El discurso de Mauricio Macri, bajo la lupa

José María Rodríguez Saráchaga
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1 de marzo de 2018  • 19:15

Hace unas dos décadas, un Mauricio Macri desalineado y sin articulación le suplicaba a Carlos Bianchi que no se fuera, en medio de una conferencia de prensa, casi como una novia abandonada en el altar. Hoy es el Presidente de la Nación y quien trata de corregir con sus apariciones las faltas de comunicación del Gobierno.

El discurso de hoy en la apertura de sesiones ordinarias de la Asamblea Legislativa tuvo problemas de concepción, desde la falta de un hilo conductor, hasta una preparación deficiente.

Ningún discurso de este tipo es espontáneo. Hasta los interminables devaneos de Cristina Kirchner tenían una base que se practicaba y se pulía decenas de veces. Los errores de concepto en la preparación le quitaron empatía y verosimilitud a sus expresiones. Quien enfatiza todo, no enfatiza nada, dicen los libros de oratoria. Así, por ejemplo, quedó más arriba la posibilidad de hacer trámites por Internet que la baja del desempleo.

Sin dudas el mejor Macri es el que no actúa y esto se nota cuando habla de inseguridad con auténtica pasión, momento que, para sorpresa de todos, incluyó mencionar por primera vez su secuestro.

En cuanto a la elaboración de su alocución, esta comenzó con el homenaje al submarino ARA. San Juan , de ahí paso a economía, criticó a Hugo Moyano , se convirtió en el primer presidente en plantear el debate del aborto , pidió sancionar la reforma de un blanqueo laboral, un código penal, introdujo igualdad de salarios para las mujeres, inseguridad y cerró cuarenta minutos más tarde nuevamente con economía. Un discurso que solemos calificar de "tarzanesco" por los saltos de un tema al otro.

Como de costumbre en estas ocasiones, es mucho más divertido ver las expresiones del público presente. Como cuando Federico Pinedo y Gabriela Michetti al lado del presidente en algunos párrafos se aburrían notablemente con ejemplos que no sumaban y aclaraciones innecesarias como recordar el uso del cinturón de seguridad. El rostro de Ricardo Lorenzetti siempre incómodo cuando habla Macri o el constante abatimiento de Nicolás Dujovne que apenas esbozó una sonrisa con la mención de algún indicador positivo de la economía. Del otro lado la oposición estaba tan desdibujada que no se podía poner de acuerdo ni siquiera para reprobar a Macri ni en qué momento hacerlo. Daniel Scioli lisa y llanamente parecía estar ausente.

"Lo peor ya pasó", dijo Macri al comenzar su discurso y precisamente esa expresión tenía al finalizar como quien termina un trámite engorroso. Un "si se puede" sacudiendo el brazo derecho con un entusiasmo en su cuerpo que no llegaba a su rostro nos hizo recordar a la puesta en escena del baile en el balcón de la Rosada el día de su asunción fue lo último del Presidente en la Asamblea Legislativa. Afuera quedaron Axel Kicillof y Agustín Rossi intentando explicar por qué Cristina faltó a la cita.

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