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Cachorros del califato: cómo se rehabilita a los chicos guerreros de Estados Islámico

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8 de marzo de 2018  • 15:32

CAMPO RAWANGA, Irak (Reuters).- Por lo general, cuando les dan colores para dibujar, los chicos que sufrieron la guerra pintan escenas devastadoras de la violencia que les tocó vivir, pero son pocos los que se retratan como sus perpetradores.

Los cinturones suicidas, los coches bombas y otros explosivos que esboza una y otra vez un chico de 14 años recién llegado a este campo de refugiados del norte de Irak, los construyó él mismo y los utilizaron militantes de Estado Islámico (EI) contra civiles y tropas en Irak y Siria.

Uno de sus dibujos lo muestra matando a un hombre con una ráfaga de balas, algo que confiesa haber hecho durante tres años como niño combatiente reclutado a la fuerza por EI.

Secuestrado en su tierra natal yazidí en el norte de Irak, dice que se acostumbró al sonido de las bombas que caían en Raqqa, Siria, la capital de facto de Estado Islámico, mientras las fuerzas de seguridad asediaban la ciudad, el año pasado.

Suleiman le da indicaciones a uno de los chicos que fue adoctrinado por los terroristas de Estado Islámico
Suleiman le da indicaciones a uno de los chicos que fue adoctrinado por los terroristas de Estado Islámico Fuente: Reuters

"Acá es cuando me hirieron luchando contra las FDS", dice el chico -cuyo nombre no es revelado para evitar represalias-, en referencia a las milicias rebeldes de las Fuerzas Democráticas Sirias apoyadas por Estados Unidos, y después se señala una herida de bala en la tibia.

Parte del programa de tratamiento para ayudarlo a seguir adelante y protegerlo de un trauma duradero implica darle tiempo para dibujar y relatar su experiencia.

Se estima que Estado Islámico utilizó cientos de chicos como combatientes, que se alistaron con sus familias o fueron entregados por ellas, o eran hijos de combatientes extranjeros adoctrinados desde el nacimiento para perpetuar su ideología.

Los expertos advirtieron que si no siguen un tratamiento de rehabilitación, los niños adoctrinados que intentaban escapar de las garras de Estado Islámico el año pasado podrían significar una amenaza para la seguridad de la región como para occidente.

El tratamiento de los chicos yazidíes, que fueron separados de sus familias y en muchos casos se quedaron huérfanos, plantea desafíos especiales.

Perseguidos dos veces

En Irak, donde la edad de imputabilidad es de nueve años, los cuidados especializados son poco frecuentes. Según un informe reciente de Human Rights Watch, el gobierno iraquí detuvo y procesó a decenas de chicos como sospechosos de filiación con Estado Islámico.

Naif Jardo Qassim, un psicoterapeuta que trata a jóvenes en el campo de refugiados Rawanga, cerca de Dohuk, subrayó que "son víctimas y no criminales", y deberían ser tratados como tales.

Los chicos hacen ejercicios físicos como tarea de readaptación
Los chicos hacen ejercicios físicos como tarea de readaptación Fuente: Reuters

Para describir la magnitud del problema, el maestro yazidí Hoshyar Khodeida Suleiman relata la historia de uno de sus estudiantes, un chico que se reencontró con su familia en el último otoño boreal.

Unos días después del reencuentro, el padre se despertó en el medio de la noche y descubrió que su hijo empuñaba un cuchillo contra su propia garganta, sin saber si debía matar a sus padres o suicidarse.

"Gritaba diciendo que eran infieles y que para él era mejor morir que ser uno de ellos", dijo Suleiman.

En 2014, los terroristas de EI invadieron las ciudades y pueblos yazidíes, mataron o esclavizaron a más de 9.000 adultos y chicos en lo que las Naciones Unidas denominó una campaña genocida contra una minoría religiosa catalogada como hereje por Estado Islámico.

Después de clases, los jóvenes comparten tiempo de recreación antes de comer y descansar
Después de clases, los jóvenes comparten tiempo de recreación antes de comer y descansar Fuente: Reuters

Las chicas y las mujeres fueron vendidas como esclavas, a algunas las obligaron a casarse con combatientes, y muchos chicos fueron entrenados para unirse a las filas de lo que llamaban los Cachorros del Califato, y a su vez publicaban videos en los que cometían atrocidades en nombre de su autodeclarado Estado.

Muchos de los chicos volvieron, no a sus hogares, sino a campos de desplazados en el norte de Irak, donde viven con parientes, ya que en muchos casos sus padres fueron asesinados por los terroristas o están desaparecidos.

"Mientras eran prisioneros, todo cambió para ellos, si es que al menos recuerdan algo de sus vidas anteriores", dice Qassim.

A esa inestabilidad se le agrega el peso de los traumas que han debido atravesar.

"A estos chicos les mataron a sus familias, o las secuestraron, las golpearon y les lavaron el cerebro", agrega. "En algunos casos fueron testigos de ejecuciones, los forzaron a matar o los violaron, muchas veces y durante años."

Qassim trabaja para Yahad In-Unum, una entre un puñado de ONG que creó un centro para chicos en el campo, donde reciben un tratamiento psicológico que va desde el diálogo hasta la terapia artística.

Qassim dice que también vienen a jugar "y a recordar cómo ser chicos nuevamente".

Recordar

El centro donde trabaja Qassim, que se creó hace seis meses, actualmente trata a 123 chicos de ambos sexos, todos menores de 18 años, que volvieron hace poco tiempo del territorio ocupado por Estado Islámico.

En el campo de Rawanga, Irak, los chicos construyen una nueva oportunidad para sus vidas lejos de la violencia
En el campo de Rawanga, Irak, los chicos construyen una nueva oportunidad para sus vidas lejos de la violencia Fuente: Reuters

"Cuando vuelven del cautiverio, los chicos pueden estar agresivos, violentos, confundidos y enojados", dice Qassim, y agrega que muchos de los chicos fueron obligados a olvidar su lengua kurda natal. "Eso se transforma rápidamente en ansiedad y en una profunda depresión, ya que el trauma comienza a instalarse".

El centro organiza un programa de tratamiento para cada chico, que incluye sesiones de terapia individuales y grupales.

"Trabajamos lentamente para dejar sin efecto los años de lavado de cerebro de los que fueron víctimas", dice Qassim. "Queremos que se olviden de los últimos años y que vuelvan a empezar".

Dice que todos los chicos que ha tratado fueron "des-adoctrinados" exitosamente, y agrega que "no existe ningún chico que no se pueda salvar".

Como los llamados programas de "desradicalización" son muy recientes, hay opiniones divergentes respecto de su efectividad. Laila Ali, vocero de UNICEF en Irak, que apoya esos servicios, dice que la rehabilitación es "absolutamente posible".

Es más difícil llegar a algunos chicos que a otros, especialmente a aquellos que han olvidado su vida anterior a Estado Islámico.

Un chico de 10 años fue contrabandeado de Siria hace apenas tres semanas y media y desde entonces vive en el campo con su tío. Tímido al principio, se volvió más animado cuando describió sus "logros" durante su entrenamiento como combatiente en Deir Ezzor, Siria, y dijo que no está seguro de que su vida actual sea mejor.

Los dibujos son fundamentales para desentrañar el daño psicológico de los chicos
Los dibujos son fundamentales para desentrañar el daño psicológico de los chicos Fuente: Reuters

Qassim dice que el chico no sabe sobre si debería renunciar a las enseñanzas de Estado Islámico. Junto a otros niños, se esconde en el baño para rezar porque teme que eludir sus obligaciones religiosas le genere problemas con Estado Islámico.

Qassim espera que vuelva a la normalidad pronto.

Cuando vuelven, algunos enfrentan aún más humillaciones. "Tuve que irme a vivir con familiares porque mis padres dijeron que nunca me aceptarían por lo que yo había hecho", dice un excombatiente que ahora tiene 15 años.

Qassim es el único psicoterapeuta del centro y su trabajo es muy duro. "Es muy difícil escuchar a los chicos contar esas historias de violaciones, combates, asesinatos. Nunca en mi vida había escuchado horrores semejantes".

A falta de fondos o de una hoja de ruta, algunos miembros de la comunidad se las rebuscan para ayudar a su manera.

Suleiman tiene el objetivo de rehabilitar a los jóvenes yazadíes en el campo de refugiados de Sharya cerca de Dohuk "volviéndolos a conectar con su fe yazidí", y haciendo hincapié en "la humanidad y en la decencia humana".

Una tarde lluviosa de fines de febrero los chicos fueron a clases con ropa tradicional que Suleiman les había dado: bufandas y vestidos blancos con vinchas de color negro y dorado para las chicas; pantalón combinado con chaleco y kufiyya roja y blanca para los chicos.

"Es una vestimenta simple", dice. "Pero la ropa es una forma de recordarles quiénes son y de dónde vienen".

Traducción de Jaime Arrambide

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