Lionel Messi puede ser feliz con dos líneas de 4

Juan Pablo Varsky
Juan Pablo Varsky PARA LA NACION
Sampaoli y Messi
Sampaoli y Messi
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5 de marzo de 2018  • 23:00

"Vamo'a ser feliz con línea de cuatro", cantaban los futbolistas en el micro mientras sufrían el camino a Rusia. Jorge Sampaoli los escuchó pero no cambió su plan: tres centrales, dos laterales de largo recorrido, un delantero y dos mediocampistas centrales para potenciar la sociedad Messi/Dybala. No funcionó. La incertidumbre activó el revoleo de nombres durante los últimos cuatro partidos de las eliminatorias. Biglia, Banega, Pizarro, Gago, Enzo Pérez, Salvio, Acuña, Acosta, Papu Gómez, Rigoni, Pastore, Dybala, Icardi y Benedetto tuvieron sus respectivos minutos para cinco puestos en el equipo. Con Romero, Mercado, Otamendi, Mascherano, Di Maria y Messi estables, el resto rotó según la ocasión.

Ya clasificado, el seleccionador probó el cruyffista 3-rombo-3 ante Rusia, con chances para Pezzella, Lo Celso y Kranevitter, más Agüero de 9. En el minuto 76, entró Cristian Pavón. Cambió el ritmo, le ofreció pase claro a Messi, sirvió a Kun para el único gol y recibió el decisivo patrocinio del 10 para estar entre los 23: "Puede ser un jugador muy importante. Es rapidísimo y decide bien".

La derrota ante Nigeria encendió alarmas. Banega no hizo pie de cinco solo y quedó expuesta la fragilidad de los costados. Sin laterales que los respaldaran, Pavón y Di Maria padecieron la aceleración de los suplentes nigerianos en la segunda mitad. Reapareció un viejo defecto de este equipo, al que se le ven las costuras cuando pierde la pelota, se parte en dos y lo atacan por afuera.

Sabella detectó este problema en el exitoso 2012 cuando Zabaleta y Rojo quedaban a merced de los rivales. Lo resolvió cuando llegó el momento de la verdad en Brasil 2014. Se desgarró Agüero contra Nigeria y puso a Lavezzi para armar un 4-4-2 en los duelos mano a mano. Logró convencer a Messi, perjudicado por la menor compañía.

Martino trajo el 4-3-3 de su Newell's, con interiores y extremos. Leo volvió a la derecha como punto de partida. Higuaín, Agüero y Tevez compitieron por el 9. Con altibajos, el equipo tuvo concepto y funcionamiento pero perdió dos finales por penales. El Tata renunció por el descalabro institucional de la AFA.

Bauza vino con el 4-2-3-1 de su San Lorenzo. No contó con Messi en la mitad de sus partidos. Cuando lo tuvo, también lo usó de wing derecho como arranque. Sin concepto ni funcionamiento, fue despedido por el nuevo presidente Tapia.

Casi en simultáneo con la llegada de Sampaoli al seleccionado, Leo experimentó la metamorfosis de Barcelona post Neymar. Tras dos sacudones ante Real Madrid por la Supercopa de España, el entrenador Valverde archivó la idea de los tres atacantes por falta de balance. El 4-4-2 le quitó peligro y le agregó orden. Messi y Suárez no están solos. Sergi Roberto y Jordi Alba, el mejor socio del 10, desbordan como extremos. Paulinho y Rakitic se descuelgan del medio y llegan a definir. Iniesta se desgasta menos e influye más. El equipo gana. El 10 lo valora: "Perdimos potencial ofensivo, pero nos ayudó en defensa. Tenemos más equilibrio".

A 100 días de Rusia, las experiencias de la Argentina y Barcelona le ofrecen una vía alternativa a Sampaoli. Más simple, pensando en el poco tiempo de trabajo antes del Mundial. Entre el descanso y la recuperación tras la exigente temporada, no habrá tantos entrenamientos para desarrollar una idea.

Las características de los jugadores convocados (y por convocar) sugieren un probable ajuste del DT, que definió al sistema táctico como un parámetro para defender. Los números telefónicos son una referencia para la cobertura de espacios. Con la pelota es otra historia. Riquelme lo dijo en Fox Sports: el equipo de Messi siempre juega a lo que a él le salga. Veremos si se concreta la Sabellización 2014 o la Valverdización 2018. Atención Maluma baby: Leo y la selección pueden ser felices con dos líneas de cuatro.

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