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"Me atendieron en la salita y me recetaron el medicamento"

Edad: 30 Método: con medicación
María Ayuso
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5 de marzo de 2018  

Alejandra tiene 30 años y es de Cipolletti, Río Negro. Vive sola, estudia el profesorado de historia y trabaja en el sector público. A lo largo de su vida, sufrió de depresión, y cuando en noviembre se enteró de que estaba embarazada volvió a caer en el pozo.

"En ese momento me estaba separando. Por otro lado, ser madre nunca estuvo en mis planes de vida", cuenta la joven.

Y agrega: "Soy muy nerviosa. Empecé a deprimirme desde el momento en que noté que no me venía el período. Lo negaba, me levantaba todas las mañanas e iba al baño esperando que me viniera. Hasta que tomé coraje y me hice el test: me había fallado el método anticonceptivo".

Conocía al colectivo feminista La Revuelta (que forma parte de las Socorristas en Red) por el activismo del grupo. Además, había visto pintadas en la calle donde reclamaban la legalización del aborto". Cuando el test de embarazo le dio positivo, consiguió su teléfono y las llamó.

"Les hablé de mi situación y me dijeron que podía acudir a un centro de salud en mi barrio: nunca me lo hubiera imaginado", confiesa Alejandra.

En cambio, pensó que le iban a recomendar a un médico que le hiciera algo "quirúrgico, bien clandestino". "Pero lo pude resolver cerca de mi casa y el Estado me garantizó el aborto", dice.

En el centro de salud, la atendió una médica "superbién". "Le conté que psicológicamente estaba muy mal, muy deprimida y que no quería continuar con el embarazo. No me juzgó", recuerda Alejandra.

Acceso gratuito

"La médica me explicó que por el Protocolo para la Atención Integral de las Personas con Derecho a la Interrupción Legal del Embarazo, no era necesario que mi salud física estuviera en riesgo, sino que contemplaba también la psicología", cuenta.

La profesional le indicó cómo usar el misoprostol, le describió qué iba a sentir y de qué forma iba a darse el proceso. Además, le entregó una receta para que pudiese retirar la medicación de forma gratuita en el hospital.

"Me la apliqué en mi casa, acompañada por una amiga. A los siete días volví a ver a la médica, no tuve que sacar turno: es por orden de llegada", enfatiza la joven. "Ni siquiera fue necesario decir en mesa de entrada que iba por un aborto. Eso me contuvo mucho. Me hicieron una ecografía para ver si estaba todo bien".

Hoy, recuerda ese proceso con angustia. "Los días previos fueron muy duros. Pero cuando tuve la respuesta de que algo se podía hacer y encima en el sector público, con un médico que me dio la información, empecé a sentir alivio. Saber a quién recurrir fue fundamental".

Después de que se hizo el aborto, les contó a sus hermanas y amigas. "Si no hubiese llamado a las chicas de La Revuelta no me hubiera enterado de que existen los abortos legales. No sé cómo hubiese terminado: prefiero ni pensarlo, porque no hubiese podido pagar una clínica privada y estaba decidida a hacerlo".

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