Hallazgo astronómico de un cerrajero

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7 de marzo de 2018  

Víctor Buso, cerrajero profesional y astrónomo por vocación, decidió probar una nueva cámara como medio complementario del telescopio con el que contaba, instalado en la terraza de su domicilio. Su punto de mira se concentró en la galaxia espiral identificada como NGC 613. La sorpresa que le dispensaron las imágenes captadas cada 20 segundos fue la captación del nacimiento de una estrella supernova, acontecimiento que se daba por primera vez ante la visión humana. Según sus palabras, la percepción de una realidad tan significativa lo llevó a efectuar un llamado mundial, a fin de que los observatorios de otros medios, dotados de recursos más poderosos, pudiesen confirmar su descubrimiento. Esa respuesta exterior lo confirmó y así se amplió la riqueza de la información inicial.

En esa tarea colaboraron investigadores del Conicet; del Instituto de Astrofísica de La Plata, como Melina Bersten, Gastón Folatelli y Omar Benvenuto; del Instituto Argentino de Radioastronomía, como Federico García, y de la Universidad Nacional de Río Negro, como María Orellana. Asimismo, compartieron tareas personal científico de los Estados Unidos y Japón. Bersten y Folatelli hicieron saber que por primera vez en la historia se había observado la etapa de la explosión seguida por la aparición estelar de una supernova.

Durante el proceso citado se dan fenómenos opuestos de condensación y dilatación estelar, de modo que se ve cómo la estrella se inflama, se agiganta y, al llegar a un punto crítico, estalla y origina ondas de choque, entre otras consecuencias.

Los astrónomos profesionales han reconocido el mérito de este logro extraordinario, que, según se estima, solo puede darse una vez cada siglo, de modo que las probabilidades de captación en los medios científicos son remotas y se calculan en 1 entre 10 millones en el curso de una centuria y en la mejor previsión.

Es interesante agregar que en las imágenes logradas por Buso el objeto estelar que convoca el interés va elevando su brillo de manera desconocida hasta que la onda expansiva alcanza la superficie de la estrella, luego de recorrer su interior y liberar luz con intensidad asombrosa.

Como opinó Estela Reynoso, investigadora del Conicet, el descubrimiento ya entró en la historia de la astronomía mundial y puso a Rosario y a la Argentina en el centro de la atención de todos los astrónomos que estudian estos cataclismos.

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