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Cómo se vive el fútbol en Irán: ¿Por qué la FIFA consiente el apartheid de géneros?

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8 de marzo de 2018  • 13:17

El fútbol también es pasión en Irán, pero por ahora es un deporte destinado a ellos
El fútbol también es pasión en Irán, pero por ahora es un deporte destinado a ellos Fuente: AP

En los últimos meses, el mundo recordó una vez más el apartheid de géneros que hace mucho tiempo existe en Irán y el valor de las mujeres iraníes que languidecen en la sombra. A fines del año pasado, las manifestantes comenzaron quitándose el hiyab que las obligan a llevar en público y los agitaron en señal de protesta. Al menos 29 mujeres fueron detenidas por exigir la libertad de mostrar su pelo. Algunas fueron golpeadas. Todo eso en un país en el que los maridos tienen el derecho legal de prohibir que sus mujeres trabajen y donde el testimonio de una mujer en la corte vale la mitad del de un hombre.

¿Por qué Gianni Infantino, presidente de la FIFA, consiente la misoginia de la República islámica?

Infantino -quien tomó las riendas de las FIFA en 2016 tras un escándalo de corrupción que hizo caer a su predecesor, Sepp Blatter-, estuvo en Teherán la semana pasada, entre otras cosas, para encontrarse con el presidente iraní, Hassan Rouhani, y para solucionar una larga disputa entre clubes iraníes y saudíes. El 1º de marzo, el presidente de la FIFA asistió al clásico de Teherán, uno de los partidos más importantes del año en el país, en el estadio nacional de fútbol, llamado Azadi, que en iraní significa "libertad".

Una acción de protesta de las iraníes frente a una mezquita
Una acción de protesta de las iraníes frente a una mezquita Fuente: AP

Ese nombre es una ironía con un gusto amargo para las mujeres iraníes, que no tienen derecho a ingresar al estadio desde la Revolución Islámica de 1979. En 2006, el entonces presidente Mohmoud Ahmadinejad suprimió la prohibición aduciendo que la presencia de mujeres "promovería la castidad", pero su decisión fue anulada justo un mes después por el líder supremo, el ayatola Ali Jamenei. Después, en 2012, la exclusión de las mujeres se extendió también a los partidos de vóley.

Hasta Arabia Saudita abrió sus estadios a las mujeres: en el último otoño boreal, luego de su histórica decisión de permitir a las mujeres conducir autos, el príncipe heredero Mohammed bin Salman abrió el ingreso de las simpatizantes femeninas al estadio Rey Fahd de Riad, al palacio de los deportes Rey Abdullah de Yeda, y al estadio Príncipe Mohamed bin Fahd de Dammam.

Pero las mujeres iraníes todavía están esperando que les permitan acceder a las tribunas. En abril del año pasado, ocho mujeres fueron arrestadas por ingresar al estadio Azadi para ver un partido vestidas con ropa de hombres. La prohibición es el tema de la aclamada película de 2006 de Jafar Panahi llamada Offside, que para sorpresa de nadie, fue prohibida en Irán. Hasta Blatter, un hombre que no se ha hecho precisamente famoso por su rectitud moral, en 2015 le pidió a Irán que pusiera fin a la exclusión de las espectadoras femeninas."El clásico de Teherán es uno de los partidos más importantes del año", me escribió en un email uno de los activistas radicados en Teherán que colabora con Open Stadiums, una organización que lucha por el derecho de las mujeres a asistir a eventos deportivos en estadios como el Azadi. "El mayor deseo de muchas chicas y mujeres es ingresar al estadio Azadi. Infantino tuvo aquí la enorme oportunidad de hacer una declaración sobre la igualdad y la dignidad. Si se hubiera negado a asistir al partido, habría propiciado un gesto increíble en favor de las mujeres iraníes." El activista pidió guardar el anonimato por temor a las represalias.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, con el presidente de Irán, Hassan Rouhani
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, con el presidente de Irán, Hassan Rouhani

Según un tuit de Hadi Nili, del servicio persa de la BBC, durante su visita al estadio Azadi, Infantino pareció ignorar las preguntas de una periodista sobre "los derechos de las mujeres a ser admitidas en los estadios". Mientras tanto, fuera del estadio, 35 mujeres fueron detenidas por intentar observar el partido junto con sus conciudadanos y el presidente de la FIFA. Según el activista de Open Stadiums, muchas otras mujeres que intentaron ingresar al estadio con ropa de hombre también fueron arrestadas.

¡Qué oportunidad desperdiciada! Imaginen solamente si Infantino hubiese hecho una declaración para explicar por qué no podía asistir al partido. O si hubiese dicho que solo asistiría si lo acompañaban algunas estrellas del fútbol femenino. O si hubiera asistido al partido, pero aprovechando la oportunidad para exigir la igualdad hacia las mujeres en el fútbol iraní.

Ese gesto se habría ajustado a esa imagen de una FIFA digna por la que Infantino lucha incansablemente desde que asumió el cargo. "Vamos a restaurar la imagen de la FIFA y el respeto de la FIFA, y todo el mundo nos va a aplaudir", dijo durante su discurso de aceptación en febrero de 2016.

Las reglas que gobiernan la máxima organización del fútbol mundial son muy claras respecto de la discriminación. El artículo 4 de los Estatutos de la FIFA pone especial énfasis "en detectar y abordar los efectos diferenciadores en función del género, así como en promover la igualdad de género y prevenir cualquier clase de acoso, incluido el acoso sexual". Y en mayo del año pasado, como parte de un contundente esfuerzo para relanzar su imagen, la organización adoptó una política de derechos humanos que prometía "ejercer una presión efectiva" para fortalecer "los derechos humanos en o a través del fútbol".

O no.

El 1º de marzo contacté a la FIFA para preguntar sobre la visita de Infantino al estadio Azadi. "La FIFA está fuertemente comprometida con promover la protección de los derechos humanos, incluyendo especialmente el derecho de las mujeres para asistir a partidos de fútbol", dijo un vocero, y agregó que uno de los "principales objetivos" del viaje de Infantino era plantear esa cuestión. "Durante su encuentro con el presidente iraní Hassan Rouhani, el presidente Infantino subrayó la importancia de que todos los hinchas de fútbol, cualquiera sea su género, deberían tener permiso para alentar y apoyar a sus equipos favoritos dentro del estadio, especialmente en un país como Irán, donde toda la población es tan fanática del fútbol. El presidente Rouhani prometió novedades positivas en el futuro cercano".

En las palabras suena bien, y quizás esta vez la FIFA se tome en serio ponerle presión al presidente Rouhani. Pero la verdadera prueba de la seriedad de la FIFA es si está dispuesta a aplicarles sanciones graves a los países que piensan que no tienen necesidad de obedecer las reglas de ese deporte hermoso, tanto en el campo como fuera de él.

"No es cuestión de un partido de fútbol solamente", dice Minky Worden, director de iniciativas globales de Human Rights Watch. "El asunto es si la FIFA considera o no a las mujeres como ciudadanas de segunda clase."

¿Es eso lo que usted piensa, señor Infantino?

Por Bari Weiss / The New York Times

(Traducción de Jaime Arrambide)

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