Ken Burns, o cómo hablar de historia en horario central

Juana Libedinsky
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11 de marzo de 2018  

El realizador habló con LA NACION revista sobre sus célebres documentales, obras de arte que abordan los aspectos más trascendentes de la vida política y cultural de los Estados Unidos, y atraen a millones de televidentes
El realizador habló con LA NACION revista sobre sus célebres documentales, obras de arte que abordan los aspectos más trascendentes de la vida política y cultural de los Estados Unidos, y atraen a millones de televidentes Crédito: NYT

NUEVA YORK.- Cuando a comienzos de los años noventa PBS, el canal de la televisión pública estadounidense, comenzó a emitir los 19 capítulos del documental producido y dirigido por Ken Burns sobre la Guerra Civil americana, las familias de todo el país se reunieron para verlo como un ritual sagrado, PBS tuvo su pico histórico de rating y, según cuenta la revista The New Yorker, los videocasetes vírgenes se agotaron en las tiendas por la desesperación de la gente de guardar para la posteridad ese trozo de historia.

Salvo lo de los videocasetes, algo similar ocurrió ahora. A fines del año pasado, PBS emitió el documental de Burns sobre la Guerra de Vietnam, en el que estuvo trabajando junto a la cineasta Lynn Novick durante una década con un costo de 30 millones de dólares. El país se detuvo ante cada uno de los diez capítulos, tuvo 40 millones de televidentes y durante varios días no se habló de otra cosa.

No fueron los únicos films de Burns. Desde los 17 años está detrás de cámara, y algunos de sus otros aclamados documentales fueron Baseball (1994), Jazz (2001), The War (2007), The National Parks: America's Best Idea (2009), Prohibition (2011) y The Roosevelts (2014).

Su fama es tal que no solo ha acumulado varios Emmy. Hasta en el software para editar videos de Apple hay un llamado "efecto Ken Burns" (que ayuda a usar panorámicas, zooms y movimientos de cámara sobre imágenes estáticas de la manera que siempre se asocia con él). Hay, naturalmente, episodios de Los Simpson donde él es un personaje central, y Burns incluso aparece en dibujos animados para niños como el del perrito Clifford, para explicar de qué se trata un documental. Por eso no es sorprendente que se repita aquí que los norteamericanos aprenden historia por medio de los documentales de Ken Burns mucho más que de cualquier libro de texto. Este historiador y documentalista hizo un alto en su día de trabajo para explicar a la nacion revista cómo es cargar con esa responsabilidad, y anticipar si ya imagina un futuro documental sobre la era Trump.

"Eso de que los norteamericanos aprenden más conmigo que con un libro de texto es un compromiso enorme -admitió desde las oficinas, en un pequeño pueblo rural de New Hampshire, de su productora Florentine Films-, y entiendo que hay un aspecto educacional en mi trabajo. Pero a mí eso me resulta secundario: en lo que yo me concentro es en hacer films que sean una obra de arte. Los temas históricos que abordo son solo el medio para expresar mi arte, una elección. Es como un pintor que utiliza el óleo en vez de la acuarela, o el que hace paisajes en vez de naturalezas muertas.

Pero ¿no es distinto hacer un documental sobre una guerra para la televisión que realizar una película de Hollywood sobre el mismo conflicto?

Las leyes de la narrativa en el film se aplican exactamente de la misma manera a Steven Spielberg y a mí, y es un tema que, con él, hemos conversado varias veces. Ambos nos manejamos mucho con la intuición; la diferencia es que él puede inventar lo que quiera para mejorar su historia. Yo tengo una obligación con los hechos, entonces la clave está en la selección de lo que voy a mostrar, el énfasis, el foco. Tengo que hacer arte, contar lo que pasó y encima no transmitir mi propia ideología política al hacerlo, así que la tengo más difícil que Steven en cierta manera.

Pero respecto de la ideología política, usted es un conocido amigo de los Obama.

Inevitablemente parte de lo que siento siempre saldrá en lo que filmo. Pero trato de hablarle, con mis historias, a la mayor parte de los norteamericanos. Estamos en un país increíblemente dividido en este momento, y creo que es importante no hacer propaganda para un lado u otro. Yo quiero hacer películas que vayan a ser bienvenidas por gente con puntos de vista muy distintos para acercar el diálogo, por más complicado que este sea.

Cuando salió la serie de documentales sobre Vietnam, vi una cosa increíble. Desde madres en la escuela, algún intelectual que estaba entrevistando, gente de Wall Street, todos comentaban que esa noche se iban a plantar frente a la televisión para ver el episodio que se trasmitía. Algo muy raro en plena era de Netflix.

Bueno, Internet tiene esta cosa maravillosa de todas las oportunidades que abre, pero tiene algo muy limitante también. No es necesariamente la verdad lo que vemos allí, ni está diseñada para acercar a la gente. Creo que extrañamos lo que hacíamos en conjunto, fuera cantar en el coro de la iglesia o ver todos un programa de televisión y discutirlo, y me gusta contribuir a ello. Y entiendo lo que ocurrió, porque mi documental sobre Vietnam era más que sobre Vietnam. Cuando los norteamericanos hablamos sobre Vietnam, en realidad hablamos sobre nosotros mismos. Tuvimos 40 millones de televidentes, una crítica extraordinaria, pero lo mejor que me pasó fue que, cuando estaba llevando a mi hija a la escuela, alguien me saludó y me dijo: "Mi padre nunca habló sobre la Guerra de Vietnam. Él estuvo allí, conseguimos que viera el documental, y ahora esta hablando.".

Pero ¿al hablar sobre Vietnam, los americanos hablan de sí mismos en el pasado o en el presente también?

Mark Twain se supone que dijo que la historia no se repite, pero rima. Y la historia de Vietnam creo que está bastante claro cómo rima con el presente. Es un film sobre manifestaciones en todo el país contra el presidente. Es sobre una Casa Blanca en crisis permanente y obsesionada con las filtraciones de información. Es un documental sobre un presidente convencido de que la prensa miente e inventa historias sobre él. Es sobre material clasificado robado que desestabiliza la discusión política. Es sobre acusaciones de que un país extranjero influenció en los resultados de las elecciones. Así que entiendo que todos piensen que lo que en realidad hice fue un documental sobre el primer año de Trump en el gobierno.

¿Y fue así?

Terminamos de rodar a fines de 2015, antes de que Donald Trump ganara su primera primaria. Y la realidad es que yo he hecho más de treinta films, cortos o grandes producciones, y que todos resuenan con el presente. Eso es porque la naturaleza humana nunca cambia.

Pero ¿haría un documental sobre Trump en concreto? Porque la revista The New Yorker sacó un artículo irónico al respecto, y de pronto todo el mundo quería que se materializase uno suyo de verdad.

Por supuesto que haría un documental sobre Trump. En The New York Times salió una nota sobre si es el peor presidente de nuestra historia, y hay gente que, en el calor del momento, lo siente así. Y puede ser que tengan razón. No es difícil imaginar cómo yo me siento respecto de este presidente. Pero tengo la obligación ante mi arte y ante mi audiencia de tratar de contar la historia de la manera más ajustada posible, y eso solo es posible con perspectiva. Llámenme en quince, veinte años y lo conversamos encantado.

¿Y haría un documental que no fuera sobre Estados Unidos?

Soy un muchacho de provincia. Encima, todavía siento que si me dieran mil años para vivir, igual no me faltarían temas para analizar dentro de la historia de Estados Unidos. Estoy considerando en algún momento hacer un documental sobre Winston Churchill, pero siempre podría escudarme en que su madre era americana.

¿Qué le recomendaría a un cineasta en la Argentina?

Yo no creo ser el cineasta más inteligente, pero sí soy el más perseverante. Yo me dedicó a documentales para la televisión pública. Necesito juntar los fondos de gente o instituciones que me quieran dar la plata, que crean en el proyecto, pero obviamente no como inversores porque no estoy en el mercado. A la vez, quiero que millones y millones de personas vean mi trabajo y por ahora, viene funcionando. Lo único que puedo recomendar al respecto es tener la idea clara de lo que se quiere hacer e insistir a pesar de todos los tropiezos que inevitablemente habrá. Y, por supuesto, hacer a los villanos seres complejos y mostrar las fallas de los héroes, mostrar que nunca nada es simple ni caricaturesco. Con una película, en sociedades que están polarizadas, claro que no se va a solucionar nada. Pero quizá permita una pausa, aunque sea un momento, en el que la gente se abra a distintas versiones de lo que pasó en su historia, y pueda empezar a discutir al respecto. En cualquier lugar del mundo, a eso yo lo considero un éxito.

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