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La comitiva de Summit Aconcagua recaudó más de un millón de pesos para una ONG

Ezequiel Baraja, el espartano, y Julián Weich, fueron los encargados de subir la bandera de los Juegos Olímpicos a la cumbre del Aconcagua. Los acompañaron Ulises Corvalán y Guillermo Fuentes, dos guías de la expedición, y Pablo Betancur, el camarógrafo.
Ezequiel Baraja, el espartano, y Julián Weich, fueron los encargados de subir la bandera de los Juegos Olímpicos a la cumbre del Aconcagua. Los acompañaron Ulises Corvalán y Guillermo Fuentes, dos guías de la expedición, y Pablo Betancur, el camarógrafo. Crédito: @BuenosAires2018
María Ayzaguer
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6 de marzo de 2018  • 12:25

Lo lograron: luego de trece días de una expedición extenuante, dos integrantes de la comitiva de Summit Aconcagua llegaron a la cima de 6.962 metros de altura y allí plantaron la bandera de los Juegos Olímpicos de la Juventud Bs. As. 2018. Fueron Ezequiel Baraja, miembro del equipo de rugby Los Espartanos, y Julián Weich, el conductor que ofició de embajador del proyecto.

Así lograron recaudar, entre los once participantes, más de un millón de pesos (1.286.072$) para la fundación Baccigalupo, que trabaja con el deporte para personas con discapacidad intelectual. La Fundación Leo Messi aportará 835.440$; la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat, 250.632$; y la empresa Allianz y el cantante Axel, 100.000$ cada uno.

Inicialmente se había estipulado que las fundaciones donarían determinada cantidad de dinero por cada metro que ascendiera cada uno de los participantes de la expedición. Culminado el desafío, La Fundación Leo Messi y la de Amalia Lacroze de Fortabat decidieron donar el máximo posible, como si hubieran ascendido todos hasta la cumbre.

"Fue un día épico, es realmente increíble lo que pasó", contó a LA NACIÓN Matías Gutiérrez Moyano, ideólogo del proyecto, quien destacó que el grupo estaba conformado por personas no montañistas, inexpertas, que sortearon condiciones climáticas muy duras.

Alegría en la cumbre

"La verdad que es difícil expresarlo, son sensaciones increíbles" cuontó feliz Ezequiel Baraja, segundos antes de embarcar el avión que lo llevaría de vuelta a casa . Hace menos de tres años recuperó la libertad - estuvo preso por robo calificado- y hoy no sólo se puede preciar de volver al penal de San Martín sólo para jugar con Los Espartanos, si no que de ahora en adelante contará que también escaló el cerro más alto de América.

Hombre de rugby, consultado acerca de qué sintió cuando llegó a la cumbre no pudo más que hablar del trabajo en equipo: "Sentí una alegría inmensa en representación de nuestro grupo. No llegué solo, llegué por la fuerza de mis compañeros".

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