Una tradicional casa en San Isidro adaptada para recibir a hijos y nietos

5 de marzo de 2018  

Desde hace casi 40 años, esta es la casa de una familia numerosa. Bueno, no era numerosa al principio, evidentemente, pero se fue ajustando con la llegada de seis hijos y los cambios que experimentó el barrio, tan característico. Hace 25 años se tiró abajo en su totalidad para ganar espacio y darle ese estilo inglés que la pone a tono con su entorno; recién hace tres se volvió a intervenir, en una obra a cargo del Estudio Bas-García Laredo que duró poco más de un año y medio (dividida en dos etapas), que se puso en marcha cuando aflojó un poco el trajín de una vida cotidiana para tantos, y cuando ya se imponía una nueva dinámica familiar: recibir a varios de sus hijos que hoy viven en el exterior junto con sus familias.

"La obra pesada (electricidad, cañerías, baños, cambio de ventanas y pisos, pintura) tomó ocho meses; la segunda, en la que hicimos a nuevo la cocina y el lavadero, cinco", nos explica la arquitecta Victoria Bas, coequiper del arquitecto Juan García Laredo.

Me (y les) pregunto cómo hicieron para entusiasmar al matrimonio dueño de casa para el segundo round después del caos, considerando que todo se hizo con ellos y dos de sus hijos viviendo allí. "Se la re bancaron", es la respuesta espontánea que sintetiza lo positivo de la experiencia. "Los dueños fueron sumamente pacientes. Tuvimos suerte en ese sentido, se amigaron con la obra". Qué bueno. Porque hoy, en esta casa fresca y renovada se sigue sintiendo el acumulado de un sinfín de momentos felices, y se nota la vibra de todos los que siguen sucediendo.

Modernización con foco en la historia compartida

“Los artefactos para iluminar los cuadros [como los de Luis Seoane y del uruguayo Carmelo de Ardazun, flanqueando la chimenea] son estándar, pero en este caso, dadas las dimensiones de la obra de Milo Lockett, lo hicimos a medida”. Crédito: Daniel Karp

"Antes era todo amarillito, y lo llevamos al color hueso. También diseñamos la iluminación, un gran sofá y mandamos a retapizar todos los muebles con telas de De Levie y de Bozart, como esa tan linda de las sillas junto a la chimenea, que está pintada a mano".

"Si bien los dueños estuvieron muy abiertos a la modernización, nos pareció importante no romper con la estética clásica. El espíritu de reunión, el amor por los cuadros y los libros, los objetos que hablan de una vida en común tenían que permanecer".

Los arquitectos a cargo de la reforma reconocen que lo único que los hizo repartir un poco el trabajo fue la llegada de su primer hijo. Crédito: Daniel Karp

"Si bien pensamos en conjunto, manejamos físicamente las obras por zonas, para optimizar tiempos", dice Bas. "Como nos apasiona el diseño, también hacemos muebles cuando el proyecto lo exige. No tenemos esa división de trabajo a la antigua en la que ella hace la ambientación y yo la obra. Los dos somos muy fanáticos y nos gusta estar en todo", agrega García Laredo.

"Uno de los puntos más desafiantes fue el cambio de las ventanas a la calle. De lapacho y vidrio simple, ya no podían contener el ruido del tránsito. Hoy tienen doble vidrio y triple cierre hermético, pero la misma estética, para no alterar la fachada".

La puerta abierta deja ver, al fondo, un cantero de rosas blancas. Crédito: Daniel Karp
En la galería se levantaron los pisos y se reemplazaron por cemento alisado con guardas de ladrillo. Además, se incluyeron sillas blancas y almohadones de Coin Vert. Crédito: Daniel Karp

"Este jardín es bastante especial. De hecho, no invitábamos amigos a jugar al fútbol ni hay lugar para una pileta: es chiquito para el tamaño de la casa, no responde mucho a lo que esperás desde afuera", se ríe uno de los hijos. "Es más la onda de un jardín inglés urbano. Eso no quita que hiciéramos nuestros casamientos acá: piso de deck, y a apiñar 180 personas para los festejos".

Mesas para compartir

Frente al clásico juego de comedor de madera lustrada, una consola traída de República Dominicana, de donde también vino el cuadro sobre ella. Crédito: Daniel Karp

El comedor también era amarillo. Junto con los dueños, a los arquitectos les pareció que una buena manera de darle potencia y, al mismo tiempo, un clima de contención e intimidad, era entelarlo en rojo y sumarle obras como el óleo de Luis Centurión, que vemos detrás de la cabecera.

Ventanas con DVH, triple cierre hermético y mosquiteros de enrollar (Marroncelli). Crédito: Daniel Karp

Todos los herrajes y barrales eran dorados, y los fuimos pasando a plateado para darles un look más actual. Son de una solidez fantástica: hubiera sido ridículo reemplazarlos
Victoria Bas

Arriba, el comedor diario, que originalmente era un escritorio y que hoy es sede de comidas informales, reuniones de trabajo o familiares alrededor de la mesa de lapacho con tapa de pergamino, diseñada especialmente para este ambiente por el Estudio.

Una cocina a nuevo

"La cocina era ‘el’ lugar donde hacer algo contemporáneo, y la renovamos por completo. En cuanto a la mesada, el espacio angosto obligaba a tomar partido. Transversal o paralela a la bow window, como antes. Y así es más luminoso y funcional".

Rodeando la bow window, ventanas oscilobatientes (Marroncelli) y, sobre la barra, tarteletas y merengues de Euí Bakery. Crédito: Daniel Karp

Acá la mesa es de incienso y las banquetas de incienso y cuero (diseños del Estudio ejecutados por Bacano). Por su parte, las sillas son de Philippe Starck para Magis, los muebles de Cocinas Cato, y tanto el horno como los anafes con sistema mixto de Ariston. Además, la campana fue hecha a medida en acero inoxidable por Bas-García Laredo.

"Desde el principio planteamos superficies uniformes, tener todo escondido en los muebles. En la cocina original había mucho estante a la vista, pilas de bandejas, fuentes de madera. Ahora son planos limpios, sin siquiera herrajes", detalla García Laredo, quien agrega que: "Hicimos barra alta, de 1,05m, para trabajar sin tener que agacharse. Y con tomas incorporados y el transformador de la batidora escondido en la mesada de mármol Calacatta (Ragomar)".

"Estéticamente, la madera supera a todos los materiales, lo mismo en cuanto a calidez. No hay que tenerle miedo en la cocina: solo un buen proveedor, excelente hidrolaqueado y buen espesor. Esto es lapacho de 18mm. Si con los años se mancha, se pule y se vuelve a tratar".

Con vista al jardín

La suite principal, con el lujo divino de su propia chimenea, tiene una cama con respaldo de cuero, banqueta a sus pies y otra contra el ventanal (todo del Estudio). A la mesa de luz junto a la ventana, la mandaron a lavar y le pusieron tapa de cuero. Crédito: Daniel Karp

"Mientras que las ventanas a la calle y a las medianeras se cambiaron por una cuestión acústica, las que dan al jardín quedaron. Son paños tan grandes que hubiera sido súper complicado. Por no hablar de que la vista es fantástica".

El ambiente se conecta con un baño compartimentado –que también tiene piso de madera– y un vestidor. Crédito: Daniel Karp (izq.)/ Cortesía Fernando Schapochnik (der.)

"En este sector los pisos son nuevos. Pero como concepto general, se preservó todo lo posible. Por ejemplo, muebles nuevos no se compraron. O diseñamos los necesarios a medida, o retapizamos y actualizamos los que estaban".

En la primera etapa de la reforma se replanteó el diseño de los baños y la instalación sanitaria en su totalidad.

Se utilizaron porcelanatos italianos (SBG) y mármoles varios (Ragomar) para los revestimientos y mesadas, y grifería de FV ‘Dominic Lever’. Crédito: Daniel Karp
Además del box de ducha se sumó una bañadera exenta marca Surface (SBG). Crédito: Daniel Karp

"Acá había un jacuzzi viejo, de esos que ocultaban tremendos motores en la base, y que nadie usaba. Ahora en esta bañadera divina se meten los nietos. Y pusimos una ventana nueva para acompañarla con una vista genial".

Donde siempre hay lugar para alguien más

En este cuarto turquesa se utilizaron géneros pintados a mano por Ana Fuchs y se colocó una esa de luz estilo Jean Michel Frank en cuero de potro (Duveen). Crédito: Gentileza Fernando Schapochnik

Al fondo del pasillo en el segundo piso, custodiado por una nutrida biblioteca, se llega al dormitorio de una de las hijas, que todos llaman el "cuarto Tiffany" por su inconfundible color.

Fue fundamental incorporar una ventana para techo (Velux). Crédito: Daniel Karp

En el tercer piso se dispuso la oficina del dueño de casa, la cual tiene una terraza privada con deck y barandas de vidrio para poder pasar varias horas de trabajo agradablemente.

Conectado con el escritorio, la planta tiene un dormitorio extra. Crédito: Gentileza Fernando Schapochnik

"¿Qué es lo más distintivo de la casa en sí? La ubicación: estar en el casco histórico de San Isidro, a pasos de la catedral, a pocas cuadras de tren, sobre una calle empedrada, con este pulmón de manzana y vista al río… Vivir en un lugar tan característico es único".

Junto al dormitorio hay un playroom, que originalmente era el cuarto de dos hermanos, con escritorios pesados, hechos a medida in situ que le daban la vuelta entera. Crédito: Daniel Karp

"Pensamos esta nueva etapa para que todos pudieran venir a visitar con sus familias y tuvieran su cuarto. Si se juntan varios, está el playroom, pero siempre hay lugar para uno más", concluyen los dueños de casa.

Texto: Inés Marini.

Foto de apertura: gentileza Fernando Schapochnik.

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