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Ricardo Gil Lavedra. "El desafío de Cambiemos es ser una auténtica coalición"

Legalista. Con una respetada trayectoria en su haber, considera que la elección de este gobierno evitó que en la Argentina ocurriera "una calamidad", pero reclama fortalecer la trama institucional del país
Astrid Pikielny
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4 de marzo de 2018  

Cada rincón de su oficina revela tramos de su historia personal y pública, y por lo tanto, de su relación con el Derecho, la Justicia y la política. Entre las bibliotecas colmadas de tratados de Derecho y libros de ensayo político se destaca un facsímil de la Declaración de la Independencia de 1816 perfectamente enmarcado; un sector con fotos que registran su participación como camarista en el histórico Juicio a las Juntas Militares de 1985; un espacio con fotos familiares y, también, un sector dedicado al radicalismo, su partido político, donde se imponen las imágenes de Raúl Alfonsín y Ricardo Illia.

Ricardo Gil Lavedra
Ricardo Gil Lavedra Crédito: Ignacio Sánchez

Ricardo Gil Lavedra se presta a una conversación sin condicionamientos sobre lo que él considera han sido los aciertos del gobierno de Cambiemos. Pero también sobre las asignaturas pendientes. "Hay déficits en material institucional y hay que avanzar más en el tema de la transparencia.El Gobierno tiene que reaccionar más rápido", dirá. También sostendrá que la Argentina adolece de visiones estratégicas en el campo de la seguridad, la educación y el modelo productivo.

Cuando el Congreso se prepara para debatir sobre la despenalización del aborto, el abogado y actual coordinador general del Programa Justicia 2020 del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación cree que son este tipo de conversaciones públicas las que robustecen la democracia. Después de que el presidente Mauricio Macri recibiera a la cúpula radical y en medio de debates partidarios internos que reclaman mayor participación de su partido en Cambiemos, Gil Lavedra cree que ahora "el desafío es llegar a ser una auténtica coalición de gobierno".

Usted coordina el Programa Justicia 2020, que busca la accesibilidad y la modernización de la Justicia. ¿Cuán conforme está con la velocidad y la profundidad con la que el Gobierno encara este tema?

Justicia 2020 es uno de los pocos programas en los cuales el Gobierno plantea una visión estratégica y una visión acerca de una reforma integral de la Justicia a mediano plazo. Uno de los objetivos es poder imponerse en la agenda de discusión pública, y esto me parece que se ha logrado. Digo esto porque no en todos los campos la Argentina puede tener una visión de mediano plazo.

¿En qué áreas no las tiene?

Me parece que no hay visiones de mediano plazo respecto de la educación. No hay visiones de medio plazo en lo referente a la seguridad y políticas de prevención del delito y tampoco al modelo productivo y al modelo de desarrollo que debe tener la Argentina.

No tener una visión estratégica en el campo de la educación y el modelo productivo compromete seriamente la posibilidad de pensarnos como país.

Es muy importante para cualquier gobierno tener visiones estratégicas. Para ser justos, fue tan complicado el comienzo de la gestión de este gobierno que es razonable que haya estado muy atado a la coyuntura. Todavía lo está.

¿Cuánto tiempo más cree que es posible usar el argumento de la herencia recibida?

Por supuesto que hay muchas urgencias en un país que tiene altos índices de exclusión y de pobreza. Por cierto, creo que el Gobierno tiene que concretar muchas de las cuestiones que está prometiendo y me parece que un primer momento de balance va a ser el año que viene, cuando se haga una evaluación de lo sucedido durante estos cuatro años. Pero también creo que en ese proceso de evaluación debe computarse lo que se evitó, no solamente lo que se hizo. Se evitó una calamidad. Se evitó colocar al país en un determinado sendero. Falta dar un salto de calidad en que podamos discutir también el país que todos soñamos.

Como miembro del Club Político Argentino, usted firmó un documento en el que se marcan las debilidades en las mejoras institucionales. ¿Cuáles son los déficits institucionales que más le preocupan?

Creo que hemos progresado enormemente en materia institucional respecto del gobierno anterior, pero aspiro a tener gobiernos mucho mejores en el futuro. Me parece que como es una tarea lenta y progresiva, los déficits en muchos aspectos institucionales todavía son elevados. Creo que el programa de fortalecimiento institucional que necesita la Argentina tiene que avanzar mucho más en el aspecto de la Justicia y la transparencia.

¿Se refiere a cuestiones de corrupción, ética pública y conflictos de intereses?

Sí, creo que es imprescindible reformar la Ley de Ética Pública. Se está trabajando en eso, pero es imprescindible porque la cuestión de los conflictos de intereses ha sido una de los más relevantes que han aparecido durante este gobierno. Hay que regularlos mejor. También que hay que dotar a la Oficina Anticorrupción de mayor autonomía y eso le vendría bien a cualquier gobierno porque haría más insospechadas todas sus decisiones.

¿Lo dejó conforme la reacción del Gobierno respecto de lo que pasó con Jorge Triaca?

Bueno, cuando uno quiere hacer una diferenciación muy fuerte sobre lo que ocurría antes, se encuentra muchas veces con estos inconvenientes. Yo, por supuesto, no le discuto las calidades personales ni todo lo que pudo haber contribuido o contribuye Triaca respecto del Gobierno, pero me parece que fueron hechos que restan credibilidad.

¿Le parece suficiente o satisfactoria la decisión de haber corrido a algunos parientes de la función pública?

El nepotismo es muy malo y están bien todas las medidas que apunten a limitarlo. Pero hay que cuidarse de no caer en exageraciones porque, en realidad, de lo que se trata de asegurar es la idoneidad en el ejercicio del cargo. Muchas veces nombrar parientes o amigos viola este acceso por idoneidad, pero puede haber familiares que sean sumamente idóneos. Creo que es una cuestión que hay que mirar con cuidado porque pueden pagar justos por pecadores.

¿El Gobierno debe más reaccionar más rápido en casos como los de Díaz Gilligan o Caputo?

Sí, tiene que accionar rápidamente. Pero se ha reaccionado. En el caso de Díaz Gilligan, renunció a su cargo; me parece que su presencia hacía mal. El caso de Caputo está siendo analizado y, en algún sentido, va a tener alguna resolución. Uno podría decir "tendría que ser más rápido", pero se está haciendo.

En las causas por corrupción contra altos funcionarios kirchneristas hay procesamientos con fórmulas como "no podía desconocer que tal cosa pasaba por el lugar que ocupaba". ¿Hay una flexibilización del estándar probatorio para avanzar con estas causas?

Es un signo muy positivo que por primera vez se esté avanzando en causas de corrupción de altos funcionarios. Digo esto porque la regla era la impunidad del poderoso. Había una fuerte asimetría en la cual la persecución penal siempre recaía en los sectores más débiles y, obviamente, los poderosos eran impunes. Lo otro que hay que exigir son juicios, procesos que desemboquen en una audiencia oral y pública en la cual la acusación demuestre la culpabilidad de los imputados. Hasta el presente lo que tenemos son medidas de investigaciones preliminares y medidas precautorias. Cuando se producen tantas prisiones preventivas, con mayor razón hay que exigir que los juicios lleguen rápido, porque de lo contrario es una pena anticipada.

Están detenidos sin condena.

Hay que verlo caso por caso, pero pienso que la prisión en el proceso debe ser excepcional. El Ministerio de Justicia ha enviado al Congreso modificaciones a la ley de enjuiciamiento criminal. Las detenciones sin condena tienen que ser medidas excepcionales y hay que procurar que pueda haber juicio lo más rápido posible.

Llegó la hora de hablar de la despenalización del aborto. ¿Cuál es su mirada?

A ver, son esos debates que atraviesan transversalmente la sociedad y tienen una potencia inimaginable. Creo que lo que le da densidad a un sistema democrático es el debate público. La Argentina no es de los países más restrictivos en esta materia, incluso con la legislación vigente: nuestro Código Penal tiene un alcance bastante amplio en los permisos para realizar un aborto no punible. Pero me parece que el aborto es una realidad indiscutible y su criminalización no ha funcionado como disuasivo: según los números oficiales, hay cerca de 400 a 500 mil abortos anuales. Al no haber un aborto legal, son clandestinos y la mayor causa de mortalidad en materia de maternidad. Es un problema serio que hay que atender.

¿Y cuál es su postura personal respecto de la despenalización?

A ver, actualmente en nuestro Derecho no se trata de la misma manera a la persona nacida que a la que está por nacer. Incluso, en materia civil recién adquiere sus derechos patrimoniales cuando nace: desde la concepción, pero a condición de que nazca. Incluso en la punición: hay una protección incremental de la posibilidad de vida. En esta protección incremental, en los primeros momentos es posible que prevalezca la autonomía de la mujer: esa vida por nacer depende de la asistencia de la madre. Ese fue el argumento que utilizó la Corte de Estados Unidos en Rode vs. Wade. Era un derecho de la privacidad de la mujer disponer de su cuerpo hasta que esa nueva vida tuviera condiciones de viabilidad.

¿Por eso todas las legislaciones en el caso del aborto temprano dicen que estas condiciones comienzan a producirse a partir del tercer mes de embarazo?

Sí, y ocurre hasta en el lenguaje coloquial: si una mujer pierde su embarazo en las primeras semanas de gestación, es una desgracia; si lo hace a los seis meses, ya es una cosa grave, y la muerte en el parto es una tragedia. Esto demuestra que la valoración que tenemos de esta vida en gestación es distinta según cuál sea el momento de la gestación. La postura opuesta es la de quienes consideran que debe haber protección plena, total y absoluta desde el momento de la concepción. Ahí está la diferencia de criterio. En lo personal, creo que la protección tiene que ser incremental.

Aprovecho su condición de radical para preguntarle qué peso específico ocupa su partido dentro de la coalición.

La importancia no se traduce en los cargos sino en las discusiones políticas. Creo que, pasado el primer momento, la madurez de Cambiemos pasa por consolidarse en una auténtica coalición de gobierno, lo cual requiere mucho más debate de las medidas a tomar. El radicalismo no solo es el partido más antiguo de la Argentina, sino que también tiene una historia de gobierno, principios y valores que no pueden ser desperdiciados, además del despliegue territorial. En los primeros momentos hubo que atender muchas emergencias, pero el desafío de Cambiemos es llegar a ser una auténtica coalición de gobierno.

Hay voces de preocupación dentro del radicalismo por temas vinculados a la ética pública y a conflictos de intereses. Incluso otra de las fundadoras de Cambiemos, Carrió, dice públicamente que el Gobierno opera en la Justicia.

Bueno, por cierto, esto es algo que hay que mejorar. Los estándares que Cambiemos ha propiciado son muy exigentes, y hay que estar a la altura de esas exigencias. Respecto de la cuestión de los operadores, el Gobierno no tiene que intervenir en la Justicia ni decirle a los jueces cómo tienen que fallar en cada causa. Por cierto, me parece que muchas de las cuestiones que se han suscitados en el avance de numerosas causas es porque el Gobierno dejó en libertad a la Justicia.

Hay algunos radicales con serias posibilidades de alzarse con las gobernaciones en distintas provincias en las elecciones de 2019. ¿Una señal del fortalecimiento del radicalismo dentro de Cambiemos sería que Macri no les ponga a competir con un candidato del PRO?

Creo que Cambiemos tiene que ir en cada distrito con los mejores candidatos y esto significa, cuando sea posible, acuerdos acerca de cuáles son los mejores. Y sino dirimir esas candidaturas a través de internas abiertas. Por despliegue territorial y por presencia en cantidad de provincias, creo que el radicalismo puede aumentar sensiblemente su cantidad de gobernadores en las elecciones del año que viene.

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