Gallardo y el riesgo de quedarse sin intocables ni puntos de apoyo

Christian Leblebidjian
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5 de marzo de 2018  

Marcelo Gallardo siempre fue el líder de su ciclo como entrenador de River. Desde el primer día, pese a que (lógicamente) todavía no lo avalaba ningún título. Pero desde aquél momento, en que empezó a tomar decisiones recuperando nada menos que a Leonardo Ponzio, Carlos Sánchez y Rodrigo Mora, poniendo a Funes Mori en lugar de Balanta y -ya más adelante- cambiando a Pisculichi por el doble 5 Kranevitter-Ponzio para dejar de lado el 4-3-1-2 y empezar a jugar 4-4-2. El comienzo de la historia que cosechó 7 títulos en tres años y medio de gestión.

Pero el fútbol vive de los contextos, de las renovaciones. Gallardo siempre también encontró una recuperación cercana luego de un traspié, tuvo la lucidez para activar una reacción y conseguir un nuevo título cuando los rendimientos de River no eran del todo positivos, individual y colectivamente. Quizá sea este el momento de mayores interrogantes desde que está en el banco millonario porque los entrenadores generan confianza en sus dirigidos a partir de una sumatoria de aciertos en la toma de decisiones, en la elección de los jugadores, en la planificación, en el contagio de una mentalidad ganadora. Gallardo se ganó esa confianza, sobre todo desde el punto de vista distintivo para River en el ámbito internacional. Y -hasta aquí- ante cada problema, encontró una solución.

El entrenador, dentro de esa forma de liderar, también tuvo como virtud que nadie tenía el puesto asegurado. Ni siquiera futbolistas que él se cansaba de elogiar como Maidana y Ponzio, que además lo ayudaban en la conducción del plantel puertas adentro. El central y el mediocampista se mantenían en el equipo por sus rendimientos. Y cuando pasaban por algún bajón, el DT los respaldaba. Así, juntos, volvían a arrancar.

La Copa Argentina 2017 fue un nuevo impulso para Gallardo, le renovó energías para extender su contrato y preparar los desafíos para 2018, pero hoy el principal déficit que tiene el entrenador no pasa tanto por un funcionamiento esquivo o los resultados que están por debajo de lo proyectado para esta temporada: es que se quedó sin intocables, sin puntos de apoyo incondicionales, de esos que sostienen la estructura en la adversidad. Hoy pueden ser reemplazados juntos Scocco y Pratto (como ante Chacarita), pero también Maidana y Ponzio. Las modificaciones son necesarias en la dificultad porque cuando algo no funciona, se debe pensar en golpes de efecto que encaucen la situación. Pero demasiados volantazos pueden mermar la confianza de hasta los más seguros. De ambos lados de la línea de cal.

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