Los preocupantes efectos "no queridos" de las sanciones a Venezuela

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
(0)
2 de marzo de 2018  • 20:01

La economía venezolana está ya, realmente, en muy mal estado. Arrastra tres años seguidos de recesión. Ha reducido fuertemente sus importaciones. Su gente vive en medio de la escasez de todo. Incluyendo alimentos y medicamentos. Y su sector industrial funciona apenas al 30% de su capacidad, por la escasez de insumos de todo tipo. La inflación venezolana de este año podría estar en torno al 750%.

En gran medida esto es consecuencia de la pasmosa incapacidad de gestión de la administración de Nicolás Maduro . También de la caída de los precios internacionales del petróleo crudo y de los productos refinados, que todavía generan más del 90% de los ingresos en divisas del gobierno venezolano.

La referida incapacidad de gestión es inocultable. En el 2001, Venezuela producía unos tres millones de barriles diarios de petróleo crudo. Hoy, esa producción es apenas del orden de unos 1,9 millones de barriles diarios y el número de equipos de explotación del crudo que en este momento trabajan en Venezuela es el más bajo desde junio de 2012. No obstante, las exportaciones de crudo venezolano a los EE.UU. son aún del orden de 740.000 barrilas diarios de crudo. Importantes, en consecuencia

En momentos en los que Venezuela -con visibles problemas de liquidez y con reservas internacionales de apenas unos 10 mil millones de dólares- está tratando de renegociar parte de su deuda externa, hay quienes, equivocadamente, creen que la región está frente a una oportunidad histórica de poder sancionar efectivamente a Venezuela por haber abandonado el "orden democrático", prohibiendo en todo el hemisferio las importaciones de crudo venezolano.

Suponen que ello obligaría necesariamente a Nicolás Maduro a modificar sus conductas autoritarias. Especialmente la relativa a las elecciones presidenciales que Maduro acaba de convocar tempranamente, de modo de impedir a la oposición unificada organizarse a tiempo e intentar derrotarlo con probabilidades de éxito.

Se equivocan, cabe advertir. Presumiblemente, hoy China y Rusia no dejarían caer fácilmente a Venezuela sin reaccionar. Rusia, por razones geopolíticas, fundamentalmente. Cabe recordar que, a manera de señal, quizás, Rusia ha endosado específicamente el torcido -e intempestivo- llamado a una Asamblea Constituyente por parte de Nicolás Maduro. Un tema claramente "interno" de Venezuela, sin duda. China, en cambio, porque necesita importar petróleo.

Ambos países están ya, en rigor, financiando a Venezuela y manteniéndola a flote mediante compras adelantadas y pre-financiadas de petróleo crudo. Hablamos ya de más de 60.000 millones de dólares de asistencia financiera estructurada de ese modo. Con pagos en especie como reembolso de operaciones previas de crédito. También de garantías reales que ya han sido proporcionadas -mediante compras, aún minoritarias, y garantías con acciones-realizadas desde las filiales norteamericanas de PDVSA, esto es desde Citgo- a la empresa privada rusa Rosfnet.

Por esto un grupo de senadores norteamericanos que representan a los estados del país del norte en los que existen refinerías que procesan el crudo venezolano ha advertido a su gobierno que una prohibición a las compras de crudo venezolano afectaría muy seriamente a sus intereses, obligándolas a tener que buscar proveedores sustitutos. El 38% de las exportaciones de crudo venezolano todavía va a los EE.UU. Con el agregado, no menor, de que ello incrementaría las operaciones de Rusia y China en Venezuela. Todo lo cual podría, además, aumentar el costo de los combustibles en los EE.UU., acelerando la tasa de inflación.

Por ello, precisamente, hasta ahora las sanciones norteamericanas contra Venezuela han sido "individuales" o "personalizadas"; esto es dirigidas sólo contra los principales jerarcas del corrupto gobierno venezolano. Sin afectar -como efecto "no querido"- directamente a todos los venezolanos. Por esto se denomina a este tipo de sanciones como "inteligentes".

Por el momento al menos, la sanción unánime del Mercosur a Venezuela se ha limitado a "aislarla políticamente" del resto de las naciones de la región. Evidenciando que ya no es una democracia. Mientras tanto, sus otras naciones crecen y Venezuela, de contramano, se contrae. Un fuerte 7% de su PBI, el año pasado.

Sin un cambio drástico de rumbo, que hoy luce improbable, Venezuela sólo agravará su desesperante situación económico-social. Y, desgraciadamente, continuará expulsando a parte de su pueblo; a aquellos que, desde hace rato, escapan penosamente del país donde nacieron, en busca de una vida mejor.

Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.