Jinetes amazonas, la nueva generación

Son verdaderamente jóvenes. Pero ya tienen un pasado y no pocos premios sobre los hombros. El hipismo local, que sabe de glorias, ya cuenta con grandes valores en el banco
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2 de abril de 2000  

Hace mucho tiempo que está flotando una inquietud en el hipismo nacional: ¿de dónde vendrán los jinetes jóvenes, que eventualmente podrían reemplazar a las actuales figuras de nuestra equitación?

La respuesta existe: hay un grupo de jóvenes que se está haciendo notar. Son dedicados, talentosos y realistas: saben que los esperan severos desafíos, especialmente en el nivel internacional. Pero, a la vez, disfrutan de su juventud y no resignan las actividades normales de cualquier joven.

Sólo el tiempo dirá si llegarán a la cima. Mientras tanto, seguirán empeñándose en alcanzar el gran sueño de ser campeones. La Revista entrevistó a ocho de ellos.

Alvaro Albarracín. Nació el 27 de junio de 1978 en Curitiba, Brasil, donde su padre, Justo, un jinete internacional, estaba compitiendo. Cuando la familia regresó a La Plata, Alvaro, que para aquel entonces tenía 8 años, comenzó a montar en el Club Hípico de esa ciudad junto con su hermano menor Matías. "Andábamos a caballo cuando queríamos; no era una obligación, sino una diversión", recuerda Alvaro. Sólo a los 12 años empezó a tomar la equitación como una actividad en serio. Su primer profesor en el Club Hípico La Plata fue Daniel Boragina, después siguió con la dirección de su padre Justo y el jinete internacional Oscar Fuentes, también de La Plata.

Hace cinco años que está participando en las pruebas más importantes. Habla con afecto sobre los caballos que ha montado. "Diez Mil me dio la oportunidad de saltar todas las pruebas grandes y competir en Brasil. En el Campeonato Nacional de 1997, con Paul Newman gané la segunda prueba del campeonato y terminé a sólo dos faltas del campeón." Ahora con Milk, su ejemplar de cabecera, está realizando una buena campaña.

Ante la pregunta sobre si existe una rivalidad entre él, su hermano Matías y su padre, Alvaro no vacila: "Somos un equipo. Siempre queremos que uno de nosotros gane". En cuanto a proyectos, destaca la importancia de realizar giras en Europa, para "competir contra los mejores". ¿Un sueño? "Que los tres Albarracín integremos un mismo equipo."

Matías Albarracín. Hermano menor de Alvaro, nació en Curitiba, Brasil, el 25 de octubre de 1979. Empezó a montar a los 9 años en el Club Hípico La Plata, pero andar en los caballos de la tanda le resultaba muy aburrido. Luego comenzó a tomar clases junto con su hermano con Daniel Boragina y la equitación se fue convirtiendo en una pasión.

Desde 1997, tiene a Oscar Fuentes como su coach para los concursos. "Papá no me exigía tanto como yo quería, y Oscar es un excepcional pedagogo", dice.

Un día típico comienza con montar temprano en el Establecimiento Tamanaco de Fuentes; luego, a mediodía, trabajar sus caballos alojados en el Club Hípico y de Golf City Bell, y después asistir a la Universidad Católica Argentina en Puerto Madero, donde está estudiando publicidad. En el último campeonato nacional, Matías tuvo que dejar de participar en el desempate de una de las pruebas porque tenía que rendir un examen. (N. de la R.: aprobó.) Cuando se reciba, le gustaría trabajar en una agencia de publicidad y seguir montando, por supuesto.

Pero además tiene otros intereses. Confiesa ser fanático de Estudiantes de La Plata. "La primera cosa que hago cuando leo la sección Deportes es fijarme en el fútbol." También le gusta ir al cine. "Si estoy de novio, veo películas románticas, si no, prefiero las de ciencia ficción."

A través de sus declaraciones, se nota su veta nacionalista. "Con Susurrando me clasifiqué subcampeón en el Campeonato Americano de Juniors que se hizo en 1997 en Buenos Aires, y fue una doble alegría para mí porque, con el triunfo de Lucas Werthein, la Argentina ganó los dos primeros puestos."

Camila Draghi. Porteña, nacida el 20 de diciembre de 1977. Es la única amazona entre el grupo de jinetes jóvenes que vienen destacándose. Su trenza rubia le da un aspecto de colegiala. Pero en las pistas aparenta más de sus 22 años y ha logrado importantes clasificaciones contra rivales mucho más experimentados.

¿Cómo es la historia -breve pero exitosa- de esta joven amazona? "Siempre me gustaron los caballos. Empecé a montar en el Club Hípico Arsenal Boulogne y a los 8 años ya concursaba en novicios", recuerda Cami, como la llaman sus amigos.

Como instructores ha tenido a Ezequiel Sack y a Roberto Tagle; actualmente se entrena con Federico Castaing. La mayoría de sus triunfos ha sido con Petrosur. Camila cuenta que un día sus tíos, que tienen campo en Viedma, le dijeron que había un caballo que saltaba todos los alambres. "Fui a probarlo. Estaba peludo, feo, pero me gustó y lo compré", recuerda. Lo describe como "un gruñón" (cuando se enoja, patea después de saltar); un "gordo con patas cortas, pero con un gran corazón. Dificílmente tendré otro como él".

Los caballos son su pasión y se dedica a full a ellos. Monta 5 caballos por día en el Club Hípico Santa Lucía de Pilar, donde también da clases de equitación.

¿Cómo se siente compitiendo contra los mejores jinetes del país? "Siempre fueron mis ídolos; es lindo y aprendo mucho saltando con ellos", dice.

Julián Duprat. También porteño; su fecha de nacimiento es el 7 de noviembre de 1978. Comenzó a montar a los 8 años en el Club Hípico Monte Grande, bajo la dirección de Anahí Gonzalez Elicabe. Dos años después empezó a concursar y desde entonces ha ido afirmando sus condiciones para el salto.

En 1997 se consagró subcampeón Young Rider y el año siguiente se adjudicó la medalla individual de bronce en el Campeonato Sudamericano de esa categoría, en San Pablo, Brasil.

El año último, con Casablanca, una yegua francesa, cumplió actuaciones importantes; entre ellas, el cuarto puesto en el Gran Premio de Rosario y la misma clasificación en la prestigiosa Copa Presidente, que se hizo en el Regimiento Granaderos a Caballo General San Martín. Actualmente, Julián se entrena en el Club Hípico Argentino con Martín Mallo, y antes fue alumno de Kathy Kitterman.

Además de la equitación, el joven jinete se dedica a estudiar inglés en la Academia Cultural Inglesa y trabaja en el consultorio de su madre, la doctora María del Carmen Bertazzi. Pero, sobre todo, tiene la mira puesta en su futuro hípico. Estima que esta nueva temporada será muy buena. "Casablanca es la mejor que he tenido, por lejos", se entusiasma, para agregar que le gustaría realizar giras al exterior este año.

Leandro Moschini. Casi todos sus 23 años (nació el 2 de julio de 1976) fueron dedicados a los caballos. Empezó a montar a los 10 en Tandil, donde estuvo destinado su padre Oscar, Coco, militar que ofició de profesor para Leandro y su hermano mayor, Martín, integrante del equipo argentino de salto en los últimos Juegos de Winnipeg.

Cuando la familia Moschini se trasladó a Rosario, Leandro tomó clases con Pablo Rolt y Héctor Alvaro. Ahora, a veces, en los concursos le pide ayuda a su hermano Martín, ya que "los consejos nunca están de más".

Leandro reconoce que es un fanático de los caballos. No le interesan otros deportes; monta 7 u 8 ejemplares por día y da clases en el Club Alemán de Equitación y en el country Abril, en Quilmes. Su anhelo es conseguir un caballo para saltar las pruebas de mayores exigencias e ir al exterior para foguearse.

Entre sus triunfos, Leandro enumera el campeonato del circuito de la costa en Pinamar, en 1997, y el año siguiente el Derby de City Bell, ambos con Ritual. En 1999, Leandro sorprendió al vencer a rivales más experimentados cuando se impuso, con Silver Horse, en el Gran Premio del San Diego Country Club.

Como otros jóvenes de su edad, a Leandro le encanta la música, especialmente U2, y las salidas con amigos. "Pero los fines de semana que salto, no salgo", dice. Los caballos ante todo, como corresponde a un fanático de la equitación.

Juan Ignacio Rojo. Mendocino, nacido en San Rafael el 24 de abril de 1980. Su padre, Juan Carlos, saltaba como aficionado en tercera categoría, y Juan Ignacio empezó su relación con los equinos a los 4 años. "Andaba todo el día en un burrito; incluso acompañaba a mi padre a los concursos montado en el burro."

Después, Juan Ignacio comenzó a montar el caballo de su padre. Cuando tenía 11 años, vino a Buenos Aires para participar en un campeonato nacional de menores, conoció al jinete platense Fidel Segovia. "Me invitó a ir a su casa para montar durante las vacaciones", comenta.

Juan Ignacio viajaba dos veces al año a La Plata y se hizo amigo de los hijos de Segovia: Celeste (20), Emiliano (19) y Luciano (17). Finalmente decidió vivir con la familia Segovia para concentrarse en el hipismo.

A principio, sus padres, Silvia y Juan Carlos, no estaban muy convencidos de que Juan Ignacio se dedicara a los caballos. "En realidad hubieran preferido que siguiera estudiando", comenta. Ahora ellos, junto con su hermana Silvia Lorena (24), vienen a Buenos Aires para verlo saltar en las pruebas importantes. Juan Ignacio, que lo más lejos que había ido para saltar era a Córdoba y a Buenos Aires, se ha convertido en un viajero internacional, compitiendo en España, Francia, Italia y Portugal. "En Jerez, España, durante un concurso internacional, salté junto con el brasileño Rodrigo Pessoa, actual campeón mundial, y el olímpico Nick Skelton, de Inglaterra. Fue una experiencia maravillosa ver cómo montan y tratar de aprender de ellos", dice. En Oporto, Portugal, tuvo una actuación impecable, con Ulster du Nord, para ganar el gran premio sobre un doble recorrido de 1,50 m y 1,60 m.

En el último campeonato nacional, Juan Ignacio resultó la revelación al clasificarse tercero tras una notable actuación en la exigente final.

¿Qué metas tiene este jinete, que, sin duda, es uno de los jóvenes más promisorios de la equitación nacional actualmente? "Me gustaría integrar el equipo argentino en los Juegos Olímpicos o Panamericanos. Y continuar montando con Fidel Segovia, que me ha ayudado muchísimo con su sabiduría y tiempo para salir adelante."

Gregorio Werthein. Igual que su primo Lucas, es porteño. Su fecha de cumpleaños es el 15 de septiembre de 1983. Comenzó a montar en el Club Hípico del Parque Burnett, en Punta del Este, con la dirección de Gerardo Minuzzi. "A los 7 años ya estaba saltando en concursos", recuerda Gregorio. Hasta se acuerda de cómo se llamaba el primer caballo que montó: Magic.

En 1995, ganó el Campeonato Intercontinental de Infantiles en Monterrey, México. El año siguiente obtuvo la medalla de oro en Quito, Ecuador, durante el campeonato Sudamericano de Infantiles. Y en 1998, se adjudicó la medalla de bronce en el Campeonato Sudamericano de Juniors, que se hizo en San Pablo, Brasil.

A raíz de los compromisos escolares (está en cuarto año en el Colegio Tarbut), sólo monta dos veces por semana en el Club Hípico Argentino con las instrucciones de Martín Mallo. Gregorio ya decidió estudiar economía cuando vaya a la universidad. En cuanto a sus metas ecuestres, quisiera tener mayores logros internacionales, aunque admite que es muy difícil competir afuera.

El año último Gregorio participó en Holanda y Alemania. En Herford, Alemania, se clasificó campeón de Juniors con El Capricho Franco. Y en otro concurso realizado en Homberg Ohm, contra jinetes mayores, con mucha trayectoria internacional, logró un meritorio noveno puesto en el Gran Premio con El Capricho Apolo.

Gregorio opina que lo esencial para triunfar es, primero, tener una buena dirección técnica y, segundo, contar con un buen caballo. Reconoce en su caso particular, además, la gran ayuda de sus padres, Marcela y Gerardo. Con sólo 16 años, Gregorio tiene mucho tiempo por delante para seguir practicando su deporte favorito, cosechando cucardas.

Lucas Werthein. Porteño, nacido bajo el signo de Libra, el 6 de octubre de 1981. Hizo historia en octubre último cuando, con 18 años, se convirtió en el ganador más joven del Derby General San Martín, la prestigiosa y tradicional prueba que se disputa desde hace 25 años.

Tranquilo, medido, de pocas palabras, Lucas confiesa que él mismo se sorprendió cuando triunfó. Su inicio en la equitación fue, también, en el Club Hípico de Punta del Este, con su hermano Joaquín y sus primos Gregorio y Sarita. Entonces tenía 10 años.

Paulatinamente fue aumentando su interés en los caballos, y también en los triunfos. Se clasificó campeón nacional en cuarta categoría en el 1994. Ese mismo año se consagró campeón sudamericano en la categoria children. Dos años más tarde, en Monterrey, Mexico, Lucas obtuvo el subcampeonato Intercontinental en Juniors.

Pero en 1997 se adjudicó su victoria más importante hasta ese momento. Con Recordada, conquistó el título de campeón Americano Junior, en el Club Hípico Argentino de Buenos Aires.

Ahora con Vlaminck, el ejemplar francés que monta desde hace dos años, Lucas ha demostrado que puede competir a la par de los grandes.

Pero también tiene tiempo para otras actividades. Como a cualquier joven de su edad, le gusta escuchar música; entre sus preferidos nombra a Charly García y a Led Zeppelin. También le interesa jugar al rugby con sus amigos en el Club San Andrés y, en el invierno, le apasiona el esquí.

Ahora Lucas empezará a estudiar Ciencias Políticas -un tema que lo fascina- en la Universidad de Buenos Aires. En lo que se refiere al hipismo, quiere seguir saltando lo más posible para mantener un alto nivel. "Sueño con llegar a ser un jinete olímpico, mundial y panamericano", dice con su precisión habitual.

Lucas sabe que el apoyo incondicional de sus padres, Endy y Adrián, ha sido vital para abrir camino en su carrera hípica. Agradece también el trabajo de su primer instructor, Gerardo Minuzzi, y de su actual entrenador, Jorge Llambí.

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