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River-Chacarita: el Millonario volvió a quedar en deuda, no levanta cabeza y extiende su crisis en la Superliga

Argentina Superliga
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River Plate

River Plate

  • Ignacio Scocco
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Chacarita Juniors

Chacarita Juniors

  • Nahuel Menéndez
Claudio Mauri
(0)
4 de marzo de 2018  • 19:15

"Que el 14 cueste lo que cueste, el 14 tenemos que ganar...". Quedaban un par de minutos para el final, pero los hinchas de River ya ni se ilusionaban, sabían que eran testigos de otro partido que han visto más de una vez en estos últimos meses, el que les entrega un equipo bloqueado, que no se reencuentra con un rendimiento convincente ni con los resultados positivos. Poco importa que enfrente esté Chacarita, que difícilmente evite el descenso. El problema de River trasciende al rival porque todavía no resolvió su propia confusión y desorientación, que se expresa en el campo y es una prolongación de lo que llega desde afuera, de Gallardo.

En las tribunas del Monumental todavía hay contemplación y paciencia con una crisis futbolística a la que todavía no se le advierte una salida. Pero también en esos hinchas hay ansias de reivindicación, y entonces con tono imperativo se pide que el miércoles 14 se le gane a Boca, cueste lo que cueste. Al menos para poner en pausa la decepcionante campaña en la Superliga.

A River le costará estar a la altura de la demanda de los simpatizantes porque si hay algo que se le atraganta es el triunfo, no sabe ganar un partido, no se tiene fe para el triunfo, se boicotea en las dos áreas. Flojo en la propia y blando en la del adversario. De los siete encuentros oficiales del año, solo se impuso en uno, el 2-0 de local a Olimpo, al que para doblegarlo necesitó más de un tiempo y que Scocco se iluminara con un par de genialidades. Esto también retrata uno de los déficit de River: el único éxito fue más producto de una inspiración individual que de un mecanismo colectivo que chirría. Esa victoria contra los bahienses también se constituyó en el único encuentro que no recibió goles.

Las preocupaciones futbolísticas de River tienen tanto peso que dejan en su segundo plano otra que hace un par semanas se mediatizó hasta el hartago, como lo es el error arbitral que lo perjudica. A los dos mintuos, el arquero Fernández le cometió un penal a Scocco al salir a taparlo abajo. Mastrángelo lo ignoró. ¿Por eso River no le ganó a Chacarita? En el reparto de responsabilidades, las mayores hay que cargarlas más en las falencias del equipo que en el árbitro de turno, que también lo puede favorecer, como ocurrió en Río de Janeiro con el gol de Mora en off-side y la mano de penal no sancionado de Zuculini.

River vive sumido en una constante paradoja. Fue superior a Chacarita, pudo y debió ganar, pero la situación de gol más clara del encuentro la tuvo el Funebrero, con el increíble gol que se perdió Rodríguez a un metro del arco al impactar con la rodilla una pelota que insólitamente salió desviada. River no dispuso en los 90 minutos de una ocasión tan propicia, más allá de que en el final Rodríguez tapó una entrada franca de Borré.

Bajos rendimientos individuales, falta de una idea de juego, rotación por desgaste físico o por búsqueda de alternativas de juego. Ponga todo eso en una licuadora y saldrá que River cuenta con plantel, pero no tiene equipo. No se sabe cuál es la formación más confiable, la que brinde mayores garantías. Gallardo, que solía tener las ideas bastante claras, no está todo lo clarividente que requiere el momento. Sostener los 90 minutos a Mayada como volante por la izquierda es un desperdició de las capacidades del uruguayo, que no estuvo cómodo por perfil ni por el sector del campo que debió ocupar.

Como el fútbol a veces le da un poquito de razón a todos pero no le concede la verdad revelada a nadie, Mayada estuvo cerca de marcar sobre el final el gol del triunfo, volcado sobre la izquierda, como hizo el del empate frente a Flamengo. Hubiese sido un accidente en el tránsito a ningún lado en el que estuvo toda la noche Mayada.

Fue llamativo que Gallardo reemplazara a los delanteros juntos. Scocco se empezaba a mostrar más lento, pero Pratto estaba metido en el partido, otra vez en esta versión que no termina de favorecerlo del todo: es generoso y solidario para bajar, jugar de espaldas y armar juego, pero sus compañeros lo buscan poco en el área. Apenas un buen centro de De la Cruz que Pratto cabeceó desviado. Por el centrodelantero que se pagó casi 13 millones de dólares debería estar más cerca del gol.

De los dos delanteros que ingresaron, Auzqui y Borré, costaba imaginar que pudieran tener la llave del triunfo. Los 25 minutos que jugaron confirmaron las presunciones.

Este River ni siquiera estando en ventaja se afirma y tranquiliza. Scocco había marcado el penal de Petryk a De la Cruz. Tres minutos le duró el 1-0. Para que todo pareciera más inverosímil, el empate de Chacarita surgió de una pelota que Scocco se esforzó en dejar dentro del arco. La empanada mental de la defensa, entre Martínez Quarta, Pinola y Saracchi, le dejó servida la definición a Menéndez. River había hecho un primer tiempo medianamente aceptable, pero la igualdad lo devolvió al vestuario con la cabeza gacha.

De ese estado al nerviosismo y la imprecisión hay un paso, como se advirtió en la segunda etapa. Queda expuesto el barullo de Saracchi en las proyecciones, lo poco que sabe Zuculini con la pelota, las intermitencias de Nacho Fernández.

Ante un equipo incapacitado de algo lógico, como sería vencer a un Chacarita que se está yendo al descenso, los hinchas se fueron pidiendo algo que a día de hoy es altamente improbable: ganarle a Boca.

El penal a De la Cruz

El gol de Scocco

El gol de Menéndez

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