Wilder vs. Ortiz: resurgen los pesados

Osvaldo Principi
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1 de marzo de 2018  • 23:59

Pelearán mañana, a doce rounds, por el título mundial pesado (CMB), con entradas agotadas en el Barclays Center, de Nueva York, a las 23 horas (con televisación de Fox Acción), dando vida a un nuevo e inquietante desafío en el peso máximo, que sacudió su letargo en septiembre último cuando el inglés Anthony Joshua batió -categóricamente- al ucraniano Wladimir Klitschko, por las coronas FIB y AMB.

Entre el norteamericano Deontay Wilder y el cubano Luis Ortiz, suman 67 victorias consecutivas, con 62 K.O. Jamás ninguno de ellos perdió un combate, pero siempre estuvieron al borde del abismo abajo del ring.

Ambos boxeadores condicionaron su gloria y su futuro por su dependencia a fármacos indebidos o drogas sociales.

Wilder, de 32 años y 39 victorias (38 por K.O.), realizará la séptima defensa del cetro ganado en 2015; se trata de la más importante de su carrera, planeada y lanzada para igualar los 45 cotejos sin derrotas que inmortalizaron al gran campeón Rocky Marciano, retirado en 1955. Todo marchaba sobre ruedas para él, pero en enero pasado fue detenido y arrestado por posesión de marihuana y sentenciado a labores comunitarias en el estado de Alabama, donde su imagen lucía radiante.

Este suceso reciente puede ocasionar algún desliz en su estilo extraño, basado en sus 2.01 metros de altura y un gran alcance de brazos que, cuando encuentran el tiempo y la distancia adecuada, provocan daño en cualquier oponente. Pasa de la espectacularidad al grotesco en un instante y ello lo ha convertido en púgil atractivo. Jamás alcanzará connotaciones históricas pero sus logros actuales lo distinguen sobre el resto.

Luis Ortiz nació en Camagüey, la tierra de Kid Gavilán. Un día decidió irse de Cuba e ingresó a Estados Unidos por Miami. Nunca reveló cómo lo hizo y ahora, a los 38 años y con 28 victorias (24 por K.O.) , dos cotejos sin decisión y un período efímero de titular mundial (interino) de la AMB en 2015, aparece en la gran escena.

Sin embargo, cada vez que llegó a lo más alto, desaprobó los análisis antidoping dispuestos por VADA -ente ligado al Consejo Mundial de Boxeo- , que desde 2014 lo sancionó en dos ocasiones. Y allí, entonces, encontró a su adversario más cruel. Compuestos como hidroclorotiazida, nandrolona y clorotiazida lo condenaron a suspensiones de un año y multas tan altas como su misma bolsa; sobre todo la primera vez, tras noquear al africano Lateef Kayode, en 2014, en Las Vegas.

Lento, de buen porte y 1.93 metros, buscará filtrar un golpe de K.O, para complacer a toda su gente, que desde la década del 50, cuando afloró Nino Valdés, en Norteamérica, añora un momento como este. Una instancia también soñada cuando comenzó a hablarse de un duelo imposible entre Teófilo Stevenson y Muhammad Alí: un múltiple campeón olímpico y nunca profesional cubano ante uno de los más grandes de la historia.

La pelea del caribeño y el estadounidense no será la única mañana por la noche en la ciudad de Nueva York, que tendrá bien repartido el interés pugilístico, como en los viejos tiempos. Arriba, en Manhattan, en el Madison Square Garden, los rusos Sergey Kovalev e Igor Mikhalkin, dirimirán el título mundial semipesado (OMB), con transmisión de Space, a partir de las 23.30. Mientras, abajo, en Brooklyn, estarán cara a cara Wilder y Ortiz, tratando de armar "la gran escena", imprescindible para el ansiado resurgimiento que aparenta tener, la categoría de los gigantes.

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