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FarándulaEl final de la fiesta

Nunca como ahora estuvo tan cerca de estallar el cóctel explosivo que forman ciertos referentes del mundo del espectáculo, la droga y el poder. Las relaciones peligrosas de la noche derivan en escándalos que se reproducen a ritmo de vértigo.
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17 de noviembre de 1996  

-Mamá, tengo la heladera vacía.

-Quedate tranquilo, que yo llevo algo para comer.

El 5 de marzo de 1988 el mundo del espectáculo recibió uno de los golpes más duros de su historia. Alberto Olmedo había caído desde el balcón de su departamento del piso once del edificio de la calle Peralta Ramos 3675, en Mar del Plata.

Junto al cadáver, según mostraban las fotos, había también una bolsita que siempre se dijo contenía cocaína. La bolsita desapareció misteriosamente, lo mismo que la investigación policial.

La adicción del actor a las drogas era un secreto a voces en el ambiente. Según cuentan hoy los periodistas especializados en espectáculos y dos conductores de programas chimenteros, el diálogo que se transcribe al comienzo era el mensaje en clave que empleaba el alguna vez ingenuo Piluso cada vez que necesitaba ser abastecido. Del otro lado de la línea telefónica, quien recibía el mensaje era una mujer. Durante años, fue siempre la misma mujer.

Poco tiempo antes, el 14 de febrero, Carlos Monzón había asesinado a Alicia Muñiz en la residencia que ocupaban en el barrio La Florida, también de Mar del Plata.

"Los años ochenta -cuenta Jorge Rial- fueron nefastos para la farándula. Pero no sólo por esas muertes dramáticas, sino también porque marcaron el comienzo de una movida siniestra. La droga y la relación de los famosos con el poder iban a desembocar en los hechos que estamos viviendo hoy. Y Mar del Plata fue, en ese sentido, una especie de templo de la corrupción y la impunidad. Había un boliche de moda, el equivalente de El Cielo de ahora, donde se sabía que tenía tres baños: el de hombres, el de mujeres y el de la droga. No pocas celebridades y no pocos personajes de la política y del mundo empresario, se cuenta, tenían llave de ese baño privadísimo."

Después de la muerte de Alberto Olmedo, Mar del Plata les cerró por bastante tiempo la puerta a las drogas. Se esfumaron los abastecedores. Pero el germen de la corrupción, de la impunidad y de la frivolidad llevada a extremos nunca antes vividos, ya se había instalado en el país. Paralelamente, la relación de la farándula con el poder empezó a ser cada vez más sólida.

"Esto no es nuevo. Los políticos siempre se contactaron con la gente del espectáculo, sintetizó el periodista Jorge Lafauci, buen conocedor de la farándula y actual director de la revista Tevé y Novelas, una de las diez publicaciones con mayor circulación en el país, editada en sociedad por Editorial Atlántida y Televisa, de México.

"La diferencia es que antes era menos grosero y no rozaba con la impunidad. Sofía Bozán cantaba tangos reos en el Maipo ante una sala casi siempre ocupada por políticos. A Gardel se lo relacionó con el conservadurismo. Evita fue una actriz de segunda línea, Isabel era bailarina y ambas fueron esposas de Perón."

Si se trata de emparentar la política con el espectáculo -en las buenas como en las malas-, el peronismo lleva varios cuerpos de distancia.

Por un lado, Francisco Petrone, García Buhr y Niní Marshall, entre otros, se vieron obligados a dejar el país durante el primer gobierno de Perón; por el otro, en cambio, Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi, Fany Navarro (que era una de las protegidas de Eva Perón), eran quienes más aplausos cosechaban desde el poder.

Hugo del Carril, con su marcha peronista, fue seguramente la figura más emblemática de aquellos tiempos. Pero el cachetazo que Libertad Lamarque le propinó a Evita durante la filmación de La cabalgata del circo -si bien los historiadores muestran sus discrepancias acerca de aquel episodio-, también marcó época.

Coincidentemente con esos años, la periodista de espectáculos Adela Montes creó el Club de Cazadores de Autógrafos y la revista Canal TV le dio vida a un personaje -Cholula loca por los astros- que iba a popularizar un mote marcadamente peyorativo y a todas luces vinculado con un estilo de vida: cholulo.

Durante años, la revista Radiolandia (que había nacido en 1935 con el nombre de La canción moderna) dominó el mercado periodístico relacionado con la farándula. Todavía se recuerda que el casamiento de Palito Ortega y Evangelina Salazar produjo una venta de 400.000 ejemplares.

Años más tarde, sin embargo, la revista iba a mostrar los primeros esbozos de un fenómeno que terminaría por borrar las fronteras entre la política y la farándula, al publicar en tapa una foto del doctor Carlos Menem preso en Las Lomitas.

Con matices bien diferenciados, la Argentina no ha vivido un solo régimen de gobierno -democrático o dictatorial- que no haya estado emparentado de un modo u otro con la farándula. Aun en los períodos más oscuros, al ex almirante Emilio Massera se lo vinculó, entre otras, con una actriz de primer nivel que goza de un status preferencial entre sus pares.

"En la farándula, todos somos sospechosos -dice el periodista Carlos Monti, ex compañero de ruta de Graciela Alfano en El Periscopio y hoy integrante del noticiero de CVN-. Esto se acentuó en los últimos tiempos. Y es muy difícil demostrar lo contrario. El hecho de pertenecer a este ambiente te hace sospechoso. Y hay quienes lo sufren profundamente. Su separación de Silvia Süller, por ejemplo, a Silvio Soldán le costó un contrato con Canal 9 que tenía firmado hasta el 2001. La Süller le demolió a Soldán treinta años de trayectoria."

Si los ochenta fueron los años que abonaron el terreno de lo que llegaría después, los noventa aparecen como la concreción de un sinnúmero de episodios donde la impunidad, la farándula, el poder y la noche son una misma cosa. Más que nunca, Cambalache suena como un himno. Repasemos los hechos:

  • En 1991, Susana Giménez, Ricardo Darín y el empresario periodístico Constancio Vigil, misma sangre de Constancio C. Vigil, autor de La hormiguita viajera y Tragapatos , se vieron involucrados en una acción ilegal de importación de automóviles con el régimen de franquicia para discapacitados. Sugestivamente, la Giménez, que había ingresado un Mercedes Benz, quedó eximida. A Darín le remataron su mal adquirida Nissan Pathfinder, además de hacerle pagar todo lo que había evadido, y Vigil, que había hecho público su arrepentimiento simultáneamente con la renuncia a su cargo ejecutivo en Telefé, también quedó eximido. El empresario hoy ocupa el mismo cargo que ostentaba cuando, con rostro compungido, pidió disculpas y presentó su renuncia.
  • En 1991, Diego Maradona dijo esto: "El Presidente dice que abandoné el tratamiento. Pero nunca me llamó ni me hizo llamar. Me usaron políticamente para que se vayan para otro lado los problemas del Gobierno".
  • En 1992, se despachó con esto: "También hay drogadictos que son el poder".
  • En 1992, la relación entre Guillermo Cóppola y Ramón Hernández, secretario privado del Presidente, se hace indestructible. En el salón VIP de El Cielo, donde siempre había un lugar reservado para el funcionario, empiezan a llamarlos los mellizos .
  • En 1992, el salón VIP de El Cielo se ensancha: Eduardo Menem y Carlos Menem Jr. siguen los pasos de Hernández.
  • En 1992, Marcela Tiraboschi inicia una demanda contra Cacho Fontana. Lo acusa por lesiones e incitación a la droga.
  • En 1993, Pata Villanueva, ex esposa de Alberto Tarantini, organizó, en Blades, un desfile de modelos en ropa interior. Se la acusó de sortear la ropa con las chicas dentro en medio de una concurrencia VIP, con políticos y notorios empresarios.
  • En 1994, es asesinado de un balazo en la cabeza Leopoldo Poli Armentano, que fue dueño de Trumps y El Cielo. Cóppola aparecería como el primer sospechoso. La madre de Armentano dijo que Cóppola lo presionaba a Poli para introducir el negocio de la droga en El Cielo. La causa la llevaba un juez también sospechoso, dueño de un placard de 25.000 dólares: Francisco Trovato.
  • En 1994, tras la muerte de Poli, empieza a cambiar la noche de Buenos Aires. Desaparecen los habitués de los boliches. Uno de ellos es Carlitos Jr.
  • En 1995, un 15 de marzo, muere Jr. Y junto con él, Silvio Oltra, que lo acompañaba en el helicóptero.
  • Entre 1995 y 1996, mueren tres de los denominados testigos clave de la caída del helicóptero que piloteaba el hijo del Presidente. En todos los casos, se habló de muerte natural.
  • En 1996, Gustavo Mustoni, dueño de la disco Ku, de Pinamar -a quien llaman Palmer y que según las voces de la noche significa pala y merca -, fue detenido en la ruta 2 al hallarse en su auto 27 ravioles de cocaína. Un mes después, fue liberado.
  • El 3 de octubre de 1996, estalló el caso Cóppola.
  • Raúl Portal, el conductor de Perdona nuestros pecados , la llama forrándula . Rial, por su lado, dice que es cartón pintado.

    Entre tanto, el grueso de la sociedad pronto encontró una definición -punzante y peligrosa- para definir un estilo de conducción: la farandulización de la política.

    Farándula y política no son sinónimos. O no deberían serlo, al menos.

    El diccionario señala que la palabra farándula tiene, entre otros, estos sinónimos: compañía, comedia, farsa. Y si buscamos política, encontramos: asuntos públicos.

    Queda claro, entonces, que no son sinónimos. Pero, ¿no es sugestivo que ciertos asuntos públicos naveguen entre la comedia y la farsa?

    Si, como se dice, los extremos a veces se unen, con los sinónimos puede ocurrir lo mismo. Los términos originales no se relacionan, pero el diccionario de sinónimos suele deparar ciertos divertimientos.

    En nuestro país es tan finita y delicada la frontera que separa a la política de la farándula que no sólo apabulla; en ocasiones -en no pocas ocasiones- se esfuma, se diluye y permite un relajante tránsito de un ambiente a otro.

    Gerardo Sofovich, en su doble condición de empresario exitoso y figura emblemática de la farándula, accede a los rincones más íntimos del poder con la facilidad propia de un ministro.

    Figureti abre puertas que para otros parecen estar blindadas y es recibido con los brazos abiertos por políticos de toda laya y estatura histórica.

    Jorge Lanata y Pepe Eliaschev molestan, pero Tinelli genera euforia. En la balanza que sostienen los hombres públicos del poder, todo parece indicar que Pachu pesa más que el PAMI.

    Madonna fue invitada a tomar el té en la residencia presidencial, mientras que, en otros tiempos, a Zulema Yoma, ex primera dama, el secretario de Seguridad Interior, brigadier Andrés Antonietti, la sacó de allí poco menos que a los empujones.

    Riquelme se mueve en la quinta de Olivos como si estuviera en el patio de su casa, compartiendo prolongados y preciados momentos junto al presidente de la Nación. La contracara es que semejante escenario les está vedado, por ejemplo, a periodistas como Mariano Grondona, Nelson Castro o Magdalena Ruiz Guiñazú.

    Alguna vez, hacia fines de 1994, un periodista de Canal 9 le preguntó al doctor Menem qué opinaba de Lucho Avilés, el conductor de Indiscreciones . El Presidente dijo: "Tiene información buena y nos pone al tanto de un ambiente que para nosotros es desconocido".

    Que un periodista le haya preguntado al Presidente acerca de un programa chimentero en medio del efecto tequila y su previsible cimbronazo en nuestra economía, fue bastante pesado. Pero la respuesta del Presidente también fue, en el mejor de los casos, todo un símbolo.

    La farándula, hoy, no está en su mejor noche. Y peor que eso: políticos, funcionarios, jueces y dirigentes no están viviendo, aunque se esfuercen en demostrar lo contrario, días de gloria.

    En medio de padecimientos propios de cada ambiente (pongamos por caso, por un lado, el enfrentamiento Menem-Cavallo o la histérica relación entre el oficialismo y la oposición; y por el otro, el creciente número de suicidios que afecta al mundo artístico, que registra cinco casos en menos de cinco años), afloran otros hechos que involucran a ambas partes, que las une, que las asocia al amparo de la noche y de la impunidad.

    El paradigmático caso Cóppola, más allá de su inocencia o culpabilidad, vino a desentrañar una de las tramas más siniestras que, hasta ahora, había permanecido sugestivamente inexplorada, pero firmemente sospechada por la sociedad: el consumo y el comercio de la droga y la relación de ciertos personajes de la noche con ciertos personajes del poder.

    Y no es, como afirmó el ex periodista y siempre curioso analista de la realidad argentina, Jorge Asís, "una novela barata, una mala novela". Decir eso es poco menos que tratar a la gente de idiota.

    "La droga, la farándula y el poder siempre anduvieron de la mano", le dijo a este cronista un productor de televisión por aire de un canal muy importante.

    Tomando ciertos recaudos, como cerrar la puerta de su oficina y subir el volumen del televisor ("acá se oye todo"), agregó: "Hace un tiempo que el clima en los canales no es el de antes. Ya no se habla tanto, hay gestos y actitudes que se cuidan más que en otras épocas. Pero, ojo, porque tampoco hay que generalizar. No se puede decir que la farándula es esto o lo otro. Una cosa es la farándula y otra, muy distinta, es la parte oscura de esa farándula. Acá hay padrinos, padrinos muy importantes que parecen señores y son unas ratas. No podés crucificar a todos por tres o cuatro apellidos. Lo que sí abunda son los alcahuetes de siempre, esos tipos que te dicen si precisás algo no dejes de verme, o no te calentés, si tenés un problema yo lo arreglo con un llamadito . Ese es otro problema grave que se vive en este medio. Yo lo veo todo el tiempo. Hay negocios paralelos que no siempre están relacionados con la droga. ¿Cuáles? Bueno, en algunos lugares a ciertas chicas les pagan ciento cincuenta o doscientos pesos por un programa semanal. Y vos ves cómo se visten, en qué autos se mueven, usan teléfono celular. Estoy hablando de chicas de segundo o tercer nivel, que no salen todo el tiempo en las revistas. Esas son las presas más fáciles de los padrinos que te hablaba antes. Ellos las ubican fácilmente... ¿en qué niveles? No sé, pero me los imagino. ¿Un negocio de una noche? Y, me parecería raro que baje de los mil dólares."

    Decía bien el informante al diferenciar la farándula de la frivolidad y a ésta de su costado más oscuro.

    La llamada noche de Buenos Aires navega entre el cielo y el infierno todo el tiempo. Farándula es, por ejemplo, Enrique Pinti, Antonio Gasalla, Mirtha Legrand, Alfredo Alcón, Norma Aleandro, Oscar Martínez, Rodolfo Rani, Jorge Guinzburg, Alejandro Dolina, Les Luthiers.

    Pero también es Gladys, la bomba tucumana; el Teto Medina; las secretarias de Sofovich; las modelos de turno; Guillermo Nimo.

    Y también es Silvia Süller, Cris Miró, Beatriz Salomón.

    ¿Cuáles son los límites de la farándula? Borges decía que un instante cualquiera puede ser más profundo y diverso que el mar. Un instante al lado de un famoso -como Ramón Hernández fotografiándose con Guillermo Cóppola, incondicional socio de la farándula-; compartir un instante en una disco con algún renombrado personaje de la tele -como el juez Trovato bailando con Silvia Süller-, puede deparar sensaciones intransferibles, "profundas y diversas", que tan sólo ellos podrán mensurar en la intimidad.

    Si los límites de la farándula ya no se distinguen como antes, ¿por qué pensar que farándula y política no son sinónimos? Si esto no es así, por lo menos habrá que reconocer que nunca estos dos ambientes han convivido tan estrechamente como conviven hoy.

    "Tuvo que existir Menem para que existiera la revista Caras", se despachó Jorge Lafauci.

    Perón lo tuvo a Gatica y a Hugo del Carril, y Menem a Maradona y Sofovich. En el medio, Oscar Bonavena -el que decía que "la experiencia es un peine que te regalan cuando te quedás pelado"- cantaba ¡pío, pío, pío... pío, pío, pa...! en el Maipo y Monzón filmaba La Mary .

    De un modo u otro, bajo aquellas lejanas noches de bohemia y estas cercanas madrugadas VIP, el espectáculo siempre estuvo engarzado en el poder.

    Si el Maipo fue un templo donde figuras como Nélida Lobato o Nélida Roca dejaron sobre sus tablas huellas imborrables, ¿cómo explicar que hoy, un estudiante de odontología llamado Gerardo Birgues, a quien todos conocen como Cris Miró, revolee las plumas como en aquellos años dorados? Como en el poder, las fronteras de la farándula se ven cada vez más lejanas. Y más borrosas.

    Jorge Rial

    "La farándula es cartón pintado"

    E l paparazzi..., increíble pero Rial (canal 9) está en lo más alto del podio de los programas chimenteros. Los doce puntos de rating que embolsa todos los días equivalen a un millón doscientos mil de espectadores.

    En 1993, su conductor, Jorge Rial, descubrió otro filón, y se puso a escribir Polvo de estrellas , que salió a la calle a finales de 1995. El libro -que se ubicó primero en la lista de best sellers el último verano- ya consumió tres ediciones, y va por la cuarta. Le llovieron amenazas telefónicas. Lo trompearon a la salida del canal. Abundaron las promesas de querellas por calumnias, pero "ninguno de los que aparecen en mi libro me inició juicio alguno. Por algo será".

    No pocos de sus colegas dicen: el 90 por ciento de lo que cuenta el libro es real. Por algo será.

    Hace diez años que trabaja en televisión, ocho de ellos en temas del espectáculo. Es grandote, extravertido y reconoció que se guardó unas cuantas cosas. "Un poco porque quise y otro poco porque me lo sugirieron. Mis editores me decían: Mirá, Jorge, esto es demasiado fuerte ."

    -¿Qué es lo más fuerte que te guardaste?

    -La relación entre un político muy importante, muy fuerte y con mucho poder, con una vedette.

    -¿Algún secretario de Estado, por ejemplo?

    -No, peor. Tiene un rango altísimo, muy importante, y con futuro, además.

    -Rial, ¿todo es real?

    -Muchos datos son cosas que se manejan en el ambiente, y otros son manejados o investigados por mí. Te digo que me llevé unas cuantas sorpresas.

    -¿Qué es la farándula?

    -Cartón pintado. Pero lo peor es que maneja poder. Y, en ocasiones, de la peor forma. Para mí, farándula es todo: son los artistas, los políticos, los empresarios, los deportistas. Los políticos, por lo menos hasta hace un año, eran tan importantes como las estrellas de cine. Ahora, ese lugar lo están ocupando los empresarios. Las modelos ya no eligen a los políticos para salir en las fotos; ahora eligen a los empresarios. El político, hoy, es un modelo de corrupción. Pero los empresarios acá son el modelo de éxito a seguir: pintones, jóvenes, con autos costosos, con las chicas más importantes. Las modelos son las que manejan el eje de lo que es y lo que no es en el ambiente.

    -Pero también hay otra farándula.

    -Lo que hay es una neofarándula que se empezó a acercar a los artistas, que son los novios de, los mantenidos de, los representantes de, los jefes de prensa de...; que son un poco los que dieron vuelta toda la farándula. Y así empezaron a aparecer cosas nuevas, como Cris Miró. En un país netamente machista, donde las vedettes son un producto nacional, hoy son reemplazadas por un hombre. Un hombre que convoca a otros hombres, a muchos hombres. Y la política también cambió a la farándula, porque de ser ingenua, de aparecer en las tapas de Radiolandia, a partir de 1989 empezó a aparecer en las tapas de las revistas políticas. Y les gustó. Los artistas estaban acostumbrados a actuar de poderosos, y esta vez tuvieron posibilidad de ser poderosos. La primera tapa de Menem gobernador en Gente fue con Susana Giménez y Arnaldo André corriendo por las playas de Mar del Plata.

    -¿Entonces?

    -Y, Menem fue el primero que se dio cuenta y dijo pará, acá está el asunto. Pero yo creo que esta especie de contrato matrimonial entre política y farándula se está acabando. Creo que Guillermo Cóppola es una bisagra en esto. Cóppola sacó a la luz un montón de cosas sucias. Y también creo que si este matrimonio por contrato hubiese continuado, hubiera dado al hijo ideal: Palito Ortega presidente en 1999.

    -¿Qué otras cosas creés que se modificaron con el asunto Cóppola?

    -Desde ya, creo que están cambiando los códigos de la farándula. Por ejemplo, la noche ya no es la misma. Ya no están los habitués; cambió todo, y ya nunca más será la misma.

    -¿También en los VIP?

    -También en los VIP. Los dueños de los boliches ahora están intentando ir para el lado de los deportistas. New York City tiene una historia pesada, por eso ahora buscan a los futbolistas, a los rugbiers, a los polistas, no tanto a los artistas. La farándula se está devaluando de a poco.

    -¿Vos lo lamentás?

    -¡No, por favor! Esta farándula, que ejerció el poder impunemente y con tanta liviandad que... Mirá, ellos creían que eran intocables. Esta farándula con impunidad para traer autos importados truchos y todo eso no me molesta. Y los que son verdaderamente artistas siempre salen indemnes, gracias a Dios. Un Alfredo Alcón, una Norma Aleandro, siempre salen indemnes. Los que no salen indemnes son los que se agarran de la farándula para pertenecer. No me duele, me alegra. Ellos tenían impunidad tanto para estacionar un auto donde se les calentara como para conseguir prebendas en el poder.

    -Habrá que creer entonces que, sin proponérselo, Cóppola le hizo un favor al país.

    -Claro que sí. Una cosa importante de Cóppola es que legalizó el supuesto periodismo amarillo. Hoy Grondona y Neustadt, que son supuestamente los referentes del periodismo serio, hacen periodismo teóricamente amarillo.

    -Parece un poco exagerado.

    -No, te explico. Si yo, desde mi programa, hubiese tocado el caso Cóppola como lo toca Grondona, hubiesen dicho: Mirá, Rial destruyendo a una familia. Pero resulta que lo tocan ellos y automáticamente se transforma en un caso político.

    -¿Te miran feo por los pasillos?

    -Me miran de otra manera. Ellos creían que yo era parte de la farándula. Y ahora se dieron cuenta de que yo laburo con ellos, pero la miro desde afuera. Yo soy periodista. Observo los hechos y los narro. Los más pensantes ven -porque me lo dicen- que yo puedo hacer un programa frívolo y, por otro lado, hablar de cosas serias y ciertas, como la relación entre el poder político y la farándula. Los conozco a todos; por eso, cuando veo a un actor que dice yo nunca me drogué, yo nunca tuve relaciones con Cóppola, me agarra un ataque risa y me digo ¡no lo puedo creer! Pero no todo es frivolidad en la farándula. Esto hay que rescatarlo.

    -¿Quién es el que está más peleado con vos?

    -Susana Giménez. Trabajando en el mismo canal, más de una vez pidió mi cabeza.

    -¿Hay intocables en la televisión?

    -Sí, claro. Uno de ellos es Sofovich. Otro es Tinelli. Susana Giménez es otra. Mirtha Legrand es otra. Son tipos que vos no los podés tocar. Vos sabés que si te metés con ellos, vas a tener consecuencias. Siempre.

    -Tinelli es uno de los mencionados en el affaire Cóppola.

    -Sí, lo vi en su programa hablando del tema, tratando de salvar su imagen. En realidad, creo que aquellos que intentaron salvarlo no publicando su nombre, lo perjudicaron mucho más. Los rumores ya estaban en la calle, y fue él el que tuvo que poner la cara. Teóricamente, la prensa amiga de él; sospecho que hasta lo habrán extorsionado. Habrán dicho: Si no nos das una nota, publicamos tu nombre. Creo que ante eso, Marcelo decidió salir y poner la cara.

    -¿Le creés a Tinelli?

    -No creo ni dejo de creer. Quiero creerle a la Justicia. Yo lo conozco a Marcelo y, mientras la Justicia no dictamine, uno tiene que creer por sentimientos. Por lo menos, dudo; pero estoy más cerca de creerle a él que a lo de las escuchas.

    -¿Es cierto que una vedette morena y una ex modelo rubia y de gran renombre se agarraron de los pelos en los pasillos del Alvear en su afán por compartir un momento a solas con el Presidente?

    -Es cierto. Hay testigos de ese episodio. Nadie lo puede negar.

    -¿Y es cierto lo que trascendió acerca de que Carlos Jr. amenazó de muerte a Armentano, en El Cielo, porque éste había embarazado a Zulemita?

    -Lo de la pelea de esa noche es cierto. Hay testigos. Pero no es cierto que lo amenazó de muerte. Carlitos no hacía ese tipo de amenazas, aunque era bravo, muy impulsivo. Y si el asunto fue porque Zulemita había quedado embarazada... bueno, yo, por lo menos, no lo sé.

    La noche según Javier Lúquez

    "Fuera de todo límite"

    "El primer análisis que hay que hacer es que no todos los políticos son corruptos, no toda la gente que sale de noche es drogadicta, no todos los actores pertenecen a la mal llamada farándula, no todas las modelos salen con empresarios", dice Javier Lúquez, ex modelo, ex jefe de relaciones públicas de New York City y de El Cielo.

    Maneja la vida social argentina con un celo extremo, al punto que jamás invita a sus reuniones a famosos circunstanciales "ni a gente que se hace millonaria de un día para el otro".

    Como organizador, se cuenta que figurar en su agenda (el mailing, que le dicen) es adquirir el pasaporte al círculo más selecto de la más exclusiva noche porteña.

    "Una vez, Marta Minujín me dijo que la frivolidad calma la angustia. Y yo comparto eso. Y también Andy Warhol dijo una vez que todo el mundo debería ser famoso por lo menos por quince minutos. Entonces, de tomar todo esto como que todo lo que tiene que ver con la frivolidad, con la moda, con las modelos, con la noche y con la diversión está mal, podemos llegar a caer en convertirnos en el país más triste del mundo."

    -Claro, pero el tema son los límites.

    -Mirá, los límites se han sobrepasado, porque esto es vertical. Tenemos un gobierno que roza con la frivolidad y viene de arriba hacia abajo.

    -Se pasó de la patota cultural del 83 a la cultura light de estos tiempos.

    -Yo creo que ni la patota cultural ni la cultura light nos hacen bien. Yo voy a París bastante seguido, y allá nadie tiene ningún problema en asistir a las fiestas de la noche. Pero también te digo que los horarios que tenemos en la Argentina son ridículos. Una persona que está bien y en su sano juicio tiene que dormir de noche. Ahora, si la propuesta es arrancar la noche a las tres de la mañana, ahí empiezan todos los problemas. Sos un trasnochado. Si vos arrancás a las diez y terminás a las doce o a la una, hasta me parece muy saludable hacerlo. Estas trasnochadas ridículas sólo se ven en España y en la Argentina. Somos una minoría en el mundo. Algo raro está pasando. Las malas jugadas que hace la noche son porque evidentemente tiene horarios mal puestos, que no se arreglan por decreto. Es un tema cultural.

    -¿Por qué hay tanta sed de figuración en Buenos Aires?

    -La gente quiere mostrarse, es verdad. Si un funcionario o un empresario o cualquier persona importante quiere salir con una señorita, lo último que haría es ir a El Cielo, donde siempre hay cuatrocientos fotógrafos esperando. Y van a El Cielo, van a fotografiarse. Mirá, yo acabo de ver al juez Bernasconi en la revista Caras justo en este momento, no hace seis meses.

    -¿Cuál fue el momento de más brillo de la noche de Buenos Aires?

    -Fue la época de New York City, que duró diez años. Para los que conocen bien la noche, ésos fueron los años top. Especialmente el lapso que fue de 1982 a 1988, que fue realmente brillante. Pero la noche va cambiando según va cambiando la cultura de la sociedad. La época de Mau Mau, por ejemplo, tenía el brillo y el glamour que tenía Buenos Aires y que era más internacional. Luego aparecieron otros lugares, como Experiment, que duró poco tiempo, en la calle Carlos Pellegrini y que nació con la música disco coincidente con Estudio 54, en Nueva York. Eso fue allá por 1977, después de Mau Mau. Más tarde los que dominaron la época fueron Reginne y Le Club, que tuvieron un toque más elitista, en los comienzos de los ochenta. Y esto coincide con la época de Hipopotamus, que empezó muy bien, y tuvo un estilo socialmente fuerte, con un muy buen restaurante dirigido por Francis Mallman.

    -¿Y más acá en el tiempo, qué lugares predominan?

    -Trumps, Caix, El Cielo, Puente Mitre y Buenos Aires News. Pero la diferencia es que el que más duró fue New York City.

    -¿Por qué New York City marcó una época?

    -Bueno, por la mezcla de gente. La música que se escuchaba en Mau Mau, en Le Club o en New York City era música conocida por la gente, era música cantada, eran temas que se pasaban por radio. La marcha, junto con el nacimiento de El Cielo, produjo un cambio importante. Con ese tipo de música empieza una onda de poca comunicación entre la gente. La marcha es ensordecedora y nada más. Yo creo que eso cambió la noche de Buenos Aires. Y con esta música también aparecieron los cambios de horarios y los llamados after hours. La marcha tuvo su esplendor durante un tiempo y ahora la gente es como que no la banca más. Se está volviendo un poco al rock y a una música más comunicativa.

    -Los años sesenta también fueron las cantinas de la Boca y los café concert. La farándula y la noche tenían más sentido popular. ¿Hoy hay que hablar de una noche VIP?

    -Yo con los salones VIP nunca estuve muy de acuerdo. La decadencia de New York City empezó cuando incorporó a los VIP. Y el éxito de El Cielo, en su momento, fue no tener esas salas privadas. La gracia de un lugar es la mezcla de gente, tanto en un boliche o en un cocktail. Todo el mundo tiene que sentirse a gusto, cómodo y bien atendido y no sentirse discriminado. Ahora, si los sectores están diferenciados, tienen que estar muy bien planeados. De lo contrario corrés el riesgo de que en los VIP estén los peores, y en el salón los mejores.

    -¿New York City es el punto de inflexión de la noche de Buenos Aires? -Sí. Hasta esos años, la noche era más bohemia. Hoy es más dura; estamos viendo y viviendo lo peor de ella.

    -Y esa noche de antes, ¿también oscurecía realidades?

    -Mirá, acá voy a defenderla. Yo creo que a la noche también la están usando políticamente. La noche tapa cosas muy importantes, por eso digo que se la está usando.

    -No es entonces un monstruo de siete cabezas.

    -No, claro que no. Pasan cosas como también pasan cosas a las tres de la tarde. La decadencia en la Argentina la vemos a la mañana, a la tarde y a la madrugada. Hay mucha confusión entre la gente, y eso hace que sólo vea el lado oscuro de la noche.

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