Aborto, Ciencia y religión: sobre Barañao y sus definiciones

Ignacio Silva
Ignacio Silva PARA LA NACION
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5 de marzo de 2018  • 17:29

Por primera vez en muchos meses me encontré con un argumento a favor del aborto proveniente desde el ámbito de la ciencia en el artículo publicado en LA NACION por el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Lino Barañao. Hasta ahora solo había encontrado argumentos de tinte científico en contra del aborto, por lo que bienvenido sea el aporte del ministro al debate.

El artículo, que intenta mostrar que el discurso científico está a favor del aborto, se encuentra lleno de incongruencias, tanto filosóficas como científicas, lo que es de lamentar dado que proviene de un académico y profesional de la ciencia como el Dr. Barañao. Aunque cada párrafo merece un análisis propio, voy a intentar una reflexión menos exhaustiva.

Comienzo por los problemas filosóficos. Barañao se olvida de las definiciones, tan importantes en cualquier debate académico y científico. Estoy pensando, evidentemente, en sus nociones de "ser humano", "vida humana" y "persona". Barañao dice que "no es cierto que el concepto de vida humana y persona sean equiparables", sin decirnos por qué y sin definir una y otra noción. Lo interesante es que, aunque dice que "la ciencia ha determinado que la vida humana comienza con la concepción, lo cual es cierto", más adelante afirma que "un embrión no es equiparable a un ser humano". Nuevamente, falta de definiciones.

Prefiero asumir que el ministro no define, en vez de aceptar que cae en contradicciones fatales para su argumento. Y agrega, una vez más sin definir, "si bien la vida humana comienza con la concepción, las características propias de una persona se adquieren a lo largo de la gestación". ¿Cuáles son tales características? ¿La "actividad cerebral detectable" a la cual se refiere más adelante? Pero entonces, ¿qué hacer con los pacientes en coma, sin actividad cerebral detectable, que terminan despertando (para quien le interese, siempre está el ejemplo de Eben Alexander, neurocirujano de Harvard, quien seguramente compartía opiniones con el ministro antes de su propia experiencia en coma). O mejor preguntar, si uno estuviese en la certeza de que un individuo en coma y sin actividad cerebral detectable fuese a tener tal actividad en un futuro cercano (digamos, en 14 semanas), ¿acaso dudaría en hacer lo posible para que viviese?

Paso a los problemas de tinte científico (los que seguramente el ministro, o cualquiera con más conocimiento que yo, podrá solucionar). El primero es el paralelismo entre la historia evolutiva de la especie humana (en un movimiento claramente retórico, Barañao reconoce que "la propia Iglesia Católica ha reconocido que la especie humana es producto de la evolución") y el desarrollo embrionario individual. El ministro afirma que "esta historia evolutiva de nuestra especie se reproduce durante el desarrollo embrionario, desde una célula primordial hasta una criatura que nace".

La pregunta que surge es ¿en qué momento del desarrollo embrionario el embrión pasa por ser miembro de la especie Australopithecus afarensis (que vivió hace alrededor de 3.2 millones de años a la que perteneció Lucy), o de la Homo habilis (2.5 millones de años), o de la Homo heidelbergensis (0.6 millones de años)? Asumo que lo que Barañao quiere decir es que el embrión humano pasa por distintos pasos en su desarrollo así como la especie humana llegó a ser Homo sapiens sapiens (el hombre moderno).

Esta analogía es llanamente mala: sin duda alguna la especie humana ha evolucionado de otras especies que no eran humanas (tal como el hombre moderno lo es; si hubiesen sido de la misma especie, no habría evolución de las especies y Barañao estaría dejando a Darwin sin su mayor contribución a la ciencia), pero la vida humana (que según el mismo Barañao comienza en la concepción) continua siendo humana, no deja de serlo, durante el desarrollo embrionario.

Un punto aparate merece la afirmación acerca de la información contenida en el ADN (dejo de lado la curiosa analogía con los huevos de gallina). Este quizás sea el único argumento verdaderamente "científico" de Barañao en todo el artículo. Según la ciencia genética, lo que un individuo podrá ser en cuanto a su corporeidad está incluido en su código genético, presente en la secuencia de ADN formada en la concepción (que es cuando comienza la vida humana, tal como Barañao lo afirma). Recurrir a la distinción, cierta por supuesto, entre información y complejidad, y afirmar que la primera aumenta proporcionalmente según el aumento de la segunda, no es suficiente para negar que el ADN presente en la concepción determinará las potencialidades del individuo en el futuro. Sin duda, el Dr Barañao podrá aclarar este punto mucho mejor que yo.

Finalmente quisiera reflexionar sobre el recurso a la muy interesante investigación de Dan Kahan (de Yale), sobre cognición cultural, que explica que un individuo no cambiará su opinión aun cuando se le presente evidencia en contra, por el hecho de preferir (inconscientemente) permanecer dentro de su grupo de pertenencia. Barañao utiliza esta investigación para sugerir que cualquier individuo religioso, aunque se le explique lo que él explicó en su artículo (sin demasiada definición), no cambiará su punto de vista simplemente porque quiere continuar perteneciendo a su grupo ideológico. Lo que Barañao no dice es que el mismo argumento puede ser utilizado para explicar por qué quienes aceptan el aborto no cambian su opinión aun cuando se les presente evidencia en contra exactamente por la misma razón de pertenencia (quizás el ministro caiga dentro de este grupo).

El debate sobre el aborto, tiene una importante base en la ciencia empírica que no debe dejarse de lado, tal como lo reconocen el mismo ministro y muchos hoy en día que se oponen a tal práctica. Pero es necesario, parafraseando al ministro no usar argumentos sin las correctas definiciones científicas y filosóficas para imponer a los demás convicciones propias de nuestra visión del mundo.

El autor es Doctor en Teología - Ciencia y Religión, University of Oxford e investigador del Instituto de Filosofía, Universidad Austral

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