La FARC y las elecciones

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2 de marzo de 2018  

Con miras a las elecciones legislativas que se desarrollarán en Colombia el 11 del actual y a las presidenciales previstas para el 27 de mayo, el candidato presidencial Rodrigo Londoño, antiguo jefe guerrillero conocido también con el alias de Timochenko, junto a Luciano Marín Arango, alias Iván Márquez, y a otros candidatos iniciaron la campaña en representación de su partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC).

En las diferentes ciudades y localidades donde se presentaron, recibieron abucheos, duros calificativos y protestas de distinta índole. Sus seguidores y escoltas tuvieron un arduo trabajo para evitar que las cosas pasaran a mayores. A otros dirigentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), hoy reconvertidos en políticos, les ha tocado oír duros reclamos en aviones y lugares públicos.

Al referirse a la contundente reacción de la ciudadanía, Timochenko expresó que no tenía por qué arrepentirse de sus delitos, pero que pedía perdón por ellos y que las manifestaciones en contrario que recibía se debían a una campaña de desprestigio contra el nuevo partido político FARC, como si los muertos, los secuestrados y los atentados terroristas cometidos durante décadas por las FARC fueran inventos y no tristes realidades de la historia de Colombia.

Si bien la participación en política de las FARC es parte del Acuerdo de Paz firmado entre el gobierno de Colombia y el grupo guerrillero, no es menos cierto que existen otras obligaciones a cargo de los ahora candidatos que deben cumplirse: el sometimiento inmediato y eficaz a la justicia especial; la devolución de los bienes; la reparación integral de las víctimas; la entrega de los menores reclutados, y la verdad sobre los crímenes cometidos.

Pasará mucho tiempo para que los colombianos dejen de pensar que las FARC fue un grupo guerrillero que asesinó, secuestró, extorsionó, perpetró ataques terroristas, se dedicó al narcotráfico, violó mujeres y reclutó menores, entre otros delitos. La voluntad de paz de quienes conspiraron contra la sociedad y dejaron víctimas en su camino comienza por el arrepentimiento y ello forma parte de la confianza que necesitan ganarse en la sociedad colombiana.

Los gritos y las protestas son suficientes señales para demostrarle a las FARC que les falta mucho trecho para ganarse esa confianza. Pero en una democracia, la manera más eficaz, además de legítima, para derrotar a un partido y sus candidatos, es el voto. Es en las urnas donde el partido de las FARC, que aún reivindica su proyecto revolucionario y su historia, puede ser derrotado de manera civil y democrática.

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