DE MINORIAS: OTRAS VOCES, OTROS AMBITOS

Nacen a contramano de las leyes de Hollywood, pero muchas veces son absorbidos por la industria
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26 de diciembre de 1999  

La década del 60 culmina con broncas, peleas y protestas contra la injusticia. En 1965, matan a Malcolm X, radical luchador por los derechos afroamericanos. En 1968 Martin Luther King, líder de la integración racial, es asesinado brutalmente... El 11 de junio de 1969 un grupo de homosexuales neoyorquinos enfrentó a la policía en una cruenta batalla en el hoy mítico Bar Stonewall...

El cine, como testigo y protagonista de los acontecimientos, fue haciendo de la furia,imágenes y sonidos. Aunque el estallido de algunos de estos testimonios de celuloide tuvo años de espera, conteniendo el aliento.

Uno de los desafíos de las democracias modernas es el reconocimiento de las identidades diferentes. Los gays se han afianzado como grupo económico de peso y como grandes consumidores de cultura; la cantidad de habitantes latinos y afroamericanos en los Estados Unidos habla de un mercado enorme que busca sus formas de representación y sus propias historias donde sentirse reflejado. Estos factores han hecho que, desde afuera, la industria busque captar a esta audiencia enorme. El cine puede ser utilizado como medio para construir la identidad del grupo y para expresar la forma en que este reconocimiento se ha dado. Por lo tanto, frente a la denominación de cine de minorías, se opone la de cine de identidades no hegemónicas (en oposición al modelo de hombre blanco, anglosajón, protestante y heterosexual).

El cine norteamericano posee dentro de su aparato industrial una serie de grietas que dan lugar a voces de grupos que se han intentado callar: las llamadas minorías raciales y sexuales (es decir, cine de latinos, de negros, de gays, lesbianas, travestis, transexuales o bisexuales a los que podrían agregarse muchos más: cine de italoamericanos, de gran relevancia hacia fines de los stetenta y ochenta con Francis Ford Coppola y Martin Scorsese como pilares, japoneses-americanos, etcétera.). Algunos nombres resuenan, otros apenas se conocen: Spike Lee, John Singleton, Gregory Nava, Miguel Arteta, Todd Haynes, Norman René, Rose Troche, Gus van Sant, Gregg Araki, Mary Harron, Lourdes Portillo, Tom Kalin, Mario Van Peebles, George Tillman Jr., John Sayles, John Waters.

El cine hecho por y para afroamericanos estalló en los tempranos años 70 con los blaxploitation films (cine de explotación para negros). Son películas que combinan historias de sexo, violencia y crimen, con ciertas fantasías de rebelión anárquica. Pobladas de detectives, drogadictos y vendedores de droga, planteaban una rebelión contra la burguesía americana. Quentin Tarantino, uno de sus principales admiradores, utilizó para protagonizar a Jackie Brown a la estrella número uno del blaxploitation , Pam Grier (que hizo en 1974 un film de gran éxito llamado Foxy Brown ). Melvin van Peebles hizo el primer suceso con Sweet Sweetback´s Baadasssss Song , en 1971, y fue el principal productor de este tipo de películas.

Desde una perspectiva muy popular, el blaxploitation sentó las bases para una estética de la rebeldía aunque, por otra parte, mostraba el mundo de los afroamericanos como un universo oscuro y peligroso. Hay quienes se aferran a lo primero para estar a favor y quienes hacen hincapié en lo segundo para denostarlo. Años después, y gracias en parte a Tarantino, ha sido revalorizado por la cultura popular.

Ya bien entrados los años ochenta, la figura de Spike Lee se alza como el emblema del cine de afroamericanos, fuertemente politizado. En su cine, se recorren los problemas de integración en la sociedad de la comunidad afroamericana con la comunidad blanca norteamericana y los problemas que esta tensa convivencia provoca.

Lee (del que conocimos este año la inquietante -aunque obvia y discursiva- S.O.S. Verano infernal ) ha construido su figura de cineasta militante a través de un viaje que comenzó con una mirada intensa desde el interior de la vida metropolitana en ese verano terriblemente caluroso que enmarca como clima su mejor obra, Haz lo correcto (1989).

Su postura política más intensa se marca al intentar la biografía de Malcolm X (1992). La elección del personaje no es casual y es coherente con la figura de Lee. ¿Por qué no filmar la vida de Martin Luther King, un personaje igualmente interesante e importante en la lucha por los derechos civiles? Lee elije contar la historia de Malcolm X porque se acerca más a su manera de hacer cine y de ver el mundo: polémico, radical, explícito y, de alguna manera, sensacional.

El resultado es un film que se queda a medio camino entre el biopic y la declaración política. Sin la presencia de un extraordinario actor como Denzel Washington, el film hubiera sido seguramente mucho menos poderoso.

Presentada en Cannes en 1991, Boyz´n the Hood (1991) fue la consagración de un interesante debutante de 23 años, John Singleton. Ubicada la acción en la comunidad negra del sur de Los Angeles, un padre divorciado intenta criar a sus hijos lejos de los valores de violencia con los que convive en su barrio. Una frase extraordinaria del padre resume la postura de todo el film: "Eso es lo que los blancos quieren de nosotros, que nos matemos los unos a los otros y mantener bajo el nivel de población negra". En sus películas posteriores ( Poetic Justice , 1993, y Higher Learning , 1995), una cierta falta de convicción en la anécdota debilita la construcción del conflicto.

Mario Van Peebles, hijo de Melvin, fue actor, modelo publicitario de la agencia Ford, productor de films de acción de clase B y director de cine. Entre sus obras como realizador se destacan dos importantes éxitos de crítica y público: New Jack City (1991), una historia sobre los zares de la droga, y Posse (1993), un spaghetti western sobre una comunidad negra en constantes peleas contra un sheriff racista.

Con un elenco de gran solidez, encabezado por Vanessa Williams y Vivica Fox, Soul Food (1997), el primer film de George Tillman Jr. que logra distribución internacional (estrenado sólo en video en nuestro país como Alimentando el alma ) narra la historia de tres hermanas negras y sus respectivas familias durante la larga agonía de la madre.

Algo muy sintomático ocurre con los cineastas afroamericanos: sus carreras comienzan con películas de gran potencia y una fuerza extraordinaria y van debilitando su postura (y la puesta en escena que articula esta postura) film tras film. ¿Es por la inserción en sistemas de producción mayores? ¿Los cineastas no pueden sostener su discurso en estructuras productivas mayores? Si los canales de producción son los grandes estudios, finalmente los discursos se homologan y se confunden en un mismo confín ideológico.

El cine hecho por latinos es una fuerza de resistencia que, al no tener buena distribución ni publicidad en el cable, parece más silenciosa de lo que en realidad, es. Con un par de muy buenas películas y una comprometida lucha política, el cine hecho por latinos es un intenso fresco que recorre los laberintos de la formación de la identidad. Si el cine de afroamericanos tuvo su eclosión en los años 80 (durante la era Reagan-Bush), los latinos comenzaron a hacer oír su voz apenas iniciados los 90.

Gregory Nava, el más importante director norteamericano sobre temas latinos, nació en San Diego, California, pero es hijo de mexicanos. Desde su Opera prima, El Norte (1983), que narra la historia de un grupo de guatemaltecos al Norte y su intento de adaptación en California, le dio su nominación para el Oscar como mejor guionista. Junto con su mujer, Anna Thomas, conforman una dupla de director y productora (y coguionistas), pilares del cine de temas latinos.

Con Mi familia (1995) surgen actores fectiche para personajes latinos que luego hicieron carrera y fueron adquiriendo peso por fuerza propia: Jimmi Smits, Edward James Olmos- director de American me - y la actual megaestrella Jennifer Lopez.

Algo que ha facilitado la incorporación de temáticas de latinos en el cine norteamericano ha sido la fascinación que han tenido los espectadores (y, por tanto, los productores) por figuras de gran atractivo, tales como Andy García, Salma Hayek y el español Antonio Banderas. El gran problema de muchos de ellos es que se pusieron de moda en determinado momento y cuando dejaron de ser redituables quedaron relegados a roles secundarios.

Con Selena (1998), Gregory Nava se consagra como el más importante director de cine de temas latinos. Eligiendo como figura a la mítica cantante asesinada por la presidenta de su club de fans, el film tiene el objetivo de ampliar el mito. Selena es mostrada como una especie de Cenicienta moderna que, siempre con su fuerza y simpatía, logra superar los prejuicios por ser latina y ganar al gran público, el sueño de miles de adolescentes.

Alfonso Arau comenzó a dirigir cine al mismo tiempo que se dedicó a la actuación. Luego de un par de films como director realiza su más grande éxito, Como agua para chocolate , filmada en español y con una importante distribución internacional. Luego, es convocado para dirigir la remake del clásico italiano Un paseo por las nubes (1995), un fiasco de crítica y público.

Un director que desde las raíces del cine de bajo presupuesto (con enorme campaña de marketing mediante) saltó al mainstream es el geniecillo de 30 años nacido en Texas, Robert Rodríguez. Tras el éxito del supuesto film-más-barato-de-la-historia, El mariachi, saltó a la fama. Con un costo declarado de siete mil dólares (que deben haber alcanzado sólo para el rodaje), el film recaudó más de diez millones en todo el mundo. Con Desperado, instaló definitivamente a Banderas en el mercado norteamericano y lanzó a Salma Hayek a las arenas de la industria. Rodríguez se caracteriza por un cine muy efectista que coquetea con el terror y el cine de acción.

Desde el más personal de los viajes surge el cine de la directora Lourdes Portillo con su extraordinario film El diablo nunca duerme. Documental autobiográfico, Lourdes investiga la muerte de su querido tío y emprende un viaje al pasado, tratando de encontrar las claves de su familia. Entre el melodrama mexicano, el documental y la estética kitsch, Portillo articula uno de los relatos más interesantes sobre la identidad que ha dado el cine.

Miguel Arteta ocupó el centro de la escena en 1997 cuando la Fox pagó una suma exorbitante por la distribución de su película Star Maps. La misma cuenta la historia de un chico latino, Carlos, que llega a Los Angeles soñando ser el próximo Antonio Banderas. Arteta, criado en Costa Rica e hijo de un peruano y una española, ha vivido en carne propia lo que es ser extranjero en Estados Unidos. En una entrevista realizada en el Festival de Mar del Plata (donde el film participó de la Competencia Oficial), declaró: "Como hicieron oír sus voces los afroamericanos en los años 80, así estamos haciendo los latinos".

Los cineastas del llamado cine queer (el cine con temática gay, lésbica, travesti, transexual, bisexual y, en forma más amplia, la diferencia) han provocado una fuerte renovación estética y política en el cine norteamericano.

Además, han logrado que la industria creara su estética políticamente correcta de lo queer con films entrañables tales como El objeto de mi afecto, La boda de mi mejor amigo, Es o no es o Mejor imposible. La propuesta principal de estas historias es mostrar un estado de cosas donde la homosexualidad forma parte de la vida cotidiana y logra su lugar de integración, sin demasiadas complicaciones, en su entorno social inmediato.

El cine queer (en inglés, raro, extraño) tiene sus orígenes en la movida underground de los años 40 a los 60, con cineastas como Keneth Anger, Jack Smith y Andy Warhol, y sus aires de renovación transgreden las fronteras norteamericanas: el Fassbinder de Querelle (1982) y La ley del más fuerte en Alemania, toda la filmografía de Derek Jarman en Inglaterra, por dar algunas muestras.

Diego Trerotola, investigador del Área de Estudios Queer y Multiculturalismo, con sede en el Centro Cultural Ricardo Rojas, comenta: "A diferencia del pedido de derechos civiles, lo queer se especializa en construir una suerte de activismo que ataca la dominante noción de lo natural. Lo queer rompe tabúes, es monstruoso y siniestro".

La piedra angular del cine queer americano en los años 90 fue Longtime companion, de Norman René, primer film sobre el SIDA en la comunidad gay de Nueva York. Obtuvo la nominación al Oscar para Bruce Davidson como actor secundario y logró una importante distribución internacional.

En los años siguientes surgen dos figuras destacadas: Todd Haynes (que con Poison fue la sorpresa del año en Sundace 91) y Gregg Araki (que reciclando a Godard hace su road movie queer con The living end, en 1992). La filmografía de Haynes sigue con una obra maestra, Safe (1995), sobre un ama de casa burguesa que sufre de enfermedad ambiental (el mal del siglo XX) en un film que parece ser el sucesor de El desierto rojo, de Antonioni. Según Tom Kalin, Safe es un film queer sin personajes gays. Con Velvet Goldmine, su homenaje al glam rock, cierra un camino hacia el regocijo por el artificio y la máscara...

Gregg Araki hizo, entre otras, The doom generation y Nowhere (vistas en cable últimamente). En The doom... Araki se propone hacer una película sobre tres jóvenes en la ruta en un viaje hacia ningún lado. Neobarroco, fragmentado y con una estética muy cercana al videoclip, Araki logra un film de climas y sensaciones. En Nowhere pone su aguda mirada sobre el fin de siglo, donde la juventud parece digirse hacia el no lugar.

Un pionero en la revisión queer fue Gus Van Sant, con su film Mala noche (1986), donde narraba la historia de amor entre dos jóvenes marginales filmada en un expresionista blanco y negro. Con Mi mundo privado (1991), su mejor obra, Van Sant hizo su entrada al mainstream, mezclando elementos de la cultura popular con elementos de la alta cultura (Shakespeare, Welles).

Swoon (1992), la opera prima del productor y director Tom Kalin, cuenta la historia de Loeb y Leopold, dos asesinos ricos y homosexuales de Chicago cuyo móvil para el asesinato es espeluznante: demostrarse a sí mismos que podían salir ilesos de un crimen. Con la misma anécdota que La soga (1948), de Hitchcock, Kalin retrata en blanco y negro la dura pugna interna entre los complejos personajes.

Con Go Fish (1994), Rose Troche hizo su prometedora entrada como directora. Su film, rodado en blanco y negro y con un presupesto más que escaso, narra los encuentros y desencuentros de un grupo de lesbianas.

Divertida, plagada de diálogos inteligentes sobre el rol de la mujer en la sociedad, con un estilo desenfadado construye un fresco de personajes queribles en sus virtudes y sus contradicciones.

En una línea muy diferente, Mary Harron (junto a la gran actriz Lily Taylor) impacta con su film de 1996 Yo maté a Andy Warhol. Es la historia de Valerie Solanas, joven habitué de la Factory de Andy Warhol que el 3 de junio de 1968 entró en la sala y llegó a dispararle al zar del arte neoyorquino.

La mentora del principal cine independiente de fuertes riesgos estéticos es la productora Christine Vachon, artífice de Killer Films, empresa que llevó adelante films de Haynes, Solondz, Troche, Harron, Cindy Sherman, Tom Kalin. Vachon prefiere los films que implican un reto. En sus propias palabras: "Básicamente, un film de bajo presupuesto es una crisis esperando por suceder". Gracias a productores de esta fuerza, las voces de los cineastas más personales que ha dado el cine norteamericano llegan a escucharse en otros ámbitos.

Robert Amsel , en un artículo sobre Stonewall publicado en The Advocate el 15 de septiembre de 1987, cuenta que "por alguna extraña razón, la policía ese verano decidió llevar adelante un ataque total a los clubes ilegales de la ciudad; no se limitaron a las razzias en locales para gays, sino también a los clubes de negros e hispanos heterosexuales".

Los tres grupos que se recorren en esta nota fueron objeto de persecuciones policiales a fines de los sesenta y años después tuvieron un cine que expresó esas disidencias.

El cine de afroamericanos en los años 80, el de los latinos y el queer cinema en los 80 y 90 han dado muestras de gran importancia en la renovación visual y sonora del cine de los últimos años.

Teniendo en cuenta que el cine de Hollywood se ha transformado en la voz dominante de todas las pantallas del mundo, cualquier cine de cinematografías locales se instala dentro de la categoría de film de identidad no hegemónica. El cine español, el argentino o el francés son susurros en la oscuridad de la pantalla plateada.

Hollywood quiere imponer el tipo de imágenes y sonidos que representan a todo el universo. Siempre resulta indispensable que haya otros relatos, otros lenguajes que resuenen como cámara de eco para pequeños lugares de voces personales. En la Argentina, el éxito de films como El sabor de la cereza, Cuento de otoño o El coronel no tiene quien le escriba, habla de un público ávido por otra clase de experiencias.

Christine Vachon dixit

  • "Un film de bajo presupuesto es como dar a luz un niño. Tienes que reprimir el horror o no lo harás nunca."
  • "Todo film independiente está hecho por prestidigitación. Está construido sobre contradicciones, y su fuerza motora debe ser la pasión por el proyecto."
  • "Luego de Poison y Swoon fui llamada la reina del cine queer, un sobrenombre que me repugna. Luego fui atacada por una escritora lesbiana por hacer sólo películas con hombres gays... ¡Esto luego de haber producido apenas dos films!"
  • "Poison es un buen ejemplo de cuán fácil es hacer una película cuando no sabes lo que estás haciendo. La ignorancia te hace valiente. Si hubiera sabido todo lo que sé ahora, nunca hubiera hecho la película."
  • "Yo no fui a una escuela de cine. Lo sé, muchas personas aprenden lo básico allí. El problema es que todos los que salen de ellas dicen: quiero ser un director. Pero alguien debe hacer el café".
  • "Hacer películas es una actividad inmoderada."
  • El caso Velvet Goldmine

    Velvet Goldmine es una pieza fundamental de la cinematografía queer. El extraordinario poema visual propone en dos horas una alocada visión sobre la diferencia. Su multiplicidad de temas lo hace único. Por un lado narra la historia del dandismo desde Oscar Wilde hasta David Bowie, haciendo una extraordinaria analogía entre el autor dublinés y los representantes del glam rock. Por otra parte es una gigantesca alegoría sobre la máscara y el triunfo de la misma, es el triunfo del arte sobre la vida, de lo que uno elige ser sobre lo que uno realmente es. Y, por último, narra el descubrimiento de la sexualidad de un joven periodista a través de la fascinación por el arte y la identificación con los artistas.

    La respuesta de Todd Haynes a la oscuridad del mundo es el grito brillante de una mina de oro forrada de terciopelo.

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