VAR: no son los árbitros, son los datos

Marcelo Gantman
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5 de marzo de 2018  • 23:38

Los analistas de datos del Abierto de Australia, que reinventaron la utilidad de las estadísticas en el tenis, procesaron más de 37 mil puntos captados por el Ojo de Halcón en los últimos tres años para hacer análisis predictivos del juego. El Ojo de Halcón, como herramienta adoptada en 2005, estaba siendo sub ejecutada: servía solo para el objetivo de su creación (determinar si una pelota había sido buena o mala), cuando en realidad estaba capturando buena parte de la historia moderna del juego y con posibilidades casi infinitas. El VAR tendrá gusto a poco si solamente se usa como VAR desde Rusia 2018.

Es obvio que las denominaciones dicen mucho de los inventos. Hablar de Ojo de Halcón remite a un ave con una capacidad cuatro veces superior al alcance del ojo humano. Simboliza en el tenis una mirada que está por encima de ese instante de apreciación que no es suficiente para un juez en lo alto de la silla y para los que custodian las líneas.

El Video Assistance Referee (VAR), de traducción muy poco sexy al español, tiene limitada su misión desde el nombre: está como apoyatura exclusiva del árbitro del partido. No es una herramienta disponible para entrenadores y jugadores que puedan sentirse "víctimas" de algún error. El fútbol es un deporte de bajo goleo y justamente es por eso que no puede permitirse fallar en las grandes ocasiones: lo poco define mucho. Intervenir con el VAR sobre cuatro hechos puntuales de un partido (un gol, un penal, una infracción no vista por el árbitro y una confusión de identidad de jugadores) implica según la FIFA cubrir esas situaciones que puedan modificar el curso de un partido y la suerte de un seleccionado en el campeonato.

Marcado ese pecado original, que probablemente salven en el futuro otras nuevas reglas del fútbol, el VAR también podría quedarse en un recurso acotado cuando su potencial podría destinarlo a ser el mayor recolector de datos de la historia del fútbol. Por reglamento de la International Board, el VAR se desplegará sobre el mismo tendido de cámaras que se usarán para la transmisión de los partidos. También admite el agregado de cámaras que no sean de los "broadcasters", pero a la que puedan tener acceso los mismos canales.

El control de la sala de video es la clave del asunto. Los asistentes de los árbitros pueden avanzar y retroceder en vivo, ampliar las imágenes y pausar hasta encontrar lo que buscan. Así descubrirán si el árbitro se equivocó o no. Pero toda esa plataforma de video, además, podría cruzarse con herramientas analíticas, de aprendizaje automático (machine learning) e inteligencia cognitiva para darle profundidad al juego con la captura de los datos del partido.

Un "mapeo" total de toda la cancha, cuando el ojo de la transmisión televisiva se encarga solo de seguir a la pelota, permite recopilar información de todas las dimensiones de los partidos del Mundial. Eso fue lo que descubrieron los australianos con el Ojo de Halcón: no se trataba solamente del pique de la pelota, sino de cómo corren los jugadores, cómo impactan, qué dirección le daban al tiro, qué velocidad llevaba la pelota y qué ángulo si se trataba de un servicio. Hay mucha información, datos sueltos, en cada una de las acciones del juego.

La arquitectura de ese Big Data y la velocidad de poder interpretarlo es lo que deriva en las métricas que luego son útiles para conocer sistemas de juego, rendimientos individuales y entender cómo sucede lo que no llegamos a captar con nuestros ojos. El aprendizaje automático incluso hasta podría reemplazar a los árbitros que observan en la sala de situación, como ya sucede con las cámaras que procesan las foto-multas de los automovilistas que cometen infracciones en la calle. Los árbitros serían otro gremio con razones fundadas para pedirle al futuro que todavía no venga.

La experimentación con casi mil partidos en más de veinte ligas y federaciones (Lanús y River en la última Copa Libertadores fue uno de ellos) le permitió a quienes regulan el fútbol sacar las conclusiones finales para habilitar el sistema para Rusia. Algunos datos interesantes de la muestra:

  • El 57, 4 por ciento de las revisiones fueron por goles o penales.
  • Cada detención en promedio consumió 20 segundos del partido
  • El promedio de revisiones fue de 5 por partido
  • El VAR tuvo un 98,8 por ciento de aciertos
  • El VAR influyó en la definición del 9 por ciento de los partidos

La FIFA con el VAR no solamente tendría un ladero confiable para el árbitro. Tiene la posibilidad llevar el estudio y el análisis del fútbol a un nivel superior. Esas analíticas luego podrían usarse en la enseñanza del juego en divisiones juveniles, en la capacitación de directores técnicos y transformar esa información en contenidos atractivos para los fanáticos. En definitiva, en la construcción de una nueva biblioteca del fútbol en la era de la imagen y los datos que se sume a las innovaciones tecnológicas que la FIFA ya experimenta con otros soportes. El VAR traerá discusiones en Rusia 2018 porque es el fútbol el que lleva la polémica puesta. Es un deporte subjetivo, en el que no siempre gana el que jugó mejor y que lleva sus debates al infinito.

El VAR ayudará al árbitro en situaciones clave de los partidos de Rusia 2018. Si también sirve para captar datos, estructurarlos y difundirlos en forma didáctica, también servirá para ayudar al fútbol del futuro.

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