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Cherubicha, un refugio de caballos sostenido por la pasión de una familia

Gabriela Origlia
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13 de marzo de 2018  • 01:38

CORDOBA. Ardilla es color canela, le falta una de sus patas delanteras y tiene una prótesis. Sus dueños querían sacrificarla. Jorge Ceccoti y Claudia Bustelli la rescataron, la atendieron, la cuidaron. Sus hijas, las mellizas Macarena y Micaela, de 16 años, Lourdes (11) y Gema (5) la alimentaron, la abrazaron. La yegua es uno de los 200 caballos que viven en el refugio Cherubicha, en Villa Rumipal, Calamuchita.

La vida de esta familia está marcada por los caballos. El papá de Claudia era profesor en la Escuela Municipal de Equitación en Palermo [a él le decían "Cherubicha" que significa "mi jefe"] y su mamá montaba y saltaba. "Heredé la pasión y la transmití. La tenemos en el ADN", dice ella.

A Jorge lo conoció porque era el encargado de transportar los caballos desde Buenos Aires hasta Río de Janeiro para una competencia de salto. Ella integraba el equipo. Unieron pasiones y, después de que les robaran algunos animales, decidieron dejar su vida porteña e instalarse en Calamuchita.

La yegua tobiana Meli y la alazana Aamancay juegan en el refugio Cherubicha

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No fue fácil por -cuenta Claudia- "vecinos y animales no se llevan bien". Por eso dejaron el primer pueblo, Villa Amancay, y se corrieron unos kilómetros hasta Villa Rumipal, donde ocupan las seis hectáreas de una reserva natural que les prestan y, además, alquilan un campo para poder albergar a los caballos y a unos cien perros.

Cherubicha se sostiene por el esfuerzo de la familia (que tiene un único ingreso, el de Jorge), la solidaridad de los vecinos, los socios que aportan $100 mensuales (hay una campaña en marcha para sumar más) y quienes quieren "apadrinar" caballos. Las clases de equinoterapia que ofrecen también son gratis. Todo es a pulmón, por amor a los animales.

En Cherubincha hay unos 200 caballos
En Cherubincha hay unos 200 caballos

Tres veces se quiebra Claudia durante la charla con LA NACION. Le gana la emoción que le provoca contar historias como las de Ardilla [su hermano, Patriota, también llegó herido] o Primavera, las yeguas amputadas, a las que describe como "luchadoras. Se levantan, comen, galopan en tres patas, se superan". Margarita nació con una malformación en sus patas, mal alimentada y débil trabajaba y tiraba carros en un cortadero de ladrillos; ahora es una más en el refugio.

"Nos llaman porque saben de algún caballo maltratado o que tuvo un accidenteñ. Los incendios en esta zona en 2013 también dejaron muchos heridos -cuenta Claudia mientras termina de dar de comer a los animales-. Hay todo tipo de situaciones y acudimos en ayuda de los caballos. Con los perros es parecido, siempre tenemos entre 80 y 120. No podemos bajar de ese número".

Amor incondicional

Un rollo de alfalfa cuesta $1600 y dura, a lo sumo, tres días. Los "padrinos" se encargan, básicamente, de la medicación de los caballos. En el caso de los perros, durante el verano alimentarlos es más fácil porque los hoteles les donan los restos de comida. También los visitantes suelen llevar una bolsa de balanceado. "Usamos hasta tres por día. El tema de la plata es lo más difícil".

Pintita llegó con el tendón de una pata cortado (se enredó al saltar un alambrado) y Popeye es un sobreviviente del incendio. Herido, regresó a la casa desde donde cada día llevaba a los chicos al colegio. Estaba muy mal, pero su dueño intentó salvarlo y lo llevó al refugio. Norteño también venció a las llamas y, con las marcas en su pelaje, sigue en Cherubicha.

Popeye, un caballo rescatado de un incendio, recibe cuidados en Cherubicha

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Las mellizas saltan y sus caballos preferidos son Nairobi y Mazón, a quien comparten con Lourdes. A Gema, desde siempre, la lleva en el lomo "El Colorado Juan". Junto con algunos voluntarios, dedican muchas horas a la "contienda diaria" de alimentar, curar y limpiar a los animales.

Juran que no se cansan. Se alegran cuando hay adopciones y disfrutan de la vida en la naturaleza. Sus papás aseguran que su energía los impulsa en los momentos más complicados.

Una familia entera dedicada al cuidado de los animales
Una familia entera dedicada al cuidado de los animales

"Con los caballos todo es gratificante", remarca Claudia. "Nos convertimos en su familia. No piden nada, solo una caricia, un rato de juego. Son nobles. Cuando están por morir no quieren hacerlo porque estás al lado. Son todas cosas que llenan el alma", relata emocionada.

El sueño de la familia es poder mejorar las instalaciones. Si logran una cesión de los terrenos, a largo plazo piensan en construir una clínica con quirófano para los caballos.

"Uno aprende que los caballos son de todos. Hay quienes le hacen un papel, le ponen un chip, le cargan datos, todo porque son muy caros. Pero si les pasa algo, pese a lo mucho que le dieron, los dejan. Y terminan con nosotros. En Cherubicha hacemos todo lo posible para que se recuperen y sean felices".

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