Niñas en riesgo: qué es la sexualización de la infancia y cómo enfrentarla

Se exponen en las redes a partir de los 8 años y se visten como si fueran adultas ¿cómo deben actuar los adultos para protegerlas?
Se exponen en las redes a partir de los 8 años y se visten como si fueran adultas ¿cómo deben actuar los adultos para protegerlas?
Guadalupe Rodríguez
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2 de marzo de 2018  • 17:29

Aunque no es algo nuevo, ya en 1955 Nabokov escandalizó a todos con su novela Lolita, en los últimos años la sexualización de la infancia se vio acrecentada a través del fácil y constante acceso que los chicos tienen a la web y las redes sociales. Según datos de UNICEF, muchísimos jóvenes en todo el mundo, especialmente entre 12 y 16 años, publican en línea información muy personal.

Si buscamos antecedentes de la erotización de la niñez en los medios de comunicación y en internet, sobran. Hace unos años la revista Vogue utilizó a niñas de 8 años maquilladas y vestidas como adultas en poses provocativas; un supermercado de origen francés puso a la venta una bikini para niñas con relleno en el corpiño; Marc Jacobs lanzó una campaña para su perfume Oh, Lola!, donde la joven actriz Dakota Fanning sujeta entre sus piernas una botella de la esencia; la revista W incluyó a Millie Bobby Brown (Eleven en Stranger Things) en un ranking de las mujeres más sexies del cine y la televisión a sus 13 años; marcas de ropa para adolescentes o adultos sacan sus miniversiones y son un éxito; en la última edición del Salón del Automóvil en China una empresa promocionó sus lujosos autos con pequeñas de 5 años en bikini; los videos de los cantantes pop cargados de erotismo se pueden ver en YouTube una y otra vez; y los reality shows de concursos de baile o donde las niñas se desesperan por ser reinas de belleza se repiten a toda hora.

Dakota Fanning en una polémica publicidad de perfumes
Dakota Fanning en una polémica publicidad de perfumes

En este contexto que fomentamos los adultos, los chicos, y en especial las chicas, crecen rodeados de mensajes que consumen e imitan, pero que no están preparados para manejar ni entender.

Cuando una niña experimenta una erotización temprana de su vida corre riesgo de convertirse en una mujer insegura, con baja autoestima, poco amor propio, susceptible a lo que piensen de ella, vulnerable, con frustración por no encajar en el modelo que propone el mercado.

"Es muy sutil la barrera entre jugar y estar en riesgo, por eso tenían sentido los viejos rituales de crecimiento: el pantalón largo a los 11, ponerse tacos y maquillarse a los 15. les daba tiempo a los chicos para crecer, madurar y tener recursos para encontrarse con el mundo", afirma la psicóloga y especialista en niños Maritchu Seitún.

Estimular la sexualidad antes de tiempo pone en riesgo perder una serie de valores fundamentales de la infancia como la espontaneidad, el disfrute, la creatividad, tener amigos, aprender, hacer deporte. En los varones, quizás el impacto no es tan notable porque en este paso precoz a la adultez también se trasladan los roles de género, ellos no son puestos en el papel de objeto sexual, como sí les sucede a las mujeres. Así, las niñas reciben constantemente el mensaje de que lo que importa es lo sexy que se vean. "Muchas veces son las madres, jugando, dándoles lo que ellas no tuvieron, dejándose llevar por la sociedad de consumo, las que permiten y celebran a sus hijas disfrazadas de grandes. Y más grave aún es si esas niñas aprenden a temprana edad a seducir con esos gestos y actitudes, en lugar de ser ellas mismas", afirma Seitún. Es que la responsabilidad de los padres es un aspecto central de la cuestión. No solo porque promueven esta "falsa madurez" subiendo ellos mismos a sus redes sociales fotos de sus hijas en pose, organizando cumpleaños como si fuera un spa, llevándolas a clases de baile innecesariamente sexualizadas, regalándoles juguetes que representan un único ideal de mujer, comprándoles ropa provocativa o habilitándoles a los 7 años un smartphone, sino que no limitan ni mucho menos supervisan lo que sus hijas ven en la televisión o suben a la web. ¿Cómo a una chica que no sabe manejar situaciones cotidianas como subirse al transporte público o sacar un turno para un doctor le permitimos enfrentarse con los miles de millones de habitantes que hay en Instagram? Es como si a un niño de 2 años se le enseñara logaritmos, su mente no está preparada; o como darle a uno de 14 un registro de conductor, no tiene la madurez, los reflejos ni la capacidad de evaluar situaciones, y esto sin dudas lo pone en riesgo.

Consecuencias y peligros

Lucila estaba de vacaciones en Salta con su abuela cuando se encerró en el baño y le mandó a un compañero de primer año del secundario, que no paraba de insistirle, una foto de su torso desnudo. La novia del chico vio la foto, la reenvió por WhatsApp a distintos grupos y la publicó en Facebook. Lucila no tuvo más opción que cambiarse de colegio porque durante meses no pudo liberarse de los acosos. Camila recibió cinco mensajes seguidos de un chico con el que venía chateando hace un mes amenazándola que si no le mandaba otra foto, las anteriores las iba a subir a todas las redes sociales. No supo qué hacer, decidió contarle a su mamá que recién ahí descubrió que su hija de 11 años hablaba con desconocidos a través de un perfil falso. Micaela Ortega tenía 12 años cuando Jonathan Luna, de 27, hoy condenado, la engañó por Facebook mintiendo su edad, la citó en un descampado de Bahía Blanca y la mató.

Estas historia son reales y muestran que la exposición en las redes sociales a tan corta edad puede llevar a las niñas a verse involucradas en juegos o prácticas sexuales para los que aún no están preparadas; ser víctimas de grooming (cuando un adulto se relaciona a través de un perfil falso con un niño o niña con fines sexuales), dejarse manipular por otros, mentirles a sus padres creando perfiles falsos, sufrir violencia o abuso.

Una vida pendiente de la imagen, y en especial a temprana edad, puede provocar daños irreversibles en la personalidad. Cuando una niña experimenta una erotización temprana de su vida corre riesgo de convertirse en una mujer insegura, con baja autoestima, poco amor propio, susceptible a lo que piensen de ella, vulnerable, con frustración por no encajar en el modelo que propone el mercado. Se aleja de lo que realmente importa: sus pensamientos, sus deseos, sus sentimientos y su valor como persona. También de la posibilidad de desarrollar su mundo mental y espiritual. Y esto puede traerle graves consecuencias en sus relaciones de pareja o incluso con su sexualidad (frigidez, falta de deseo, etc.).

Una de las campañas que muestra a las niñas en poses sensuales
Una de las campañas que muestra a las niñas en poses sensuales

Qué hacer frente a esto

Es cierto que la publicidad, la moda, la televisión, internet, los carteles en la calle, las letras de las canciones, etc. tienen un papel fundamental en la hipersexualización de la infancia, pero dependerá de los padres cuándo y el modo en que toda esta información impacte en los chicos. "Las familias tienen que tener claro que el objetivo de las empresas es hacer crecer el consumo, no el bienestar de los niños. Los adultos deben ocuparse de que las redes sociales y los medios de comunicación no lleguen a ellos antes de tiempo", explica Seitún.

¿Y qué hacer si ya llegaron? No dejarlos solos en la red, acompañarlos cuando ven series, hablar con ellos sobre los peligros, enseñarles a evaluar qué contenidos son para su edad y a ser críticos, estar cerca de ellos hasta asegurarnos de que se manejan bien en las redes sociales y esto rara vez ocurre antes de los 14 años. Más allá de su actividad virtual, ser comprensivos, dar el ejemplo y trabajar su autoestima desde los primeros años de vida.

Los tweens, adelantados a su edad

No se sienten niños, no son aún adolescentes, tienen entre 8 y 13 años, acceso ilimitado a las redes y la web, y deciden qué quieren comprar, y sus padres les hacen caso. El término "tweens" nació a principios del siglo XXI, proviene de la palabra en inglés "between" (entre) y fue acuñado por empresas como Nickelodeon, MacDonals y Mattel para describir a una generación que parece querer crecer más rápido. Las compañías entendieron que tienen poder de consumo y pretenden empujarlos hacia una adolescencia temprana, por eso les venden maquillaje a las niñas, no ya como un juego sino como una realidad; o un estereotipo de chico cool a los niños que están muy lejos de comprenderlo, pero les fascina. Este grupo que captó la atención del marketing es un blanco perfecto, pero sumamente vulnerable.

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