"Fue un calvario: nadie te entiende y en el hospital me maltrataron"

Edad: 44 Método: en hospital público
María Ayuso
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5 de marzo de 2018  

Fue el 26 de septiembre de 2014: la fecha le quedó grabada. Ese día, a Noemí la violó su exmarido en su casa de Las Heras, Mendoza. Se habían separado en julio después de 20 años de casados - "dos décadas de maltrato", describe la mujer- y tenían dos hijos.

Con la voz entrecortada por el llanto, Noemí, de 44 años, explica del otro lado del teléfono que nunca lo denunció. "Fui una imbécil", se lamenta.

Un mes antes de la violación, se había sacado el DIU que tuvo puesto durante 17 años, y en esa relación forzada quedó embarazada. No tenía trabajo y llevaba días comiendo con sus hijos avena con leche.

"Lo llamé a mi ex, nos sentamos cada uno en la punta de la mesa y le mostré el Evatest. Me dijo que quería tener un diagnóstico más seguro y me pagó una ecografía transvaginal en una clínica privada", recuerda Noemí.

Y agrega: "Ahí, además del embarazo, me diagnostican un tumor en el útero".

Todo lo que vino después fue un calvario para ella. En otra ecografía le indicaron que estaba de cuatro semanas. "Yo no quería continuarlo, por mi salud y por cómo se había generado el embarazo", explica la mujer.

De continuar el embarazo, Noemí se exponía a muchísimos riesgos, incluso la muerte. "Fui a siete profesionales diferentes y ninguno me daba más de 20% de posibilidades de sobrevida", asegura.

La mujer cuenta que además nació con un solo riñón y que le extirparon un ovario a los 16, cuando se hizo un tratamiento oncológico.

Sin embargo, dice: "Ningún médico quería arriesgarse a hacerme un aborto, porque tenían el temor de ir presos". Ella pensaba en qué iba a pasar con sus hijos adolescentes si moría.

En Internet se enteró de las Socorristas. Se encontraron en el centro y le dijeron que por su situación médica no podía abortar con misoprostol. Pero la acompañaron al Programa Provincial de Salud Reproductiva del Ministerio de Salud de Mendoza. "Yo no quería contar que había sido una violación porque me daba muchísima vergüenza que mis hijos se enteraran. Hasta el día de hoy no lo saben", dice.

Allí la atendió Pablo. No recuerda su apellido, pero para ella fue una luz en medio de tanta oscuridad. "Consiguió una carta del entonces ministro de Salud. Con todo eso y los estudios, fui al Hospital de Maipú, porque en el Lagomaggiore no me querían atender", recuerda.

Se demoraron 15 días en darle una respuesta. Ella dormía en el hospital esperando: no tenía plata para el pasaje de colectivo hasta su casa, a tres horas de viaje.

La internaron un lunes y le hicieron el aborto recién el domingo. Sobre esos días, cuenta: "Ni siquiera me tomaban la presión. Me ignoraban. El día de la operación vino una enfermera a rasurarme. Yo sentía dolor, pero no decía nada. Cuando llegó el médico, vio mucha sangre y le preguntó qué había pasado. La enfermera, respondió: 'Comparado con lo que ella va a hacer, lo que yo le hice no es nada '".

Ya en el quirófano, alguien le dijo: "Para qué abrir las patas para después terminar en esto".

Antes de que le dieran el alta, quiso buscar el médico que le había hecho el procedimiento para agradecerle, pero no lo encontró: "Me dijeron que trabajaba en una clínica privada: había ido solo a hacerme el aborto".

Hoy, Noemí está en pareja, estudió pedicuría clínica y trabaja de eso. "Nadie te entiende. Lo que viví me dejó muchas secuelas. Cada vez que escucho el caso de una chica que tiene que pasar por algo parecido, lloro por días porque yo sé lo que es estar ahí", asegura.

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