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Sindicalistas y narcos

El caso Balcedo muestra los peligrosos puntos en común que algunos dirigentes gremiales corruptos comparten con narcotraficantes
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1 de marzo de 2018  

La descarada exhibición de riqueza y el fastuoso tren de vida que llevaba en Uruguay el gremialista Marcelo Balcedo antes de ser atrapado en su mansión cerca de Piriápolis llamó la atención y abrió interrogantes porque el Sindicato de Obreros y Empleados de Minoridad y de Educación (Soeme), del que era titular, es un gremio de escala mediana como para justificar el nivel de vida que llevaba Balcedo en el vecino país, y porque tampoco puede justificarlo el negocio periodístico al que también se dedicaba con el grupo que conforman, entre otros medios, el diario Hoy, de La Plata.

Muy pronto en la investigación judicial, mientras se sucedían los hallazgos que hora tras hora hacían más cuantiosa su asombrosa fortuna, se barajó cada vez con más fundamentos la firme posibilidad de que Balcedo y uno de sus hombres de máxima confianza estuvieran estrechamente relacionados con los narcotraficantes de la banda rosarina Los Monos y, al mismo tiempo, quedó planteado el interrogante acerca de si este vínculo no es un caso aislado y si hay más dirigentes sindicales involucrados con el crimen organizado.

Si se suman los hallazgos de la justicia argentina y uruguaya a Balcedo, acusado entre otros delitos de lavado de dinero, ya le descubrieron 59 propiedades -a nombre de él y de su mujer, algunas en countries de Cariló, La Plata, Tigre y San Fernando-, más de siete millones de dólares en cajas de seguridad en Maldonado y Montevideo, y acciones de una sociedad en Panamá y otra en las islas Marshall.

La DGI uruguaya calculó que el flujo de egresos de Balcedo y su pareja, entre 2008 y 2017, fue de casi 15 millones de dólares. A eso hay que sumar, además de 40 vehículos de alta gama, numerosas armas de fuego, un zoológico privado, una lancha, una moto de agua y el empleo habitual de un jet privado que algunas fuentes sostienen que también pertenecería al gremialista.

La imputación por lavado de dinero abona la firme sospecha de que buena parte de esos bienes pudiera ser producto del blanqueo de activos ilegales generados por el narcotráfico.

Esa sospecha quedó debidamente apuntalada cuando se conoció que fue Mauricio Yebra, su mano derecha, quien había llamado la atención de la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) y, con anterioridad, que unas extracciones bancarias realizadas por Yebra fueron motivo de tres reportes de operaciones sospechosas de la Unidad de Investigación Financiera (UIF).

Finalmente y mientras la investigación sigue su curso, la Procelac encontró el apellido Yebra al investigar a la tristemente citada célebre banda de narcotraficantes rosarina. El hombre de confianza de Balcedo había registrado a su nombre 14 automóviles de alta gama en poder de la familia Cantero, de Los Monos.

No es la primera vez que un sindicalista aparece relacionado con el narcotráfico. El año pasado, un informe de América TV mostró esa relación en el puerto de San Pedro. En aquella oportunidad, el exsecretario general del Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA) y exconcejal de ARI Diego García afirmó que tuvo que enfrentar esa realidad, y Cristian Casas, otro exsecretario del SUPA, denunció que "narcotráfico y piratería" son los "negocios turbios" de sindicalistas en la zona, que figuran como titulares de empresas portuarias.

Hasta ahora, varias características comparten tanto el sindicalismo corrupto como las organizaciones narco: ambos operan fuera de la ley, pero usan pantallas legales; los dos se ven obligados a lavar dinero de procedencia ilegal; cuentan con cuantiosos arsenales en su poder, tienen vinculaciones con la política y, finalmente, ambos suelen conformar clanes familiares de tipo mafioso.

De allí el peligro de que el caso de Balcedo pueda generalizarse en el mundo gremial. Es otra importante razón más para comenzar a sanear la actividad sindical, a exigir a los gremios que rindan cuentas de los fondos que reciben y, así, lograr que dejen de ser una fábrica de dirigentes enriquecidos ilícitamente a costa de los trabajadores que dicen defender.

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