67. Queensrÿche - ‘Operation: Mindcrime’

1988

Aunque los Queensrÿche –de Bellevue, Washington– no llegarían al mainstream hasta el éxito de la balada “Silent Lucidity”, de su cuarto álbum, es el tercer disco del grupo, el ambicioso y conceptual Operation: Mindcrime el que sobresale como su mejor obra. Y casi 30 años después se siente ominosamente relevante. Los diálogos intercalados parecen sacados de videojuegos modernos y la trama, que sigue a un asesino que trata de salvar la vida de la monja a la que se le pidió que matara, se refiere a temas como la adicción a los opiáceos, la corrupción religiosa y la habilidad del “1%” para portarse mal con impunidad. La producción de Peter Collins (Rush, Alice Cooper) es ajustada y atemporal, mientras que la precisión de las interpretaciones musicales –el baterista Scott Rockenfield y el bajista Eddie Jackson parecen unidos por telepatía– es sorprendente. Pero es el cantante Geoff Tate el que se roba el show, con lo mejor de Freddie Mercury, Rob Halford e incluso Peter Murphy, de Bauhaus. Desde aullidos guturales y mantras de barítono hasta notas tan altas como para romper vidrios, el cantante se mueve a lo ancho de su rango vocal, dándoles a los personajes y la narrativa del disco una vida tonificante y una profundidad que cautiva. T.B.

68. Marilyn Manson - ‘Portrait of an American Family’

1994

“I am the God of Fuck.” ¿Alguna vez hubo una amenaza más perfecta que esta declaración que Marilyn Manson susurra en los primeros segundos de “Cake and Sodomy”, de su disco debut? Y la parte más deliciosa de esta burla blasfema a la religion y la hipocresía sexual era el carácter camp de la interpretación de Manson, que no dejaba ver si era serio o sarcástico. En su autobiografía, The Long Hard Road out of Hell, Manson describe la canción como un punto de inflexión en su carrera. “Si los televangelistas iban a hacer que el mundo pareciera retorcido”, escribió, “entonces yo iba a darles algo verdadero de lo que quejarse”. Pero, por más llamativa que fuera la indecencia sacrílega de Manson, era la producción de Trent Reznor (además de la asistencia de varios Nine Inch Nails) lo que finalmente le ponía al disco su sonrisa lasciva. Animado por el palpitante remolino de los toms y el hi-hat, los acordes en quinta distorsionados y abrasivos, y el inteligente empleo de diálogos de películas (la mayoría de films de John Waters), temas como “Organ Grinder” y “Dogma” apestaban a sexo y sociopatías, y fueron irresistibles para las hormonas en revolución. J.D.C.

69. Soundgarden - ‘Louder Than Love’

1989

Cinco años antes de que Soundgarden impactara en el mainstream con el sonido psicodélico y apesadumbrado de “Black Hole Sun”, era un grupo de rock pesado no comercial. En sus primeros discos, fusionaban punk y metal para lograr una terapia de grito primal (vean el aullido en tres octavas de Chris Cornell y los ruidos de la guitarra de Kim Thayil en “Beyond the Wheel”, de su debut Ultramega OK, de 1988), pero fue en Louder Than Love que se aferraron a su costado metalero. “Gun” empieza con un riff fangoso estilo Sabbath que se acelera como un tren fantasma, mientras Cornell canta amenazante: “Tengo una idea de algo que podemos hacer con un arma”. En canciones como “Power Trip” y “No Wrong, No Right” hay una naturaleza confrontativa, y un gran sentido del humor en “Big Dumb Sex”, con el estribillo en estéreo: “Voy a cogerte, cogerte...” (luego versionado por los Guns N’Roses) y “Full on Kevin’s Mom”. Pero lo que hace único al álbum en el canon del metal es el dolor y la emoción de la voz de Cornell; grita al unísono con la guitarra de Thayil en “Power Trip” y suena poseído cuando aúlla: “Te amo, te amo”, en “I Awake”. El disco es emocionante y aterrador, como Black Sabbath había querido que fuera originalmente el metal, y también tiene una importancia por haber inspirado el mayor hit de Metallica: Kirk Hammett dijo que cuando compuso el riff de “Enter Sandman” estaba tratando de capturar la actitud de Louder Than Love. K.G.

70. Death - ‘Human’

1991

El líder de Death, Chuck Schuldiner, ayudó a definir el sonido primal e implacable del death metal en los primeros años del grupo. Pero en Human, el cuarto LP, hizo una jugada extraña, convocando al guitarrista Paul Masvidal y al baterista Sean Reinert, un dúo de locos obsesionados con el jazz fusión (cofundadores del influyente grupo Cynic), para un disco que reconcilia la intensidad de los primeros Death con arreglos progresivos y una técnica salvaje. Adiós a los temas de zombis y sangre; en su lugar había canciones que lidiaban con “los misterios de nuestra vida”, el poder del inconsciente y cómo el hombre maltrataba el medio ambiente. En años posteriores, grupos como Gorguts, Cryptopsy y The Faceless llevarían la complejidad mutante del death-metal aún más lejos, pero Human sigue siendo un ejemplo resplandeciente de cómo puede evolucionar la música pesada sin sacrificar sus principios. “La gente, desafortunadamente, piensa que si progresás como músico sos un debilucho”, dijo Schuldiner en aquella época. “No lo entiendo.”H.S.

71. Living Colour - ‘Vivid’

1988

El debut de los neoyorquinos Living Colour, doble disco de platino, es una de las obras más inteligentes, pesadas e intransigentes que se hayan sacado la lotería del pop en los 80 pre Nevermind: una explosión psicodélica de grooves art funk, filigranas de jazz vanguardista, thrash furioso y el vocalista Corey Glover, que sonaba como Otis Redding tratando de gritar más que Axl Rose. Cuatro afroamericanos peinados con spray tocando arreglos progresivos con respeto punk e inteligencia pop: Living Colour no era fácil de encasillar y su sonido singular era tan poderoso, especialmente en el hit “Cult of Personality”, que terminó en todas partes, de una gira con los Rolling Stones hasta el Lollapalooza. Sobre los riffs extravagantes y espontáneos de Vernon Reid, el caldo políglota de Vivid adquiere una urgencia adicional con letras sociopolíticas sobre el racismo, la gentrificación y el consumismo. “Tocan con sentimiento y convicción”, dijo una autoridad como Little Richard en Rolling Stone en 1990. “Lo mismo que empezó conmigo en los 50, ellos lo están trayendo a los 90. Y que Dios bendiga sus almas. Lo están manteniendo vivo.” C.R.W.

72. Isis - ‘Oceanic’

2002

Aunque sus integrantes se criaron en el mismo semillero hardcore y metalero de Nueva Inglaterra que engendró a Converge, Cave In y Killswitch Engage, Isis hizo su propio camino. Liderados por el cantante, guitarrista y conceptualista Aaron Turner, el grupo siguió la línea de los Melvins, Swans y especialmente Neurosis, cuya mezcla de pesadez dolorosa, delicadeza y diseño de sonido de vanguardia resultarían enormemente influyentes. Oceanic, una saga arquetípica de 2002 acerca de un hombre desesperado buscando a su contraparte femenina, fue un punto de inflexión, con canciones dotadas de atmósferas y texturas tan imaginativas que podías verlas. La primera mitad de “Carry” gotea movimientos lentos, en contraste con las guitarras afiladas de Turner y Michael Gallagher, una conjunción que crece hasta lograr un clímax cuando la voz de Maria Christopher entra en foco. “Con Oceanic la banda se sentía más cómoda expresando sus ideas, trabajando juntos. Fue divertido de muchas maneras, un momento de solidificación”, dijo Turner en 2010. Punto clave de lo que luego se llamaría post-metal, Isis y Oceanic tendrían un tremendo impacto en una nueva ola de grupos como Pelican y Cult of Luna. S.S.

73. Scorpions - ‘Blackout’

1982

Los alemanes Scorpions se pasaron los 70 en relativa oscuridad, produciendo discos de hard rock que destacaban el trabajo neoclásico y hendrixiano de Uli Jon Roth en las seis cuerdas. No fue sino hasta el final de la década, cuando se solidificó su formación alrededor del equipo de guitarras del compositor principal Rudolf Schenker y Matthias Jabs, que, en palabras del cantante Klaus Meine, “se enfocaron más en ‘el ADN de Scorpions”, dinamizando su sonido y apostando fuerte al mercado del metal americano. Blackout, su octavo disco, fue donde todo terminó de cobrar forma, con canciones alimentadas por riffs limpios y sin florituras, una producción cristalina y un impulso rítmico directo, con el aullido llorón de Meine y las guitarras bluseras de Jabs agregando personalidad y brillo. Canciones como la que da título al disco, “Can’t Live Without You” o la balada “You Give Me All I Need” eran tan sencillas como pegadizas. Y después estaba el hit “No One Like You”, con su video en el que aparece Alcatraz. Esa canción inauguró la era dorada de Scorpions en los 80 y, al mismo tiempo, abrió el camino para toda una época de éxitos hard rock que eran duros como clavos y conmovedoramente melódicos. R.B.

74. Venom - ‘Welcome to Hell’

1981

Olvídense del punk británico. La verdadera anarquía llegó al Reino Unido con Welcome to Hell, una celebración libertina de la adoración al demonio, le bebida y las mujeres por parte de Venom, la banda de Newcastle. Más rápidos y thrash que Motörhead, el trío sudoroso y en cueros de Conrad “Cronos” Lant, Jeffrey “Mantas” Dunn y Tony “Abaddon” Bray saturó cada instante de esta colección clásica con mugre, explosiones sin sentido y un carisma inmortal, condensados en éxitos como el tema del título, “Shizo” y el himno a la locura de “Live Like an Angel (Die Like a Devil)”. I.C.

75. Morbid Angel - ‘Covenant’

1993

Con un guitarrista conocido por tajearse los brazos y una imagen satanista, Morbid Angel no parecía destinado al éxito. Pero cuando Irving Azoff, manager de Eagles y leyenda de la industria, los contrató en Giant Records y los puso a trabajar conel productor de Metallica, Flemming Rasmussen, el ataque blasfemo de la banda alcanzó una nueva dimensión.Los riffs retorcidos del genial guitarrista Trey Azagthoth y las proclamas de odio del líder David Vincent fueron canalizados en canciones pegadizas, incluyendo la furiosa “Rapture”, la oda al diablo “God of Emptiness” y el rock ardiente de “Sworn to the Black”. H.S.

76. Twisted Sister - ‘Stay Hungry’

1984

A principios de los 80, los Twisted Sister eran los reyes de los clubes de Nueva York, y aun así no podían conseguir un contrato. Para cuando firmaron con Atlantic, llevaban diez años de carrera y su estética glam había sido usurpada por grupos más jóvenes (y bonitos) de Los Angeles. Pero ninguno de ésos tenía el talento de los Twisted para componer himnos de tres minutos como “We’re Not Gonna Take It” y “I Wanna Rock”. Las dos canciones y sus videoclips (tontos pero brillantes) llevaron a Twisted Sister a la estratósfera de la cultura pop. El grupo apareció en películas como La gran aventura de Pee-wee y también en el Senado de Estados Unidos, donde el líder Dee Snider se enfrentó al comité consevador que impuso el “Parental Advisory”. Mientras tanto, los temas menos conocidos del disco –como la sección de “Captain Howdy” en “Horror-Teria (The Beginning)”– exhibían un heavy metal verdadero. R.B.

77. Meshuggah - ‘Destroy Erase Improve’

1995

El segundo disco de los gigantes suecos Meshuggah es resultado de una combinación de ferocidad death metal, precisión thrash, el ladrido hardcore del vocalista Jens Kidman, los solos de guitarra jazz fusión caprichosos de Fredrik Thordendal, y una complejidad rítmica que te quemaba la cabeza. Desde la alarma del principio, los ruidos mecánicos y la base para el latigazo cervical del baterista Tomas Haake en “Future Breed Machine”, el disco no pierde intensidad. Mientras que el instrumental “Acrid Placidity” subraya el flow elegante de Thordendal. El grupo luego evolucionaría a guitarras de ocho cuerdas y composiciones largas, pero nunca se desvió del sonido que desató con esta creación vertiginosa. S.S.

78. Voivod - ‘Dimension Hatröss’

1988

Con influencias tanto del hardcore (Discharge), el post-punk (Killing Joke) y el rock progesivo clásico (King Crimson, Van der Graaf Generator), el cuarteto de Quebec hizo su nombre con tres discos feroces de canciones sci fi y riffs retorcidos. Pero fue con Dimension Hatröss que se ganaron su reputación de innovadores. Influenciados por los vanguardistas Einstürzende Neubauten, engendraron un disco conceptual distópico que shockeó al under metalero, dejando lugar a sampleos industriales, cambios de ritmo y melodías vocales memorables. Su impacto señaló el camino a grupos como Tool, Opeth y Dream Theater. A.B.

79. At the Gates - ‘Slaughter of the Soul’

1995

Nacidos de la prolífica escena sueca de death metal de fines de los 80, At the Gates tuvo un ataque de precisión siniestro con su cuarto disco, Slaughter of the Soul. El alarido atormentado del líder Tomas Lindberg se elevaba sobre riffs doble tiempo triunfantes, en canciones atléticas como “Blinded by Fear”, “Nausea” y “Cold”. Desafortunadamente, el grupo se separó antes de que su legado pudiera ser evaluado. A principios de los 2000, el sonido de Slaughter... apareció replicado en millones de discos vendidos por grupos de metalcore americanos, particularmente As I Lay Dying. “At the Gates fue una gran influencia para nosotros” dijo Mark Morton, de Lamb of God, a The Quietus. “Ellos tenían ‘ese’ sonido.” I.C.

80 Ministry - ‘Psalm 69: The Way to Succeed and the Way to Suck Eggs’

1992

Los insatisfechos de la New Wave que formaron Ministry lograron llegar al mainstream cambiando sus sintetizadores por guitarras y componiendo un collage pesadillesco para su quinto LP, Psalm 69. Debajo de torrentes de riffs acelerados, Al Jourgensen sampleaba discursos de George H.W. Bush en la distópica “New World Order” y la poesía recitada de Burroughs en “Just One Fix”. También invitó a Gibby Haynes de Butthole Surfers a grabar voces para “Jesus Built My Hotrod”. El resultado fue un recorrido maníaco por imágenes de la América más trash, cuyo éxito les abrió puertas a industriales como Marilyn Manson, Rammstein y Orgy. S.E.

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