Los 100 mejores discos de metal de la historia: del puesto número 81 al 100

Bathory, Nightwish, Lamb of God, Evanescence y más
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1 de marzo de 2018  • 14:25

81. Bathory - ‘Under the Sign of the Black Mark’

1987

Luego de dos discos de punk metal explosivo influenciado por Venom, Bathory descubrió el drama y el mal subterráneo en Under the Sign of the Black Mark . En el proceso de acelerarse para “Equimanthorn” y desacelerarse para “Enter the Eternal Fire”, el grupo marcó las dimensiones de lo que sería conocido como black metal. I.C.

82. Entombed - ‘Left Hand Path’

1990

Para cuando Entombed lanzó su debut, ya había llamado la atención de la escena con los demos que firmaron como Nihilist. El paso sincopado y la distorsión volcánica de la guitarra de “Supposed to Rot” y “Abnormally Deceased”, que aparecen en Left Hand Path , mostraban una mayor conciencia del rock & roll que lo que sugieren sus letras obsesionadas con la sangre. “Eramos muy jóvenes”, le dijo el baterista Nicke Andersson a Decibel, “y, sin saberlo, hicimos algo que nadie había hecho antes”. I.C.

83. Baroness - ‘The Red Album’

2007

Después de un puñado de EPs, Baroness finalmente apareció en el mapa en 2007 con The Red Album . Temas como “Rays on Pinion”, “Wailing Wintry Wind” y “Wanderlust” contradecían la reputación más salvaje del grupo, empleando armonías melódicas en la guitarra y exploraciones instrumentales oníricas que hacían que los pasajes más pesados –y el grito ronco de John Baizley– sonaran, en contraste, más sorprendentes. D.E.

84. High on Fire - ‘Blessed Black Wings’

2005

El tercer álbum de High on Fire señaló un gran paso para el grupo de stoner rock paralelo de Matt Pike, líder de Sleep. Las participaciones del antiguo bajista de Melvins y Sunn O))), Joe Preston, y de Steve Albini, fueron claramente importantes en la ecuación, pero se destacan los esfuerzos de Pike como guitarrista, cantante y letrista, especialmente en la épica y autoanalítica “Crossing the Bridge”. D.E.

85. Darkthrone - ‘Transilvanian Hunger’

1994

Para los oídos de Fenriz, quien tocó la guitarra, el bajo y la batería en el cuarto LP de Darkthrone, Transilvanian Hunger , el disco es “monotonía intransigente”. “Es para los que están arruinados”, le dijo a Decibel en 2009, “porque ahí no hay nada de entretenimiento”. Pero hay profundidad en el álbum y su atmósfera de riffs fríos tocados con una distorsión borrosa a un tempo medio constante, que le da una cualidad hipnótica. El disco generó controversias por el eslogan que llevaba en la contratapa “Norsk Arisk Black Metal” (“Black metal ario noruego”) hasta que los distribuidores los obligara a quitarlo. Años después el grupo tildó el mensaje de “desagradable”. K.K.

86. Lamb of God - ‘As the Palaces Burn’

2003

Los Lamb of God llevaron su sonido a otro nivel con As the Palaces Burn , de 2003. La producción de Devin Townsend ayudó a afilar los riffs de Mark Morton y Willie Adler en temas como “Ruin”, “11th Hour” y “Vigil”, mientras que el baterista Chris Adler animaba la música como un entrenador dando latigazos a un equipo de caballos histéricos. El vocalista Randy Blythe rugía acerca de asesinatos sangrientos en medio de la vorágine. Era thrash metal para una generación nueva, aunque un solo del ex Megadeth Chris Poland también subrayaba la deuda del grupo con los precursores del género.D.E.

87. Manowar - ‘Hail to England’

1984

El ex The Dictators Ross “The Boss” Friedman y el alguna vez técnico de Black Sabbath Joey DeMaio fundaron Manowar como un grupo de motoqueros dedicados a “dar vueltas en dos ruedas” y “hacerles ‘fuck you’ a los cuadrados”. Pero para cuando sacaron su tercer disco habían evolucionado. Con canciones como el llamado a las armas wagneriano “Blood of My Enemies”, establecieron un modelo metalero exagerado, pero también increíblemente enfocado y pegadizo.R.B.

88. Pig Destroyer - ‘Terrifyer’

2004

El tercer LP de Pig Destroyer le suma a la mezcla de bases de blastbeat y riffs aceleradísimos, el sonido de grupos de metal alternativo de los 90 como Helmet y Unsane. Es una topadora de noise punk (“Thumbsucker”) con cosas hilarantes estilo Melvins (“Gravedancer”), hardcore (“Restraining Order Blues”) y, además, un disco extra de metal noise ambient. C.R.W.

89. Nightwish - ‘Once’

2004

Liderados por la soprano Tarja Turunen, Nightwish enfatizó el costado operístico del metal, que con su combinación de arias y acordes en quinta resultó ser popular. Pero en su quinto disco, Once , logró su mezcla más equilibrada. Acompañados por una orquesta sinfónica, Turunen y el compositor Tuomas Holopainen se entregaron a sus impulsos clásicos y pop: “The Siren” y “Ghost Love Score” arden con energía wagneriana y muestran cuán accesible puede ser esta música en las manos adecuadas. A.B.

90. Body Count - ‘Body Count’

1992

Mientras el thrash de los 80 venía construido sobre las novelas de Lovecraft y los noticieros, el grupo de metal de Ice-T era un verdadero informe callejero, mostrando la vida en Los Angeles como una casa del terror: las guerras de pandillas (“Body Count”), el sistema carcelario (“Bowels of the Devil”) y amigos asolados por el crack (“The Winner Loses”). C.R.W.

91. Naked City - ‘Torture Garden’

1990

El iconoclasta del jazz John Zorn tuvo un affair romántico con el grindcore inglés y el noise punk de Japón. En un disco de 26 canciones breves (la más larga, 79 segundos) con el dolorido saxo de Zorn, un equipo de jazzeros veteranos del Downtown de Manhattan y el vocalista de los Boredoms, Yamatsuka Eye, se juntan en un ataque de pánico colectivo. Zorn tramó una mezcla de metal extremo y jazz desquiciado que desafía cualquier pertenencia genérica. C.R.W.

92. Eyehategod - ‘Take as Needed for Pain’

1993

En su segundo disco, la banda de Nueva Orleans refinó el aporreo de punk blues de su debut y lo transformó en algo casi estilizado. Los mejores temas, como “Blank” y el que da título al disco, martillan al oyente con riffs turbulentos. “Sister Fucker (Pt. 1)” le pone imágenes malvadas a un boogie rock para sacudir la cadera. El grupo encontró un aliado perfecto en el ingeniero Robinson Mills, cuyos tonos cálidos complementan el quejido ácido del frontman Mike Williams y los aluviones de distorsión amenazante en temas como “30$ Bag” y “Disturbance”. H.S.

93. White Zombie - ‘La Sexorcisto: Devil Music Volume One’

1992

White Zombie sacó tanto su estética como parte de su sonido de películas de terror, entremezclando entre sus riffs fragmentos sonoros de films de sexploitation como Faster, Pussycat! Kill! Kill! Pero el golpe maestro fue no apabullar al oyente con furia metalera y apuntar a un tipo de groove que evocaba a las bailarinas a gogo de una discoteca de condenados. No sólo temas como “Thunder Kiss ‘65” o “Spiderbaby (Yeah-Yeah-Yeah)” cargan un meneo pronunciado, sino que las voces semicantadas de Rob Zombie ponen más énfasis en el beat que en cualquier cosa que se parezca a una melodía. Quizás no fuera metal estándar, pero era algo totalmente divertido, ruidoso y atemorizante. J.D.C.

94. Deafheaven - ‘Sunbather’

2013

El guitarrista Kerry McCoy definió a Deafheaven, su banda junto al cantante George Clarke, como “un triángulo de música extrema, música experimental e indie rock muy triste”. En Sunbather , su segundo disco, definieron su estilo expansivo. Temas emocionales como “Dream House” y “The Pecan Tree” entretejen elementos de grupos de post-punk y noise independiente como Mogwai, junto a clásicos shoegazers como My Bloody Valentine o Slowdive. R.S.

95. Dream Theater - ‘Images and Words’

1992

Después de perder su contrato discográfico, Dream Theater estaba en un punto bajo.La jugada de lanzar un disco de metal progresivo repleto de guitarras acrobáticas, filigranas de teclados estilo Yes y voces casi operísticas justo en el pico de la nirvanamanía podría haber sido el último clavo en su ataúd. Y aun así, Images and Words (editado por Atco, su nuevo sello, con James LaBrie, su nuevo cantante) fue su explosión comercial. R.B.

96. Kvelertak - ‘Meir’

2013

El metal contemporáneo está demasiado balcanizado: es un mar de subescenas desconectadas. Piensen en Kvelertak y su segundo disco como los unificadores groseros pero adorables del género. El cantante Erlend Hjelvik grita y ruge exclusivamente en noruego, pero los riffs de la banda hablan un lenguaje universal: “Spring Fra Livet” (“Corré de la vida”) mezcla un boogie caótico y black metal precipitado con un trémolo, mientras que “Bruane Brenn” (“Quemando puentes”) es un tema hardcore para hacer pogo en cualquier parte del mundo. H.S.

97. Gojira - ‘From Mars to Sirius’

2005

Gojira emergió a principios de los 2000 –una época dominada por los puristas del black metal y las mezclas de la escena emo– con una combinación de agallas y cerebro en rock, thrash y death metal. Su tercer disco, From Mars to Sirius , también tenía un mensaje tan fuerte como su música: “Ocean Planet” y “Flying Whales” se refieren a la ecología, y las metáforas del mar y la preservación animal completaban el sonido de la banda, grandilocuente y... natural. I.C.

98. Sunn O))) - ‘Monoliths & Dimensions’

2009

El dúo de avant metal Sunn O))) experimenta con facilidad jazzera en su sonido caracterísitco –bloques de un estruendoso zumbido de guitarras fuertemente amplificadas y nada de batería–. Inspirado en las obras de la época eléctrica de Miles Davis, el sexto disco Monoliths & Dimensions es el más expansivo de su carrera. Aquí, el grupo se abre a arreglos del compositor Eyvind Kang, dándoles a sus notas sostenidas un aspecto de drama cinematográfico. C.R.W

99. Evanescence - ‘Fallen’

2003

En el instante en el que la hechizante “Bring Me to Life” llegó al circuito mainstream, Evanescence se transformó en el nuevo rostro del movimiento de metal gótico. Con la voz operística de la cantante y pianista Amy Lee, el grupo aportó teatralidad y una necesitada feminidad a la escena. Aun tratando temas como la alienación, la depresión, el suicidio y la muerte, Fallen se convirtió en un éxito global que vendió más de 17 millones de copias en 2003. B.S.

100. Avenged Sevenfold - ‘City of Evil’

2005

El tercer disco de Avenged Sevenfold fue un alejamiento intencional de sus raíces en el OC metalcore y, sin embargo, nada suena forzado. La decisión del grupo de aferrarse a los tropos del metal clásico resultó en el trabajo más divertido y relajado de su carrera. El primer tema, “Beast and the Harlot”, un goth-glam-speed-power-metal repleto de imágenes ridículas, era el más destacado, pero todo el disco sonaba como un estruendo de principio a fin, una montaña rusa de riffs, estampidas de batería y solos a la velocidad de la luz. Y casi no había gritos del líder M. Shadows, que esta vez se tomó la cosa del “cantante principal” literalmente. Después de este álbum, ya no es difícil percibir el look y el sonido de la banda en grupos de metal melódico moderno orgullosamente glamorosos como los Black Veil Brides. En cuanto a los propios Avenged, City of Evil se volvió el primero de lo que sería una serie de discos con ventas de platino. “Algunos pensaron que nos habíamos vendido”, recordó Shadows. “Pero a mucha más gente le gustó.” R. B.

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