"Yo aborté": de forma legal o clandestina, cómo se vive hoy esa experiencia en el país

Mientras algunas mujeres acceden a métodos seguros, otras ponen en peligro su vida; todas se ven afectadas por el miedo y los prejuicios; la educación sexual, un eje crítico, según los expertos
Mientras algunas mujeres acceden a métodos seguros, otras ponen en peligro su vida; todas se ven afectadas por el miedo y los prejuicios; la educación sexual, un eje crítico, según los expertos Fuente: Archivo
María Ayuso
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5 de marzo de 2018  

A mediados de diciembre, después de días de agonía entre el cuarto que alquilaba en la villa 21-24 de Barracas y el Hospital Penna, Carmen murió por una severa infección a causa de un aborto autoprovocado. Tenía 23 años y tres hijos. En noviembre, Alejandra, de 30, accedió a una interrupción legal del embarazo (ILE) en un centro de salud de Cipolletti, Río Negro: una médica le indicó el tratamiento, le dieron gratuitamente la medicación y se la aplicó en su casa, acompañada de una amiga.

Esas son algunas historias de mujeres -los nombres fueron cambiados para preservar su identidad- que vivieron la experiencia de un aborto en nuestro país.

Cuando faltan pocos días para el paro internacional del 8 de marzo, que tendrá como uno de sus principales reclamos su legalización, y cuando el Congreso se dispone a debatir el tema habilitado por el Gobierno, sus testimonios dejan al descubierto el impacto que tiene esta práctica en sus vidas.

Es una asesoramiento de reducción de riesgo lo que uno tiene que asegurarse es que esa adolescente, cuando dice que quiere interrumpir su embarazo, sea realmente por una convicción propia
Sandra Vázquez, directora ejecutiva de la Asociación Civil FUSA

Según el ministro de Salud de la Nación, Adolfo Rubinstein, los abortos inseguros representan un grave problema de salud pública. "Lo que estamos viendo con las muertes maternas es un dato contundente: el 17,6% de esos fallecimientos son por abortos. Sin embargo, ese número es la punta del iceberg", apunta.

Por otro lado, enfatiza: "Está demostrado que en aquellos países donde se legalizó el aborto la cifra de los que se hacen no es mayor que en aquellos países donde es ilegal. La diferencia es que en los primeros la mortalidad materna bajó de forma drástica" (ver aparte).

Más allá de que el aborto está penalizado en la Argentina, excepto en casos específicos, se estima que entre 370.000 y 520.000 mujeres interrumpen un embarazo por año, según un informe solicitado por el Ministerio de Salud de la Nación en 2005. Rubinstein aclara, sin embargo, que esa cifra es imprecisa.¿Quiénes son? ¿Cómo lo hacen? ¿En qué condiciones? Los especialistas consultados señalan que el abanico de mujeres que suelen hacer consultas referidas a abortos es diverso: "Desde premenopáusicas que tienen un uso irregular de un método anticonceptivo y que a los 47 quedan embarazadas hasta adolescentes o mujeres con patologías o situaciones sociales graves", describe Sandra Vázquez, ginecóloga, directora ejecutiva de la Asociación Civil FUSA y parte del Comité de Aborto no Punible del Hospital Argerich.

El 100% de la sociedad va a estar de acuerdo con prevenir los abortos. Y la manera de hacerlo es a través de la educación y la anticoncepción, que es la política que estamos fortaleciendo
Adolfo Rubinstein, ministro de Salud de la Nación

Para Beatriz Balian, doctora en Sociología y presidenta de la Academia Nacional de Educación, la legalización del aborto no es una solución. En relación con las cifras sobre la cantidad de abortos, dice: "Los casos no están bien contabilizados porque el aborto es tabú, es secreto".

Las organizaciones sociales y profesionales que atienden a aquellas que tomaron la decisión de interrumpir un embarazo subrayan que la clandestinidad no impide la realización de los abortos, sino que aumenta sus riesgos para la salud (e incluso la vida) de las mujeres, principalmente de las más vulnerables.

Vázquez refuerza este punto: "Las consecuencias las vemos en la mortalidad materna y en la morbilidad, que en nuestro país no se mide, pero registra cuánta gente queda con secuelas evitables si recurriera al sistema de salud".

Las fuentes consultadas por LA NACION sostienen que existen en la Argentina varios equipos de la salud que asisten a mujeres que tienen una causal para acceder a una ILE y que, además, informan a aquellas que, no pudiendo recurrir a ese procedimiento dentro de la ley, están decididas a hacerlo de forma clandestina para prevenir que corran riesgos.

Hoy, las causas que lo permiten por la vía legal son la violación, el riesgo para la salud de la madre -entendida de forma integral e incluyendo el aspecto físico, emocional, mental y social- o cuando su vida está en juego. A partir de un fallo de la Corte Suprema en 2012, no se necesita la autorización de un juez para realizar un aborto legal.

Sin embargo, el acceso a los servicios "amigables" que asisten a las mujeres que deciden abortar, así como la aplicación del Protocolo para la Atención Integral de las Personas con Derecho a la Interrupción Legal del Embarazo del Ministerio de Salud de la Nación, es desigual, con diferencias según cada jurisdicción.

Ahora se está lanzando el Programa Nacional de Prevención de Embarazo Adolescente No Intencional (ENIA), que es una iniciativa de tres ministerios: Desarrollo Social, Salud y Educación
Adolfo Rubinstein, ministro de Salud de la Nación

"La muerte de una sola mujer que el sistema de salud podría haber evitado es un crimen. Las mujeres no tienen por qué correr riesgos por continuar un embarazo, tal como plantea la legislación", opina Viviana Mazur, médica generalista y miembro de la Coordinación de Salud Sexual, Sida e Infecciones de Trasmisión Sexual del gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

La necesidad de una aplicación efectiva de la ley de educación sexual y de un seguimiento de las mujeres que pasaron por un aborto para que puedan acceder a métodos anticonceptivos seguros y a largo plazo es otro de los reclamos de los profesionales.

"Resolver la problemática de los embarazos no deseados no solo incluye considerar la educación de la sexualidad, sino también fomentar el compromiso de la comunidad para acompañar a las mujeres que pasan por esa situación", aporta Balian.

Para ella, la contención es fundamental para lograr que estas mujeres puedan "reconsiderar" su decisión: "Desde una perspectiva social, el primer paso es no descalificar o avergonzar a ninguna que pasa por este tema y sí acompañarla en sus diferentes aspectos: corporal, psicológico, familiar, social, espiritual, y procurar conectarla con quienes han superado positivamente el mismo problema".

El acceso a la información

Actualmente, existen "consejerías pre y posaborto" (también conocidas como asesorías en reducción de riesgos y daños) en los centros de salud y de atención primaria de varios municipios de la provincia de Buenos Aires y la CABA, así como en otras localidades del resto del país. También funcionan en espacios como organizaciones sociales. El objetivo de estos dispositivos de escucha, información y contención es prevenir la morbimortalidad de mujeres gestantes a causa de un aborto inseguro.

Para Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), el acceso a una buena información es invalorable: "El aborto todavía es un tema que se trata en grupos cerrados. Una chica o mujer que tiene un embarazo que no quiere continuar en general lo habla con muy poca gente, por lo que significa en cuanto a la censura y a la vergüenza".

Lo que uno puede llamar capacitación anticipatoria es clave. En este país el tema de la sexualidad no ha sido trabajado. Si uno avanza en esa línea va a haber mayor maduración personal
Beatriz Balian, socióloga y presidenta de la Academia Nacional de Educación

En FEIM tienen muchas consultas sobre los riesgos de los abortos y a dónde recurrir. Además de contenerlas, se las deriva a algún servicio de salud que no las "penalice".

El estigma es otro de los grandes padecimientos que atraviesan estas mujeres. "Hay médicos que no usan anestesia cuando tienen que hacerle un raspado a una mujer que llega al hospital con una hemorragia, que las increpan o denuncian ante las autoridades, violando el secreto médico", cuenta Bianco.

Por otro lado, Mirna Florentin, referente de la Asociación Civil Padre Pepe de la Sierra, que funciona en la villa 21-24, explica que en el barrio el aborto es una problemática sobre la que "se habla muy poco".

"Se encuentran fetos y hay muertes, pero nadie habla ni toma la iniciativa de juntarse. Cuando muere una mujer, eso solo cobra relevancia en el ámbito familiar, muy pequeño", relata Florentin.

"Que resuelvan esas situaciones de forma privada, sin recurrir a ayuda, te impide darles una mano".

Sobre el trabajo que hacen con las chicas que llegan a los hospitales públicos, Vázquez cuenta: "Si no las acompañamos con buena información, no pueden distinguir un procedimiento seguro del que no lo es y se ven las complicaciones, que por suerte en estos años fueron disminuyendo muchísimo".

Y agrega: "Cuando la gente pierde el miedo a la consulta, se disminuyen los riesgos. Y el hecho de que cada vez haya más servicios 'amigables' contribuye en este sentido".

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