Grooming: el riesgo es que los padres crean que sus hijos saben cuidarse solos

Sebastián Bortnik
Sebastián Bortnik MEDIO: Miembro fundador de Argentina Cibersegura
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17 de marzo de 2018  • 00:22

La gran mayoría de quienes hoy somos adultos recibimos en nuestra niñez el consejo de no hablar con desconocidos y, en mayor o menor medida, sabíamos que había "adultos malintencionados" que podían querer contactarnos, siendo la salida del colegio el lugar declarado de mayor riesgo. Sin embargo, hoy llevar esa misma situación a Internet tiene un componente fundamental que hace a la esencia del grooming. Hoy, el adulto puede simular ser otro menor de edad, algo imposible de hacer en el mundo físico y demasiado sencillo en el mundo digital.

Por eso, el grooming (cuando un adulto se relaciona a través de un perfil falso con un niño o niña con fines sexuales, le pide fotos o intenta organizar un encuentro) pasó en pocos años de ser un tema desconocido por la gran mayoría de las personas, a ocupar un lugar en la agenda de la sociedad.

Si yo fuera a una plaza cualquiera, eligiera padres y madres al azar, y les hiciera una serie de preguntas, estoy casi seguro de que conozco algunas respuestas. Si les consultara sobre quién es el responsable de hablar con su hijo o hija sobre sexualidad, el consumo de alcohol o sus proyectos de futuro, seguramente dirían "nos ocuparemos en casa, en la familia y acompañará la escuela".

Sin embargo, si a esas mismas personas les consultara sobre quién se ocupa de enseñar a los menores sobre la navegación segura en Internet, la gran mayoría contestaría sin dudar: "Eso, los chicos lo aprenden solos".

Gran parte de los riesgos a los que están expuestos los chicos en Internet adquieren otras complejidades al tratarse de medios digitales. Con el grooming, aparecen algunas dimensiones distintas a las que ya conocíamos quienes vivimos una infancia sin computadoras y sin la Web.

Lamentablemente, estos peligros tienen nombre y apellido, como la triste aparición sin vida de Micaela Ortega en 2016, una niña de 12 años que fue engañada a través de una red social por un adulto que simuló ser de su misma edad. Lo mismo pasó hace pocos días con el asesinato de una niña de 11 años en la ciudad de Junín, en otro caso de grooming seguido de muerte, cuyo presunto asesino tendría tres perfiles distintos de Facebook, con mayoría de menores de edad entre sus contactos.

La problemática del grooming debe ser abordada desde dos ejes complementarios: la prevención y la contención. Pero, ¿por qué mayormente los adultos consideramos que los menores de edad "saben cuidarse solos en Internet"? La respuesta es sencilla: los vemos tan cómodos con la tecnología que nos da la sensación que saben todo.

El primer paso es hablar

Al igual que con la educación sexual, las drogas, el alcohol o casi cualquier problemática asociada a riesgos, el primer paso es hablar del tema. Ese diálogo, en casa o en las aulas, debe contemplar conversar sobre otros casos que hayan llegado a los medios para explicarles los peligros, consultar a los chicos qué están haciendo en Internet, qué aplicaciones o redes sociales están utilizando, qué fotos o contenidos están subiendo y cuáles están consumiendo.

Y el objetivo de ese diálogo y esa prevención debe ser sencillo. No es necesario que los menores se conviertan en expertos en ciberseguridad o estén preparados para averiguar quién está del otro lado, ni deben saber cómo perseguir pedófilos en la red. Simplemente, deben estar preparados y saber que el grooming existe, para poder pedir ayuda a tiempo.

Finalmente, esto nos lleva al eje de la contención. Si cuando un menor pide ayuda, la respuesta como adultos va a ser el enojo, el reto; el resultado va a ser niños y niñas que no se animan a contarlo en sus casas y contactan a especialistas u organizaciones través de redes sociales para compartir las situaciones de riesgo que están viviendo.

Enseñarles a pedir ayuda debe estar acompañado con responsabilidad, comprensión y mesura cuando finalmente lo hacen. ¿Cómo reaccionar? Escuchar, contener y denunciar. Siempre denunciar. Desde el año 2013 el grooming es un delito contemplado en el Código Penal y por eso es importante denunciarlo a la línea 134 o en fiscalías especializadas.

Las consecuencias del grooming ya no son invisibles, los casos ocupan las portadas de los diarios y el prime time en televisión. Como adultos, la responsabilidad es hacernos cargo, ocuparnos y, al igual que en muchos otros temas vinculados a la protección de los niños, no dejarlos solos.

El autor es experto en seguridad informática y miembro fundador de Argentina Cibersegura .

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