Los centrales de Boca, de talón de Aquiles a ser una zona más confiable

Los xeneizes renovaron su confianza en la última línea
Los xeneizes renovaron su confianza en la última línea Crédito: Prensa Boca
Franco Tossi
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2 de marzo de 2018  • 23:59

Guillermo Barros Schelotto puede estar tranquilo. Antes de viajar a Perú las expectativas suyas y de los hinchas se habían reducido con las bajas de Paolo Goltz y Lisandro Magallán , los dos centrales titulares. Hubo que acudir a un combo que no era el ideal a la hora de encarar una Copa Libertadores, sobre todo en un debut como el del jueves: Santiago Vergini , un defensor sin continuidad y observado de reojo por los fanáticos, y Agustín Heredia, un juvenil que apenas había jugado un amistoso reciente (derrota 3-2 ante Godoy Cruz), debieron ser titulares. Mientras el Mundo Boca dudaba, ellos rompieron con los pronósticos desalentadores y fueron de lo mejor del conjunto de los Mellizos durante su excursión en Lima. ¿Por qué fue tan importante que tanto Vergini como Heredia hayan respondido satisfactoriamente? Porque sobre todo en los últimos años los centrales fueron un dolor de cabeza para Boca.

La búsqueda de seguridad en la zaga no solo abarcó el proceso del actual cuerpo técnico, sino que las pesadillas que generaron las falencias de los centrales vienen desde mucho antes, incluso cuando Daniel Angelici aún no se había hecho cargo como presidente. Se puede asegurar que tan solo hubo seis meses exitosos en la última línea, inolvidables por el campeonato invicto que el equipo de Julio César Falcioni obtuvo en el Apertura 2011, en la que recibió seis goles gracias a las actuaciones formidables de Rolando Schiavi y Juan Insaurralde. Fuera de aquello, el xeneize se acostumbró a sufrir desilusiones en cada nombre por el que apostó.

Fueron varios los apellidos llenos de expectativa que terminaron siendo un fracaso. El presidente, junto a sus entrenadores, debieron poner el ojo sobre defensores que, en otros clubes de Argentina, fueron figuras. Fueron los casos de Claudio Pérez, ídolo en Belgrano, Mariano Echeverría, pilar en Tigre y Arsenal, donde también tuvo un paso exitoso Guillermo Burdisso , que llegó a Boca con un apellido que generó mucha ilusión para cortar con los problemas defensivos y, sin embargo, nunca se asentó. También Matías Caruzzo , que había sido campeón con Argentinos.

Tanta fue la frustración, que en los últimos cinco años acudió a regresos de jugadores que habían tenido una buena primera etapa: Daniel Díaz, que terminó apuntado por perder la Copa Libertadores 2016, Juan Insaurralde (nunca fue el mismo y se fue por la puerta de atrás hace unas semanas) y Juan Forlín. Este último fue el que mejor versión mostró, pero lo opacó su corta estadía de un año. Algo que también Boca lamentó con Marco Torsiglieri: el correcto rendimiento lo disfrutó solo seis meses.

Christian Cellay no rindió como en Estudiantes y el juvenil Juan Cruz Komar se fue a Talleres. Mirados de reojo llegaron Fernando Tobio y Alexis Rolín. El primero fue importante en los finales de campeonato, pero jamás se convirtió en un estandarte de la zaga. El uruguayo fue constante blanco de críticas.

En esa extensa lista de los últimos defensores que fueron un problema para Boca, también estaban Santiago Vergini y Lisandro Magallán. Pero tienen como técnico a Barros Schelotto, alguien que le da segundas y hasta terceras oportunidades a los que mejor considera. El exNewell's reivindicó su imagen en Lima, mientras que el exGimnasia, que recibió varias oportunidades pese a sus fallas a través de los años, hoy es considerado el hombre más importante de la defensa. Y hasta se rechazaron ofertas de clubes del exterior pensando en la actual Copa Libertadores.

A Vergini le costó salir al campo en Perú sin pensar en la imagen que venía dejando. "Estoy contento por la oportunidad, había que estar preparado. Me voy conforme porque creo que le di una mano al equipo". Es tanto el morbo que se genera alrededor de los zagueros por la dificultad de encontrar seguridad en ellos que hasta algunos parecen tener terror de mostrar un nivel apático constantemente. Por eso sorprendió y dejó muy conformes a los mellizos Barros Schelotto el rendimiento de Agustín Heredia, el chico que tiene de modelos a seguir a Nicolás Otamendi, el defensor argentino que milita en el Manchester City, y Diego Godín, del Atlético de Madrid. Dos defensores de personalidad, acaso la característica que mostró el futbolista de 20 años nacido en Mendiolaza (Córdoba) en su debut oficial. "A la dupla central la vi bien, tuvieron un buen partido. Estuvieron fuertes en el mano a mano y nunca nos agarraron mal parados", explicó Guillermo tras la igualdad (0-0).

Así y todo, él sabe que falta algo. Cuando exterioriza, se muestra conforme: "Los centrales de Boca no son menos que los de otros equipos" y "tenemos un plantel rico en centrales" son algunos de los ejemplos que entrega el DT para defenderlos ante eventuales cuestionamientos. En Perú se aseguró un buen nivel de los relevos.

No obstante, él sigue obsesionado con un nombre: Gustavo Gómez , hombre al que nuevamente irán a buscar en el próximo mercado. También se ha mencionado a Walter Kannemann, campeón de América con San Lorenzo (2014) y Gremio (2017), pero cree que el paraguayo es pura jerarquía: "Si venía iba a darle un salto de calidad al equipo. Es de nivel internacional, por eso no pensé en otro", supo decir en su momento.

Boca empieza a espantar los fantasmas defensivos que lo persiguen desde hace casi una década. La clave es la confianza de Guillermo a sus dirigidos. Goltz y Magallán son titulares, pero Vergini y Heredia no le esquivan a las responsabilidades. Claro que aquello hay que mantenerlo. El lunes, ante Argentinos, será otra prueba, con la esperanza de que la defensa deje de ser una preocupación.

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