Nacha Guevara: la vida a su manera

Admirada por un lado, discutida por otro, Nacha Guevara vuelve a las fuentes del teatro para demostrar una vez más que conoce los secretos para seducir a la platea y tiene toda la pasta para triunfar en el mundo del show business.
Paula Urien
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28 de julio de 1996  

Nacha se siente como en su casa cuando está en un escenario. Cuando se propone hacer reír, lo logra. Cuando quiere emocionar, también lo logra. Hasta se las arregla para que el público se una a ella en un coro fuera de lo común.

"Un espectáculo que hace transitar los distintos estados de ánimo es más completo porque la vida es así. Es cambiante y movediza, más allá de que se lo permitamos o no", dice instalada en su camarín, con voz tranquila y sin una gota de maquillaje.

Clotilde Acosta, marplatense, tiene... años. Ella misma se ríe un poco de sí misma en su show y de todos aquellos que ansían saber cómo ha contrarrestado el paso de los años con la ayuda de la ciencia moderna. Pero a la hora de la entrevista prefiere tener todo bajo control y alecciona a su agente de prensa, que aclara antes de concertarla: Nacha no habla ni de cirugías ni de su vida privada.

Entonces vamos directamente a los detalles de este espectáculo. En los años sesenta, el Instituto Di Tella reinaba sobre las artes de la vanguardia. Quien ya se llamaba Nacha Guevara se presentó ante el director Roberto Villanueva con una ilusión que era casi una demanda: "Quiero cantar", le dijo. Había sólo un horario disponible: los jueves a las 19. Y por supuesto, ella no dejó pasar la oportunidad. Aunque no tenía ninguna canción de su repertorio actual, también se llamaba Nacha de Noche.

"Junté como pude 12 canciones. Más o menos sabía qué era lo que quería, pero todavía no tenía un estilo. Aquél era un espectáculo más desparejo, menos dinámico, más tranquilo. No era teatral como el que presentamos ahora, que tiene una puesta muy cuidada y luces extraordinarias. Sin embargo, tenía su magia, porque aunque el horario era incómodo la gente iba de todas maneras. Ahora cuesta más llenar un teatro. Creo que se debe a que antes había más curiosidad, más inquietudes, menos televisión."

Nacha de Noche en su versión 1996 es el espectáculo que la dupla Nacha-Favero presentó en el extranjero durante sus años de exilio. "La esencia de las cosas siempre está. Después se desarrolló y perfeccionó. Fueron pasando los años, y la vida también. Matrimonios, hijos, separaciones, exilio. El repertorio actual sintetiza todos estos años. Hay grandes poetas, grandes humoristas, inteligencias increíbles, grandes observadores. Es casi un tesoro."

De la vida recopiló diferentes sentimientos y pasiones. "En realidad, todo lo que hacemos es autobiográfico. Lo que provoca interés o ángel o drama es lo que una persona es, y no lo que hace ni lo que dice."

Un piano de cola es lo primero que se ve. Se adivina la presencia de Alberto Favero, de quien Nacha dijo a principios de los años setenta en una entrevista realizada por Ernesto Schoo: "Con él aprendí a destaparme la oreja. Después del primer Nacha de Noche, fueron muy pocos los espectáculos que no hizo conmigo", afirma.

¿Cómo se hace para trabajar con un ex marido?

"Creo que tiene que pasar un poco de tiempo. Cuando se trabaja con una pareja se mezclan mucho las cosas. A mí, eso no me gusta demasiado. Nunca se descansa. Para mí es un poco como... siempre lo mismo. Y yo necesito cambiar por completo de ambiente y ni oír hablar del asunto."

Estos cambios se notaron a lo largo de su vida no sólo con respecto a su aspecto exterior, probando sobre todo "esos raros peinados nuevos". Nacha tuvo tres maridos, y un hijo de cada uno de ellos. El primero fue el fotógrafo y periodista Anteo del Mastro, padre de Ariel (33); el segundo marido, Norman Briski, padre de Gastón (29), y el tercero fue Favero, relación que se perpetuó en Juan Pablo (24).

"Todas las separaciones tienen sus pequeños traumas, pero la nuestra con Alberto no fue violenta ni difícil. Después, poco a poco, hay que adaptarse a este cambio. Ahora es una relación de trabajo y de afecto." Después de todos estos años, se deben entender casi con la mirada. "O sin mirarnos, lo que es todavía mejor", afirma.

Sus dos hijos mayores trabajan con ella. Ariel del Mastro en las luces y Gastón Briski en el sonido. Pero Nacha no habla demasiado de su rol de madre.

¿Por qué?

"No me gusta mucho hablar sobre cosas personales que atañen a otros. Pero para contestarte, te diría que es muy difícil para mí autoevaluarme.

Me parece que todos los padres hacen lo mejor que pueden. He aprendido a perdonar a mis padres, a comprenderlos, a no reprocharles nada y espero que mis hijos también lo hagan conmigo. Pero es un proceso que lleva tiempo. He sido completamente imperfecta como madre, sin embargo he estado siempre con ellos. Lo he compartido todo. Además, no soy posesiva ni controladora."

Pocos cambios de vestuario. Escenografía mínima. Luces precisas. Algunos trucos perfectamente sincronizados, pero que no roban protagonismo.

Harold Prince, uno de los popes de la comedia musical en el mundo, director de Evita, West Side Story, El fantasma de la Opera, El Beso de la Mujer Araña tuvo mucho que ver con este ajuste que acompaña a la personalidad desbordante de Nacha. Se conocieron porque, en 1978, los productores del musical Evita la llamaron para que se presentase a una audición en Londres.

"Siempre tuve mis resistencias a esa obra de teatro, y las sigo teniendo, porque no me gusta cómo está encarado el rol. Pero me presenté porque Harold Prince la iba a dirigir y él iba a estar presente en la audición. Cuando me vio actuar, se paró a aplaudir y allí nació una gran amistad, que se mantiene hasta hoy. El, su mujer y sus hijos son mi familia norteamericana. Son de esas relaciones que se traen de otras vidas."

"Lo que más me cuesta es darme cuenta de que no soy dueña de mi vida. De que hay algo superior, que es lo que tiene los poderes. Y aprender a decir: Hágase tu voluntad y no la mía"

Finalmente trabajó con él, no en Evita, sino en su propio espectáculo en la mismísima calle Broadway de Nueva York. En su caso particular, Harold Prince le dio el siguiente consejo: menos es más. "Esto significa que gano más cuanto menos tengo alrededor."

En ese show lució su veta dramática. En los albores de su carrera había empezado como modelo, después estudió teatro cuatro años con Juan Carlos Gené. Durante ese período, antes de decidirse por el camino de los cantantes, había aspirado a ser actriz dramática.

Pero el humor es una de sus cartas de triunfo. Por eso incluyó en este último show una canción en la que aconseja: Chicas, no se casen. Al recordarla, Nacha se ríe. "Es muy divertida porque te muestra las desgracias de la convivencia, que es en definitiva lo que destruye los matrimonios. Uno ve a los maridos gordos, con salsa que les cae por el chaleco, que además llegan tarde, de mal humor y con rouge en la solapa. Entonces la canción propone no casarse. No sé si está mal. Quizá de esta manera se mantiene la ilusión."

Sin embargo, declara que no es feminista ni nada que termine en ista. "De todas maneras, la mujer tiene mucho que luchar, y pelear, y acomodar, y ordenar, y crecer. Tiene que darse su lugar, pero no veo esto como un enfrentamiento."

¿Hay un desencuentro entre hombres y mujeres?

"Primero nace un ser humano. Después sucede que es hombre o mujer. Las cosas están cambiando. Ahora la mujer es más masculina y el hombre más femenino. Por ahora es incómodo, pero espero que esto sea un camino que lleve a un hombre total y a una mujer total. Creo que en el futuro las relaciones van a ser mejores, porque cuando las personas están integradas no se relacionan desde lo que falta, desde el temor, desde el control. Es necesario aprender a vivir solo para saber estar mejor acompañado."

Se declara católica, pero no apostólica romana. Lee y relee libros para el espíritu, como El Evangelio de Acuario y Living by grace. Pero puede pasar en una milésima de segundo a una posición combativa-defensiva si se le pregunta algo que no le gusta.

Hace muchos años fue sentenciada a dos años de prisión en suspenso por haber lesionado en Mar del Plata a uno de los integrantes del conjunto Les Luthiers. "El que quiere saber ese tipo de cosas tiene que irse a trabajar con Rial. No me interesa hablar del tema. Y menos en una entrevista que va bien."

Otra de las canciones habla sobre los snobs de hoy en día. "Antes leían a Sartre. Era una cultura sofisticada. Y en la época del Di Tella era más loca, pero siempre intelectual. Ahora, en cambio, la cultura baja desde la televisión. Si antes ser snob era ser diferente, ahora significa ser igual, ser manada. Las mismas zapatillas, las mismas camperas, los mismos jeans, la misma hamburguesa, la misma canción. Es bastante triste, sobre todo para los jóvenes que desde siempre han querido ser diferentes y cuestionadores."

¿Estará relacionada con la era de las computadoras?

"Sí. Es una era autista. La comunicación se da a través de las pantallas. Las familias ya ni siquiera hablan, porque cuando comen miran televisión".

Sus afirmaciones tienen un costado que se inclina a lo docente, siempre con un toque de rebeldía. No extraña que en un momento del show tome un puntero y comience a dar una clase muy particular, como si fuera una maestra de escuela.

Y quiere tener todo bajo control. "Hoy no hacemos las fotos", dijo cuando llegó al hall del teatro y vio al fotógrafo y a la cronista esperándola para la entrevista que se había programado con una semana de anticipación.Hubo que volver otro día y realizar las fotos a su manera. Supervisó las lentes que se usaron (prohibió el gran angular), eligió los fondos, las luces y todo lo demás.

¿Le gustaría actuar en política?

"No en este estado de cosas. Tiene que haber un cambio en el que sea más solidaria y tenga espiritualidad. Este sistema no da más. En realidad, ningún sistema da más. La utopía de ahora es tener una computadora, tener un auto. Entonces tiene que haber una purificación. No sé de qué modo se presentará, ni cómo el universo nos lo hará saber. Pero es el fin de una era tremenda, de mucha ignorancia", dice con tono de presagio.

Ganar el Oscar es una de sus utopías. También hacer viajes extraordinarios, alcanzar la iluminación en esta vida y la conciencia cósmica, lo cual "significa estar en el relativo y en el absoluto al mismo tiempo" ¿....? "Es la única manera en que se alcanza la dicha. Alcanzar conciencia cósmica es maestría. Por eso creo en la no resistencia al universo. De otra manera, todo se vuelve agotador.

"Hay muchos maestros. Pero cuando uno está listo para aprender todos son maestros. Hay personas que aparentemente no tienen nada para enseñar que pueden dar una enorme lección de vida. Y de humildad."

Aquí entramos en el terreno de lo que Nacha quiso transmitir en su programa de televisión Me gusta ser mujer. Tuvo bajo rating. "Sólo Dios es para todo el mundo. Este programa era para mucha gente que estaba esperando este tipo de información e hizo muchos cambios en su vida. Para mí, el programa ha sido importantísimo. Salvó vidas del reino animal, vegetal y humanas."

En varias de las entrevistas que le hicieron a lo largo de su carrera, el tema de la muerte ha estado presente. Quizás haya sido ésa la razón por la cual Eliseo Subiela la eligió para personificarla en la película El lado oscuro del corazón. "Yo creo que nos vamos cuando ya hicimos lo que tenemos que hacer, ni antes ni después. Por eso es importante cumplir con los sueños en esta vida y con los deseos no para irse antes, sino para partir más satisfecho".

¿Cuál será entonces el próximo paso?

"Estoy tratando de aprender a vivir sin saber qué va a pasar mañana. Es la única manera de ser libre. El universo se encarga de lo que va a pasar mañana, yo sólo tengo poder en este momento."

Finalmente, para Nacha lo nuevo es volver a lo personalizado: "Hay que tener los hijos a la hora que conviene a los médicos. Ahora parece que también hay que morirse a la hora que les conviene a los demás: ya sea la mutual, el hospital, etcétera. Se han violado las leyes naturales. Si no avanza la conciencia de la misma manera que avanza la tecnología, esto no va a andar. Entonces hay que volver al pequeño almacén, al pequeño colegio, al pequeño hospital para que la gente no se pierda en la inmensidad de los lugares mega".

Nacha prende las luces que bordean el espejo de su camarín. Se dispone a maquillarse para la función. Saldrá a escena con pelo lacio y un traje sobrio para encarnar una cantidad de personajes. Todos amigos que ha ido recolectando a lo largo de su vida.

(Fotos: Daniel Caldirola)

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