Cuando viajar no es solo conocer nuevas tierras

Iván de Pineda
Iván de Pineda LA NACION
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11 de marzo de 2018  

"Viajar es marcharse de casa, / es dejar los amigos / es intentar volar / volar conociendo otras ramas / recorriendo caminos / es intentar cambiar. / Viajar es vestirse de loco / es decir "no me importa" / es querer regresar. / Regresar valorando lo poco / saboreando una copa, / es desear empezar. / Viajar es sentirse poeta, / es escribir una carta, / es querer abrazar. / Abrazar al llegar a una puerta / añorando la calma / es dejarse besar. / Viajar es volverse mundano / es conocer otra gente / es volver a empezar. / Empezar extendiendo la mano, / aprendiendo del fuerte, / es sentir soledad. / Viajar es marcharse de casa, / es vestirse de loco / diciendo todo y nada con una postal, / Es dormir en otra cama, / sentir que el tiempo es corto, / viajar es regresar."

Estas palabras las escribió Gabriel García Márquez y no hay viaje que emprenda en el que no deje de buscar algo para llevarme en mi mente y en mis pensamientos. Algo que me haga tener una perspectiva diferente sobre la aventura que esté encarando en ese mismo instante, en la que un nuevo mundo se abrirá ante mis ojos. Los estímulos serán todos diferentes; la geografía, dispar; los usos y costumbres, tal vez en las antípodas de lo que seguramente estaré acostumbrado; escucharé voces extrañas y me perderé en entramadas escuadras urbanas.

Miraré con añoranza lo que he dejado atrás pero también lo que tendré por delante. El tiempo no valdrá lo mismo, por momentos corriendo rápidamente, o desplazándose lenta y perezosamente por la cara del dial, tanto así que a veces no sabremos si estamos terminando o comenzando. Por momentos nos sentiremos en una inquietante soledad, ya que nos abstraeremos de lo que nos rodea para procesar lo que ingresa en nuestro cuerpo y alma en la introspección más natural y a veces más certera. De ahí pasaremos a inundarnos en un mar de gente, de sonidos, y nuestra cabeza será sometida a un vaivén frenético para tratar de no perdernos nada de lo que miramos y observamos.

Experimentaremos la plenitud que nos da el espacio abierto y la libertad de decisión absoluta, y esto nos dará bríos para ponernos a prueba a cada instante, no solo mental sino físicamente. Estableceremos vínculos muchas veces efímeros, de esos que casi duran un suspiro, con la gente y sus lugares, pero que, les puedo asegurar, tendrán un impacto absoluto en el porvenir.

Porque soy de esos que creen que un viaje no es solo el movimiento corporal y mental del traslado de un sitio a otro, en el que uno conoce nuevas tierras y parajes y se maravilla al dejar todo esto en un archivo fotográfico.

El verdadero viaje también es aquel que nos moviliza y nos emociona; en el que no importa cuánto tiempo haya pasado desde que lo realizamos, sigue en nuestro ser como si fuese ayer, con el cual hemos crecido; ese viaje que nos ha dejado una pieza de información de la que haremos uso en el futuro, que nos ha dejado una postal que cuando cerremos los ojos nos lleve al lugar más puro de nuestra alma.

Y viajar, como dice Gabo en su poema, también es regresar. Es volver a casa. Es compartir con nuestros seres queridos lo aprendido. Viajar es la narración absoluta de lo experimentado, donde en cada oportunidad volvemos a partir a ese viaje utilizando la palabra y transformándonos en un perfecto bardo.

Porque el regreso nos da el puntapié ideal para emprender una nueva aventura.

"Si quieres conocer más de ti, sal de viaje y el camino te enseñará". Anónimo.

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