El feminismo no es solo una marcha

Jorgelina Albano
Jorgelina Albano MEDIO: Ideóloga y directora de Alabadas.com
(0)
2 de marzo de 2018  • 17:47

El único reclamo y grito verdadero de la marcha de hoy es el sentir colectivo de un mundo igualitario para mujeres y hombres. No vale ensuciar este día con ideologías de ningún tipo que empañen y debiliten la voz de las mujeres porque se perdería el objetivo común. Y, lejos de redoblar la apuesta, se resaltaría el interés de algunos por sobre un interés genuino compartido por cientos o miles de millones de personas en el mundo entero.

Aún, como sociedad, nos cuesta la palabra feminismo, hay un tabú creado alrededor de su significado, como si ser feminista fuera odiar a los hombres, no ser heterosexual, tener ideas políticas solo de izquierda, entre otros tantos juicios o interpretaciones creados por quienes quieren mantener el statu quo.

El feminismo quiere tanto a los hombres como a las mujeres y por eso los declara iguales. Lo que sucede, es que luego de tantos siglos de subordinación de la mujer en un mundo construido sobre cimientos masculinos, el único parámetro de comparación son los derechos, oportunidades y libertades que históricamente han tenido los hombres.

Aunque esto no significa que las mujeres deseemos masculinizarnos, sino como decía Victoria Ocampo: "ocupar por entero nuestro lugar", con la definición de mujer que cada una elija y con la diversidad interna que cada una trae por ser única, para lo cual tiene que haber un cambio de creencias profundas para auto-reconocernos y que nos reconozcan como iguales.

La palabra patriarcado sale a la luz con tanta fuerza como la palabra feminismo. La primera empieza a tomar un sentido popular negativo y la segunda el sentido contrario. No hay entrevista en la que no se pregunte sobre el tema, aún cuando no tenga ese foco.

El feminismo llegó para quedarse. Es indudable que cuando algo toma tanta fuerza la mirada cambia, empezamos a ver algo distinto de lo que veíamos, lo que era transparente y natural, deja de serlo. Se produce un salto de consciencia e inevitablemente aparecen el auto-cuestionamiento, comienza la transformación individual y la acción en lo cotidiano, que en definitiva es lo que vale para que ocurra un cambio social.

Preguntarnos sobre la libertad

Esta transformación interpela al toda la población, porque no solo afecta a las mujeres, sino también a los hombres. Este es un cambio que requiere un movimiento conjunto - no una lucha - en el que seamos capaces de preguntarnos sobre la libertad de elección propia y ajena, y las posibilidades de creación de lo que verdaderamente deseamos para nuestras vidas.

Cuando un tema tan grande sale a luz, pone más al descubierto la violencia verbal, escrita, física y simbólica, obligándola a debilitarse y a que desaparezca para siempre. Las cabezas que no se transforman por convencimiento, encuentran el límite de una masa crítica que ya cambió su comportamiento. Un ejemplo de esto es lo que sucedió hace unos días con la pregunta de Nicolás Repetto.

El movimiento de mujeres no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Hoy habrá paro de mujeres y marchas en más de 150 países, medida suficiente de que esta es una revolución imparable que no tiene vuelta atrás, pero que necesita cada vez más mujeres y hombres conscientes de que la igualdad de género es indiscutible. Y que las creencias sociales que por siglos polarizaron al hombre como lo masculino, fuerte y dueño de la verdad, y a la mujer como lo femenino, débil y cuya voz no era tomada en cuenta, ya no sirven para construir el mundo que viene.

¿Será el miedo el que ciega a muchos a ampliar su perspectiva porque de hacerlo tendrían que cambiar al menos algo de sus vidas? ¿Puede haber alguien en este mundo que no quiera ser libre? ¿Cuál es el freno o la medida de la indiferencia o la resistencia para no apoyar una causa cuyo sentido más profundo es el de libertad? Porque el fin absoluto del feminismo es la libertad.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.