Un "nuevo" Lionel Messi para el Mundial del ahora o nunca

Sebastián Fest
Sebastián Fest LA NACION
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5 de marzo de 2018  • 23:00

La frase no la lanza cualquiera: "Leo está muy bien anímicamente y también en lo físico. Lo veo más maduro, pero lo más llamativo es que ahora define los partidos importantes. Antes no lo hacía tanto".

Hay algo más, añade ese hombre que conoce a Lionel Messi como pocos, quizá como nadie: "A diferencia de otros entrenadores, Sampaoli sabe llegarle al jugador. Les saca lo mejor, los convence. Y los jugadores lo están agradeciendo".

Música para los oídos de Jorge Sampaoli y Claudio Tapia, pero también para los de Mauricio Macri y Gianni Infantino. Cuando faltan 100 días para el partido inaugural, cada uno de ellos tiene razones para sentir el de Rusia como el Mundial del ahora o nunca. Lo es para Messi (¡gran obviedad!), pero también para ellos.

Sampaoli, al que la selección ya le pasó por el costado una vez, sabe que eso de seguir en el puesto tras el Mundial puede quedar en la nada si la Argentina no cumple un buen papel. "Sería lograr lo que siempre soñé desde muy chico", confesó la semana pasada. Es, entonces, ahora o nunca para él.

A Tapia le sucede algo parecido. Muy poco tiempo atrás, ni él mismo se imaginaba en la presidencia de la AFA. Ahora o nunca también para Chiqui.

El presidente de la Nación está obsesionado con el Mundial. Quiere saber todo, pregunta hasta por el último detalle. Sueña. La historia dice que Raúl Alfonsín evitó salir al balcón de la Casa Rosada con los jugadores en 1986, aquel año del último título, el de la copa de Maradona. Si llegara la copa de Messi, ¿qué haría Macri? Es ahora o nunca, podría pensar.

Infantino, que estará el mes próximo en Buenos Aires por un día y medio, es muy parecido a Macri: un hincha de fútbol con un volumen de pasión que por momentos desborda los límites esperables de alguien en esos cargos. El presidente de la FIFA adora a Maradona, aunque el pacto que el entrenador del Al Fujairah aceptó incluye dos cláusulas: toda la exposición que quieras, pero nada de dinero de la FIFA. El asunto, además, es que Maradona es un símbolo del pasado e Infantino quiere proyectarse al futuro. Sabe que la posibilidad de compartir el escenario del Messi campeón mundial es, también, un ahora o nunca. No habría mejor foto posible, sería una imagen para todos los tiempos.

Que tantos coincidan en la urgencia de coronar un gran Mundial es especialmente interesante tratándose de una selección que estuvo cerca de quedarse fuera de Rusia por una doble razón: porque jugaba muy mal, sí, pero también porque Infantino amenazó directamente a Macri con suspender a la Argentina. Fue cuando el Presidente le dijo que quería intervenir la caótica AFA. El Gobierno debió recular ante la fuerte reacción de Zurich y se llegó así a la "intervención light" que fue la comisión normalizadora de Armando Pérez. Si Infantino pudiera volver atrás, quizá reaccionaría de otra forma ante la idea de Macri. Algo de eso dejó entrever el mes pasado en Davos, cuando se vio por primera vez cara a cara con el Presidente. No se lo dijo a Macri, pero sí a gente que trata con ambos.

Todos los detalles importan en esta recta final hacia el Mundial. Que Messi haya prácticamente resuelto la liga española el domingo con su golazo de tiro libre ratifica aquello de que hoy es decisivo en partidos importantes. Ese tiro libre fue no solo la llave que aflojó casi definitivamente el candado de la liga. Fue también la señal de largada para entrar en "modo Mundial", y la dio en medio de la preocupación que tiene por la situación de Matías, uno de sus hermanos mayores. Atento a todo, sabe que los hinchas del Barcelona sueñan con la final de la Champions en Kiev. Y aunque Messi no lo dirá, ese trofeo es este año un asunto menor comparado con el desafío ruso.

Sampaoli, que vivió un fin de año turbulento por su incidente con policías en Casilda, está hoy mucho más tranquilo, aseguran aquellos que lo ven casi a diario. Siente que "le agarró la mano" a la relación con Messi. Entendió que, ante el "10", ceder es a veces ganar.

Ganar. Solo de eso se trata este Mundial. Cuatro años atrás, Messi encaró la recta final hacia Brasil en medio de líos impositivos, tensiones en el Barcelona de Gerardo Martino y una insólita gira ("Messi y sus amigos") de partidos por América. Hoy no hay nada de eso, disfruta del poder que tiene en la selección y, por diferentes razones, coincide con Sampaoli y Macri en el deseo de no ir a Israel para el insólito amistoso-cábala que quiere la AFA. Un viaje demasiado complejo y sin peso futbolístico cuando lo que está en juego es tan importante como el Mundial del ahora o nunca

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