Un lujo que no lo es tanto

Javier Arroyuelo
Javier Arroyuelo LA NACION
Reino selfie: La modelo Gigi Hadid, parte de la generación que posa de gala en gala para sus fans en el mundo
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11 de marzo de 2018  

En los últimos decenios, la industria de la moda sufrió transformaciones drásticas, como se puede constatar mirando las vidrieras y los percheros internacionales y la miríada de videos que andan sueltos por las redes. Hay, por ejemplo, un lujo de un tipo nuevo, que imita al verdadero y es oficialmente ofrecido como tal a un público masivo que no está educado para hacer la distinción. (Y hay incluso en la moda gente que cree que las prendas del Balenciaga actual son de muy buena factura).

Uno de los cambios más significativos es el que ha afectado a las categorías del mercado, desplazadas todas a la vez por una suerte de solevamiento tectónico. Imperioso, un movimiento venido bien de abajo introdujo la indumentaria popular, la moda de la calle, en la pirámide de las jerarquías de la moda y entremezcló los estratos que hasta allí la conformaban.

En la cima de la pirámide, el lujo debía iniciar, inevitablemente, sus deslizamientos propios.

Hasta la segunda mitad de los años 80, el mundo del lujo era una constelación de casas y marcas, repartidos por especialidades -alta costura y prêt-à-porter, gran marroquinería, zapatos, joyería, textiles, tricot-, cada una de ellas en manos de una misma familia, verdaderos linajes profesionales que perpetuaban tradiciones y sapiencias. Aparecieron en aquel momento, atraídos por la envergadura económica que la moda adquiría, los hombres de negocios provenientes de áreas totalmente ajenas a ella, resueltos a anexar a sus conglomerados en crecimiento constante cuanto nombre prestigioso hallaran apetecible.

Maniobradas desde entonces según la más estricta lógica financiera, las casas de moda de lujo crean hoy prendas espectaculares cuya primera y única función es generar el máximo de atención pública posible. Las insustituibles celebrities revestidas en aquellos modelos épicos posarán de gala en gala para los batallones de fotógrafxs y, al instante, millones de fans -no todos espontáneos, sépase- diseminarán tecleando en todas las direcciones de la esfera terrestre las imágenes relumbrantes que harán que al día siguiente la clase media china corra a comprar carteras y sobre todo billeteras y monederos con las que vivir abrazadas (hasta el próximo evento, la semana siguiente).

Productos que posiblemente hayan sido confeccionadas en la China misma, o en algún otro punto de Asia, o quizá, más conveniente aún, en el Viejo Continente, fíjate tú, donde ciertas exrepúblicas soviéticas y otros países del Este se muestran también extremadamente competitivos en cuanto a explotación del personal. Estamos lejos, en todos los sentidos, de aquellos talleres legendarios donde artesanxs excelsxs transmitían sus secretos de generación en generación, realizando prendas y accesorios irreprochables, verdaderas creaciones de lujo.

No son, es obvio, esas exquisiteces las que se ofrecen hoy bajo el nombre de affordable luxury a la masa de los millennials y sus progenitores, adictxs todxs a Instagram, el salón virtual donde ellxs se enteran de qué se usa y cómo y cuándo, sin preguntarse jamás por qué y para qué, y donde Gucci y Louis Vuitton tienen más de 20 millones de fans cada uno. En las búsquedas de Google, ambas marcas llevan la delantera ante Chanel, Prada y Burberry, según estadísticas establecidas en diciembre, mes de la fiesta del gasto. Estos datos confirman mi convicción de que el gran lujo en la vida es no seguir la moda, sino observarla y tenerla al alcance como fuente de posibles placeres, y en lo posible, vestirse con dos pesos.

Entretanto, el verdadero lujo sigue existiendo. Algunas de las grandes maisons lo siguen ejerciendo. También otras, más discretas, de perfil bajo (otro gran lujo), conocidas por una clientela no menos reservada. Hay gente aún que no corre detrás de espejismo alguno.

El autor ha colaborado en Vogue Paris, Vogue Italia, L'Uomo Vogue, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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