Landrú, la morsa y la familia

Hace justo 30 años que Juan Carlos Onganía (alias La Morsa) se ofendió duramente con Juan Carlos Colombres (alias Landrú) y cerró Tía Vicenta, la revista de humor más famosa del país.
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28 de julio de 1996  

En 1966 Tía Vicenta salía como suplemento semanal del diario El Mundo, que de 200.000 ejemplares aumentaba a 300.000 ese día. Fue entonces cuando el flamante presidente de facto Juan Carlos Onganía se enfureció y mandó clausurarla.

"Pánico en Constitución, Onganía en Retiro"

Eso anunciaba la revista del 28 de noviembre de 1965, cuando el presidente Arturo Illia decidió el retiro del general, hasta entonces comandante de las Fuerzas Armadas. Siete meses después se inició la maldición de la morsa.

"La noche antes del golpe fui a una cena donde un amigo me comentó que Onganía iba a tomar el gobierno", ordena la historia Landrú. "Otro de los chimentos fue que al personaje le decían la Morsa o el Morso. Al día siguiente conté todo en la redacción, y en medio del jaleo Ignacio Anzoátegui -un colaborador de la revista que era poeta, ex juez, y que escribía siempre notas con lenguaje legal- tuvo la ocurrencia de hacer un Estatuto de la Morsa, donde figuraba como director Juan Carlos Landrú.

"Después me dijeron que fué esa firma, y no el dibujo de la tapa -dos morsas con bigote de Onganía- la irritación mayor. Parece que lo tomó como un insulto a su señora mamá, quien le había puesto el nombre Juan Carlos con tanto cariño ¡y nosotros lo estabamos tomando en solfa!. Nunca pensó que yo también podía llamarme Juan Carlos ".

"Para colmo, hicieron correr la voz de que yo había dibujado a Onganía como leporino, lo cual era absolutamente falso. Nunca fui una persona agresiva, pero a veces el inonsciente es traicionero: una semana después de la clausura, en un reportaje para Canal 7 me preguntaron si era cierto que yo me había burlado del labio leporino de Onganía, para hacerme decir lo que nunca había o hubiera hecho. Les contesté indignado que jamás había dicho que tuviera labio leporino; es más, que yo sabía muy bien que el motivo del bigote era sólo para tapar una cicatriz que, jugando al polo, le había dejado el golpe de una bocha en el labio leporino. Terrible."

Tía Vicenta apareció por primera vez en 1957.

"Para hacerla quemé las naves. Trabajaba en Vea y Lea, Rico Tipo, Avivato, Patoruzú; dejé todo porque un primo me dijo que conocía a un señor dispuesto a poner plata en un proyecto así. La idea era codirigirla con Oski y Carlos Warnes (César Bruto); que hubiera director de turno, como las farmacias. Pero ellos estaban ocupados y la hice solo".

"Vicenta era una tía mía que se llamaba Cora. Era una especie de señora gorda que, aunque no entendiera, opinaba sobre cualquier cosa, especialmente sobre política, con sentencias tan desubicadas como desopilantes. Era viuda y bastante amarreta; me encantaba su humor involuntario y su arsenal de historias. Una vez, para no pagar impuestos, puso el auto a nombre de su chofer, y el chofer se fugó con el auto. Por esa época me tocó hacer comentarios de fútbol desde casa y agregaba frases de mi tía atribuyéndolas a a otro nombre para evitar problemas familiares.

"Cuando nos reunimos para buscarle título a la revista proponían cosas como Cara y Ceca, o De la ceca a la Meca. Me aburrió y le puse el nombre de mi tía, pero el artístico."

Los Colombres son, a esta altura del relato, una tribu. Además del primo y de la tía, en 1945 intervino el segundo tío. "Ese año -recuerda- salió la revista Don Fulgencio; un tío que jugaba al rugby con Lino Palacio le llevó unos dibujos que yo hacía por diversión y él los aceptó.

A la semana siguiente aparecieron dos publicados. El primero era una pareja; él decía Matilde, te amo; ella yo también. Caramba -replicaba él- las cosas empiezan a complicarse. Era el tipo de humor absurdo que me gustaba de La Codorniz, o de la revista italiana El Bertoldo, que salía en la época de Musolini con chistes políticos surrealistas para desconcertar a la censura.

"Al mes me llamaron y me pagaron. No lo podía creer. Entonces le llevé a la revista Cascabel un chiste político. Un hombre escribía en la pared y de pronto aparecía el policía. El texto decía Muera Peronborini...

"Hasta el año 53 trabajé en Tribunales. Era oficial 1° en un juzgado de instrucción, hacía inspecciones oculares, pero hubo presión para que los empleados nos afiliáramos al justicialismo. Yo pedí licencia y me puse a dibujar. A los cuatro meses trabajaba en trece revistas. Entonces renuncié al juzgado."

Teorema militar

El cuadrado de un general es igual a la suma de los cuadrados de dos coroneles

"Cuando publiqué eso, Aramburu me invitó a comer, con mi mujer, a la quinta de Olivos. Era una mesa en la que estaba su familia, todo transcurría en un tono muy cordial. A los postres me pidió con discreción que pasaramos solos a una salita, y recién entonces me comentó que le habían hecho un planteo por el chiste, pero que él no estaba de acuerdo y que podía contar con su apoyo. Al día siguiente me llamaron de la SIDE para que me presentara en sus oficinas, les contesté que si tenían algo que tratar, que vinieran ellos. No volvieron a llamar".

Con ternura

"El político con más sentido del humor era Alfredo Palacios. Yo había escrito que era el fundador de Villa Cariño y que salía con mulatas. Cuando no lo mencionaba, llamaba para preguntar por qué. Perette también se divertía con las bromas. Cuando salió elegido vicepresidente me pidió si lo podía dibujar un poquitito más alto."

La Tía, Tato y la TV

"Cuando ya Tía Vicenta salía con el diario El Mundo, su director, Javier Díaz, me comunicó que no podía dibujar más a Frondizi -entonces Presidente- porque lo hacía con la nariz muy larga y eso le molestó. Durante un año lo dibujé de espaldas. Después me enteré que nunca se había enojado, en realidad no le importaba nada, sólo había hecho un comentario que el miedo de Díaz magnificó.

"En esa época escribía los guiones para Tato Bores, el director del canal era el Dr. Colombo y un día me pidió que me burlara de Frigerio porque él era frondicista anti frigerista. Le contesté que yo no escribo contra, sino sobre la gente. Siguieron haciendo los guiones César Bruto y Jordán de la Cazuela.

"En Canal 11 escribía para Dringue Farías el persojnaje del Profesor Garrafa. Allí actuaba una familia de enanos liliputienses haciendo de Guido y familia. A él le divertía; es más, nos emborrachábamos juntos.

" En el 66, para el programa del 1 de abril, se me ocurrió entre otras bromas poner una Polla del golpe y, cosa increíble, el 2 de abril fué en serio el golpe de la Marina. Me fueron a buscar a mi casa y me metieron preso en la Casa de Gobierno. Salí enseguida, pero dieron orden a un coronel de la SIDE para que revisara los textos del programa antes de transmitirlos. Sólo que él no sabía leer un guión, que describe la acción a la izquierda y el diálogo en otra columna, a la derecha. El leía nada más que el diálogo. Escribí un texto donde la acción era que una familia de caníbales cocinaba vivo a Ratembach, el Ministro de Defensa. El programa salió al aire, con la aprobación del coronel. Lo querían colgar."

Humor embanderado

"A mí ese tipo de humor no me gusta, la única restricción que existía en Tía Vicenta era no insultar.

"Fue una redacción abierta, muchos empezaron a publicar allí y hacían notas escritores que no eran humoristas. Quino, Miguel Brascó, Sabat, Caloi, Bróccoli, prácticamente se iniciaron en Tía Vicenta. Fontanarrosa me mandó un chiste de murciélagos: estaban todos durmiendo cabeza abajo y uno parado, tenía insomnio.

"Hasta Frondizi me mandó un texto que firmó Domingo Faustino Cangallo. Roberto Maidana firmaba Chacato. Dalmiro Sáenz, Trescatorcedieciséis. También colaboraban Jaime y Natalio Botana, María Elena Walsh y Copi, me trajo el primer dibujo a los 16 años"

Criaturas

"Rogelio, el hombre que razonaba demasiado, era mi amigo Pajarito García Lupo, que también trabajaba en Tribunales. Fofolfi era Adolfo Gómez Cainzo, que de verdad hablaba con jerogíficos, del tipo: una religiosa detenida para decir sorpresa El Señor Porcel era mi padre, gran discutidor de mala fe. Una vez sacó un crédito para comprar un traje en Casa Muñoz, y cuando el vendedor le pidió que firmara el formulario él le empezó a exigir que firmara él también. Como el empleado se negaba, le dió un tompazo y se fué indignado despotricando contra ese negocio, donde no había seriedad. Trabajaba como contador fiscal y era contestador hasta el delirio. El 17 de octubre del 45 se paró frente a una columna de manifestantes blandiendo su bastón y gritando ¡peronistas patasucias! . Yo me escondí detrás de una columna diciéndome: ahora sí que lo matan. Pero no. Lo fueron esquivando como a un auténtico disparate y lo dejaron atrás, rabioso.

"María Belén era como las amigas de mi hija, que entonces tenía 20 años. Se decían gorda, gordi, era una cachada al Barrio Norte, pero algunos lo tomaban al revés.

"En el Campeonato de Mersas, Palito Ortega estuvo primero en el ranking durante meses. Un día me invitó a comer para darme las gracias. Por figurar allí -confesó encantado- había ganado un disco de oro.

"Con Mirna Delma copié el lenguaje de los diarios, que cuando hacía calor escribían ascendió la columna mercurial. Su novio, Aldo Rubén, existía, tocaba música conmigo.

Los Tururú

"Jacinto W. era un amigo reblan que yo tenía, en realidad era joven, de unos 40 años, pero tenía costumbres un poco gagá".

Algo Fulgencio y eterno demodé, el verdadero Jacinto W. era, según Colombres, alguien que se gastaba todo el sueldo en juegos Scalextric y que, cuando salieron las medias stretch, él las seguía usando con ligas.

"Yo observaba mucho a mis conocidos y amigos; eso me servía para armar distintas tipologías y patologías. La del reblán era fácilmente detectable. Escuchaban canciones de Ambar La Fox y de Tito Rodríguez mientras seguían el ritmo tamborileando con los dedos. Peor: silbaban en seco, cuando no llevaban el compás con la lengua. Los más modernos marcaban la música moviendo la mandíbula hacia adelante y hacia atrás. Pero el colmo era llevar el ritmo con el estómago".

Colombres mismo disfrutaba -y disfruta cada vez más- de una noche bailable con una buena "mulatona". Caloi seguramente recuerda esa palabra de los sueños y trasnochadas de Landrú, a quien conoció -como tantos otros- cuando le llevaba sus primeras colaboraciones de prometedor adolescente. "Me encanta la música para bailar -insiste Landrú, irreductible-; lo que más me gusta en la vida es eso: la pachanga, la cumbia, la conga, el mambo, la rumba, el chachachá y el merecumbé".

Fue por eso que inventó a Jacinto W y los Tururú Serenaders, una orquesta disparatada de supuestos ancianos con babero, que tocaba en el programa de Tato Bores. Con Hernán Oliva, violinista, Héctor Rodríguez tocando la tuba y Juan Caldarella -un violinista conocido, autor del tango Canaro en París- que hacía un solo de jalea real con el serrucho, armó un grupo que fue antecedente tal vez (el serrucho y el peine) de los objetos obtenidos por los luthiers de Les Luthiers; y recordado en algún rincón del amor al dislate por Alfredo Casero cuando tituló su conjunto como los Halibour Fiber Glass Serenaders. "Esa orquesta en broma -memora enternecido Landrú sin necesidad de muña muña- en su primer año llegó tercera en las mediciones de SADAIC con Chipi Chipi Tururú".

Hoy que la música latina vuelve a hacer aullar a las chicas hasta en las disco de Barrio Norte y que el absurdo es lo único en que siguen confiando los más jóvenes, Landrú ataca de nuevo.

La ficha que se quemó en la SIDE

En el staff editorial de Tía Vicenta, en 1957, bajo el título de Quiénes somos, está la descripción del director:

"Nacido a los tres años de edad, no como se acostumbra, de padre y madre, sino por decreto del Poder Ejecutivo, cuya parte dispositiva decía así:

Artículo 1ero. Ordénase el nacimiento de Landrú; artículo 2do. El sexo de Landrú será masculino (...) Landrú no sabrá dibujar gracias a que desde niño se inscribió en una academia donde enseñaban a no dibujar, y debido a eso ha triunfado en la difícil carrera periodística. Ha contraído matrimonio en nueve oportunidades y ha tenido 125 hijos y doce padres, promedio que no está del todo mal si se tiene en cuenta la difícil época en la que vivimos. Tiene una larga y espesa barba y cuenta en la actualidad con 82 años de edad, razón por la cual está haciendo trámites ante el Poder Gorilativo para que lo designen consejero de la Junta Consultiva. Peor para él."

Su verdadera biografía es igualmente inverosímil:

"Nací el 19 de enero de 1923, justo el día en que guillotinaron en Francia al asesino Landrú. El presidente, entonces, era Hipólito Yrigoyen, y el santo que figuraba en el calendario el 19 de enero era San Canuto. Por eso mi padre quiso ponerme Hipólito Canuto. Mi madre se negó y la hizo peor, me puso Juan Carlos, como Onganía". Lo de las nueve esposas y ciento veinticinco hijos es otra alucinación; en noviembre cumple 50 años de casado con Margarita Michel Frías, con quien tuvo dos hijos, Margarita y Raúl quienes, a su debido tiempo, le asestaron siete nietos.

Laura Linares

Fotos: F. de Zuviría

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