Damián de Santo: "Los casos de violencia género hay que denunciarlos en la Justicia"

El flamante conductor de Morfi, todos a la mesa habló de todo con LA NACION
El flamante conductor de Morfi, todos a la mesa habló de todo con LA NACION Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Pablo Mascareño
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7 de marzo de 2018  • 17:08

El último sábado, Damián de Santo visitó PH, el programa conducido por Andy Kusnetzoff. Cuando en la grabación previa, que muestra su llegada al canal, le preguntaron por Sol Pérez, figura mediática del momento también invitada al ciclo de Telefe, confesó que no la ubicaba: "No la tengo, me suena, la voy a conocer", dijo. Una respuesta que se convierte en la vara para medir cómo es, desde hace más de una década, la vida del actor que se encuentra radicado, con su familia, en la cordobesa localidad de Villa Giardino.

Si bien continúa activamente con su carrera, hay una parte de él que, sanamente, está desconectada de cierto pulso de la inmediatez. Aunque esa desconexión, irá mutando en un acercamiento con la noticia más cruda a partir de la nueva experiencia laboral que acaba de emprender como conductor de Morfi, todos a la mesa. "Desafío es placer, no incomodidad. Si me tiro en parapente no lo voy a hacer sin tomar clases antes", explica a LA NACIÓN, café de por medio.

El pasado lunes, a las nueve y media de la mañana, Damián debutó en reemplazo de Gerardo Rozín, quien continuará al frente de la producción general del envío diario y de la animación de la edición dominical, siempre por la pantalla de Telefe. No se trata de la primera vez en la que el actor se sumerge en el oficio de la conducción, ya lo hizo antes para señales como Infinito. Pero, nobleza obliga decirlo, no es este un debut más. Son varios los retos que debe enfrentar. A saber: insertarse en un formato que camina sobre rieles; despegarse de la figura de Rozín, pero mantener la impronta que el periodista le imprimió a su creación; apelar a una identidad propia que no modifique el estilo del programa; y, finalmente, y quizás ésta sea su mayor aventura, adentrarse en cuestiones de la actualidad urgente y sumergirse en algunas temáticas que hacen a los vaivenes del mundo del espectáculo y de la farándula. No es poco para alguien que amanece temprano mirando las sierras; se ocupa, con sus propias manos, de mantener a punto el complejo de confortables cabañas para turistas que construyó; lleva a sus hijos al colegio y le queda tiempo para gozar de un asado con amigos aún en días laborables. Para muchos sería algo así como cumplir el sueño del pibe. Lo es. "Villa Giardino es hermoso, un paraíso", dice, sin medias tintas, sobre ese rincón del Valle de Punilla en el que ve crecer a sus hijos Joaquín (16) y Camilo (11). Damián llegó al lugar en busca de paz y para que su mujer Vanina con la que está "casado en primeras nupcias", tal como vocifera orgulloso, tuviese la opción de desarrollar en un ambiente más amigable un embarazo que venía con complicaciones. "Tenía muchas pérdidas, había un cincuenta por ciento de chances de perderlo, pero llegamos a Giardino y no hubo más pérdidas. Hoy Joaquín tiene 16 años".

Desde esta semana, Damián vivirá de lunes a viernes en Buenos Aires. Luego de la última edición de Morfi, se subirá a un avión que lo dejará una hora después en Córdoba, donde Vanina, su mujer, lo pasará a buscar para desandar los casi cien kilómetros hasta Villa Giardino. Los domingos por la noche, luego del fin de semana a puro mate y asado en familia, el actor tomará un micro que se estacionará, cada lunes al amanecer, en Retiro: "Leeré y dormiré en cada viaje. Llegaré a Buenos Aires, una ducha y al canal".

-¿Hoy qué te sucede cuando estás en Buenos Aires?

-Hay algo que grafica muy bien la diferencia ente allá y acá. Estábamos en un departamento por la zona de San Isidro y el nene más chico escuchó ambulancias y bomberos toda la noche. Pensó que había pasado algo fuera de lo común. En Giardino, si escuchás una sirena, es porque le pasó algo al vecino. Uno se pone solícito, ayudás. También hay gente ermitaña, lógico, pero, en general, se da una mano.

-Podría decirse que en la vida de ciudades más pequeñas, o en los pueblos, se conservan lazos solidarios más ejercitados.

-En ciudades tan grandes como Buenos Aires siempre buscamos el disgusto de la situación, en lugar de ver la parte positiva. Comprás un auto y pensás que te están estafando. Te enseñan que tenés que pegar primero antes que te peguen a vos. A la larga, eso es un error.

Estilo propio

Zaira Nara y Damián de Santo, la nueva dupla de Morfi
Zaira Nara y Damián de Santo, la nueva dupla de Morfi

En esta nueva etapa, Morfi, todos a la mesa continuará con el espíritu festivo y sostenido con dos ejes: la actualidad periodística y lo gastronómico. Zaira Nara seguirá como coconductora, ahora formando tándem con De Santo. El equipo de colaboradores se completa con Malena Guinzburg (humor), Santiago Giorgini (cocina), Ariel Rodríguez (deportes), Paulo Kablan (policiales) y Melina Fleiderman (actualidad).

En el debut, el actor apeló a sus mejores herramientas: el humor y la espontaneidad y no le salió nada mal. Ingresó al set bailando con Zaira, a puro desparpajo y sin que se notase el madrugón. Desde cantar con las "nenas" fanáticas de Sandro hasta colocarse una típica bata roja como las que se calzaba el ídolo, Damián se movió con soltura, dejando en claro que lo suyo será la informalidad. "Nunca llegaré a la capacidad ni a los tiempos que maneja Rozín. El hace unas notas excelentes. Mi idea no es imitarlo. Cuando empezamos con el proyecto, le pedí una punta, que me dijera qué quería que hiciese. Gerardo fue claro, me dijo: ´quiero que seas vos. Eso busco´. Así que iré por ese lado", explica el flamante animador.

-Hay cierto estilo campechano, tanto en Rozín como en vos, que genera empatía en la gente.

-Gerardo marcó una tendencia que vamos a seguir, pero a la vez lo hago yo y no lo hace él. Somos dos personas distintas, yo vengo de la ficción. El me habrá visto como soy cuando me entrevistan, habrá notado que soy un remador que te bailo, te canto y que opino acotado.

-Llevando una vida tan distante de los ritmos de la televisión, ¿por qué aceptaste?

-Tengo casi 50 años y venía con ganas de hacer algo vinculado a la cocina. De hecho, lo estaba organizando en Córdoba. ¿Por qué Morfi? Hace tiempo que Rozín me venía proponiendo producirme algo, pero siempre le decía que no había madurado aún para poder conducir. Él me contestaba con un "yo se esperar" y me esperó. Hace poco, cuando vine a hacer la promoción de la película sobre la figura de Tita Merello, me preguntó cuándo íbamos a concretar la idea y ahí mismo le confesé que sentía que ya era el momento de arrancar. Se le propuso la idea a Telefe y acá estamos.

-¿Te tranquiliza ingresar a un formato probado?

-Entro a un programa armado, aceitado, donde trabaja gente muy amiga. Está hecho por un equipo divino. Zaira, mi co equiper, es muy dispuesta, trabajadora, muy simple. Y el resto de los compañeros es también muy macanudo. El de Morfi es un grupito divino. Necesito eso.

-¿Sos consciente que tendrás que comenzar a desarrollar ciertas estrategias periodísticas para entrevistar?

-Yo me paro en un lugar más natural. Soy alguien del pueblo que puede hablar y con la gastronomía en el medio, naturaliza esta idea.

-¿Habrá una exigencia mayor a la hora de enterarte qué pasa en el aquí y ahora inmediato?

-Yo trataba de no informarme tanto. Vivo haciendo cosas en las cabañas, así que estoy al tanto de los costos de la termo fusión, de las bolsas de cemento, pero no mucho más. No estoy abocado a la noticia, pero me entero de lo inevitable que, lamentablemente, son las malas noticias. Hace un tiempo, un amigo me llamó y me dijo que quería chequear si realmente yo estaba aislado del mundo. Me preguntó si sabía qué estaba sucediendo en ese momento. Le confesé que no. Me contó que había un tipo encerrado en una cápsula, cayendo desde 8000 kilómetros de distancia. "El mundo está mirando eso y vos estás ajeno al tema", me dijo. Así vivo.

-Tampoco era tan grave. No formaba parte de tu estándar de vida estar al tanto de la actualidad. Ahora es diferente al tener que conducir todos los días en vivo.

-Desde ya, ahora me voy a informar más. La gente multiplica lo que uno dice así, que no voy a hablar sin informarme antes. De lo que no conozco, no opino. Cuando dudo, me restrinjo. No me voy a tirar a la pileta sin saber.

El actor, que vive gran parte del año en Villa Giardino, dice que uno de los grandes desafíos que afrontará como conductor será el de ponerse a tono con los temas de actualidad
El actor, que vive gran parte del año en Villa Giardino, dice que uno de los grandes desafíos que afrontará como conductor será el de ponerse a tono con los temas de actualidad Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

-Suele suceder en algunos medios y, sobre todo, en formatos, con cierta informalidad en su dinámica.

-No será mi caso. Voy a profundizar en los temas que elija la producción, no puedo ser un ignorante. Tengo que tener un panorama general de lo que pasó hasta la hora del vivo y conocer a fondo la data de los invitados. La producción trabaja mucho, es genial. Solo les pido agua, mate, y buena música.

-¿Qué esperás del vínculo con los televidentes?

-Necesito que la gente se despierte a la mañana temprano y que, además de las noticias, perciba buena onda.

-Más allá de la información, la gastronomía es el otro puntal del programa, ¿cómo te llevás con ese tema?

-Me gusta comer rico, pero también sé cocinar, lo hacía con mi abuela de chico, mientras mirábamos cine argentino.

Serán esas tardes de pantallas en blanco y negro las que le permitieron interpretar a Luis Sandrini con gran acierto en la película Yo soy así, Tita de Buenos Aires, estrenada el año pasado con libro y dirección de Teresa Costantini. A pesar de su vida rural, el actor jamás dejó su profesión. Una buena mixtura la que logró. Campo y ciudad. Vida agreste y ficción.

En los márgenes

Aún cuando vivía en Buenos Aires y con una actividad incesante en su agenda, De Santo no era de los que se involucraba en escándalos ni se caracterizaba por opinar sobre los demás. Más allá de algún entuerto en un almuerzo con Mirtha Legrand, donde la conductora le recriminó la frase "hay que matar a los padres", con la que el actor se refirió, en una clara alegoría, a cierta independencia y ruptura de cumplimiento de mandatos; el actor no se sumó jamás a ningún tipo de rencilla para llamar la atención. La exposición diaria en vivo lo posicionará en un lugar más riesgoso, donde deberá esforzarse para mantener su atesorado perfil bajo: "Si no caí hasta ahora, no creo que caiga más. Así soy yo. Llevaré mi energía al programa".

El 12 de junio, el actor cumplirá 50 años. Momento de balances en una etapa simbólica conceptualizada como la mitad de la vida: "Ojalá me falten cincuenta más. Mi abuelo murió una semana antes de cumplir 100. Todo puede ser".

-Aceptar conducir Morfi, todos a la mesa, ¿tendrá que ver con esta etapa de la vida?

-Agradezco todo lo que Dios me dio, todas las posibilidades que me llegaron y el don del hacer. No sé si tiene que ver con la edad, pero sí con una madurez profesional y personal.

De Santo se define a sí mismo con un tipo normal que llegó a ser actor
De Santo se define a sí mismo con un tipo normal que llegó a ser actor Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

-Hay algo en vos que te ubica en un sitio no común para alguien que desarrolla un trabajo público.

-Entro en el rubro de gente normal.

-Definámoslo así.

-Fui chofer; vendí medias y llaveros; trabajé como bancario y preceptor y recién después, llegué a ser actor. Pero siempre fui el mismo.

-Más allá del talento, ¿será eso lo que la gente valora de vos?

-Soy mi única herramienta. La gente lo ve y lo percibe.

-¿Se le puede mentir al público? Podría mencionarte algún caso...

-Yo soy transparente para lo bueno y para lo malo. Hay gente que públicamente te hace a un copado y en la intimidad es jodida, pero la verdadera personalidad siempre se escapa por algún lado.

-Alguna vez, Héctor Alterio te dijo que "elegir con el corazón siempre es negocio".

-¡Es así! Tanto le agradecí esas palabras a Héctor. Las decisiones que uno toma haciéndole caso al cuerpo, siempre salen bien. Hay que decirle sí o no a lo que el cuerpo te está diciendo. Cuando estás en algo, y lo sentís raro, no hay que hacerlo. Te va a ir mal.

-Ser fiel al deseo e ir liviano de equipaje.

-Gracias al programa, me reencontré con la hija de una productora que alguna vez me produjo un ciclo. Ella era chiquita y ahora es una profesional. Nos saludamos con mucho afecto. Debe ser muy feo llegar a un lugar y tener que bajar la mirada porque a uno le debés cinco y al otro diez. Se genera algo incómodo. Con la propia historia siempre se construye el destino. Lo que pises en la subida, lo vas a encontrar en la bajada. El día que todos nos demos cuenta que ser buena gente es negocio, el mundo cambiará. En comunidades pequeñas se logra. Nosotros, en Giardino, somos un barrio en el que todos nos acompañamos. Hay ayuda.

Trailer de Tita de Buenos Aires

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Ni una menos

-Se conmemora mañana el Día Internacional de la Mujer y se llevará a cabo un paro de mujeres. Cuestiones como la violencia de género y la legalización del aborto hoy ocupan buena parte de la agenda social y política, ¿qué opinión te merecen estas cuestiones?

-Estoy de acuerdo en que hay que denunciar, no hay que quedarse en el comentario de la televisión.

-Apelar a la Justicia.

-Ese es espacio. Hay que denunciar en la Justicia. Si uno no hace una denuncia en el pueblo, parece que nadie roba. Hay que denunciar para que se enteren los que se tienen que enterar y se tomen cartas en el asunto. Me parece bárbaro que se respete a la mujer. Yo fui respetuoso de la mujer toda la vida, así debe ser.

-Y también sería un gran logro que nadie avale o tape.

-Que no haya nadie que avale. Y si hay alguien que avala, que la pague por su cuenta. Problema del que avala.

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