"Por qué decidí no abortar"

Rochi, tiene casi tres años, tiene síndrome de Down, y una insuficiencia renal crónica terminal.
Rochi, tiene casi tres años, tiene síndrome de Down, y una insuficiencia renal crónica terminal.
Candelaria Lucca
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8 de marzo de 2018  • 10:29

Me propusieron abortar. Venía todo tan mal, que la única solución al "problema" era eliminarlo. Con mi marido, Luis María Caballero, estábamos esperando nuestra tercera hija. Estaba en la semana catorce y los estudios indicaban que mi bebé era inviable, sin posibilidades de vida fuera del útero materno; y que muy probablemente moriría durante la gestación. Los médicos del hospital de Barcelona (estábamos viviendo en España por una beca estudiantil de mi marido), nos dijeron que en el hipotético caso de que sobreviviera, sería una persona que jamás podría caminar.

¿Para qué prolongar este sufrimiento? ¿Para qué seguir, si al final el resultado sería el mismo? Eso nos decían en un lugar donde el aborto es legal, gratuito y al alcance de todos. En un país donde tienen todo "aceitado" y protocolizado. El procedimiento era muy simple: dar el consentimiento, y en unas horas estaría todo resuelto. Los médicos nos aconsejaban con la mente y el corazón fríos. Sin tener en cuenta que aquello de lo que hablaban era nuestra hijita.

Con esas palabras que martillaban mi cabeza, con el corazón desolado, solos con mi marido, en un consultorio gélido desde lo humano, no pudimos hacer otra cosa que llorar desconsoladamente, aceptando que el futuro de nuestra hija era incierto y, seguramente, muy difícil. Pero así, abrazados, seguimos adelante.

Y no nos arrepentimos. Es más, somos felices. Nuestra bebé sobrevivió, nació y empezó a crecer. Es la misma a la que veíamos chuparse el dedo en las ecografías, moviéndose cuando acariciábamos mi panza. Y todos los miedos y angustias que teníamos, empezaron a desvanecerse en el aire. Nuestra Rochi nos ha mostrado, una y mil veces, que los obstáculos se superan con mucho amor, paciencia, confianza, ayuda, optimismo, Fe y miles de cosas más que nos hacen más humanos y más personas. Y eso es lo que, a fin de cuentas, todos queremos ser en esta vida.

Rochi, tiene casi tres años, tiene síndrome de Down, y una insuficiencia renal crónica terminal.
Rochi, tiene casi tres años, tiene síndrome de Down, y una insuficiencia renal crónica terminal.

Hoy Rochi tiene casi tres años. Tiene síndrome de Down, y una insuficiencia renal crónica. Actualmente está en diálisis y a la espera de un trasplante de riñón. Nosotros compartimos nuestra experiencia de padres a través de la cuenta de Instagram rochimodel.

Siempre me pregunto, en momentos de desesperación, qué hubiera pasado si bajo esa presión y esa tristeza hubiéramos elegido el otro camino.

Me hubiera perdido de esa mirada especial, esa mirada transparente, esos ojitos que dicen tanto, y sobre todo hablan de amor. Me hubiera perdido sus risas contagiosas, su risa cómplice con sus hermanos, su risa que inunda toda la casa y vuelve de colores un día gris.

Me hubiera perdido escuchar su voz diciéndome ¡Mamá! y escuchar llamarnos a todos, a cada uno de los miembros de nuestra gran familia, por su nombre. Siempre de a poquito, despacito, dando todo por superarse.

Me hubiera perdido sus llantos a mitad de la noche, pidiendo abrazos y mimos porque tuvo pesadillas, o porque le duele la panza.

Me hubiera perdido miles de idas al médico, en las que, durante la espera, ella aprovecha para saludar, tirar besos, pasar de brazo en brazo de personas que acaba de conocer.

Me hubiera perdido sus abrazos espontáneos y sus besos tirados con la mano, que pueden cambiar un día duro, en un segundo.

¿Qué hubiera pasado? Me hubiera arrepentido para siempre. Yo no sería la misma, la familia entera no sería la misma, la sociedad no sería la misma. Sólo ella le da una cualidad especial a nuestra familia. Sólo ella brilla con esa luz tan propia. Ella nos ha demostrado, con su vida, que no sobra. Que nadie sobra. Que todos venimos al mundo con una misión.

Su misión es clarísima: lograr una sociedad más justa y con más amor, donde las discapacidades sean tenidas en cuenta y abrazadas con respeto.

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