"Mi amiga es muy posesiva y no sé cómo manejar sus celos"

Crédito: Ilustración de Erivil
Te hace reclamos cuando no estás. Te demanda presencia, exclusividad e intensidad. La adorás..., pero te sentís un toque abrumada con taaanta amistad. ¿Cómo manejarlo?
María Soledad Cotelo
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10 de marzo de 2018  • 00:50

Cuando buscamos en el diccionario el término “posesivo/va”, nos encontramos con esta definición: “Dominante y absorbente en la relación con otra u otras personas”. ¿Te resuena? ¿Estás linkeando con algún vínculo en tu cabeza? ¿Pensás en una de tus amigas más cercanas? Todas podemos sentirnos demandadas en algún momento determinado de la relación (y también ser nosotras las pedigüeñas, por supuesto). Pero cuando las exigencias o los celos que recibimos se vuelven frecuentes, la situación nos puede enroscar un poco... o bastante. Por fortuna, como la mayoría de los conflictos en esta vida, tiene solución. Y, como todo, siempre hay que pagar un costo; ya sea por seguir bancando la situación como está o por cambiarla. ¿Qué pensás hacer vos?

¿A QUÉ ESTÁN JUGANDO?

Una amiga demandante te expone a distintas situaciones, algunas son más light (y bien podés dejarlas pasar) y otras bien densas. ¿Cuáles pueden ser?

  • Siente celos de otras amigas, tu pareja u otros lazos que ella visualiza como posibles “amenazas”.
  • Se ofende cuando no la contactás de inmediato tras un examen, a la vuelta de sus vacaciones o el primer día de un nuevo trabajo.
  • Controla tus redes sociales para enterarse de qué planes hacés sin incluirla.
  • Te lanza un “¡al fin, apareciste!” o “¡ah, estás viva!” cuando le escribís después de un par de días. Si no, te clava el visto y no te responde como señal de enojo.
  • Tira abajo tus logros o nuevas actividades.

Hasta ahora, es “ella”. Pero para jugar a las escondidas, una tiene que contar y la otra se tiene que esconder, si no, el juego no se activa. Por eso, cuando se generan estas situaciones, no se trata de hablar de víctima y victimaria, porque no existen esos roles. El primer paso es aceptar que el problema es 50/50. Está bueno tener registro de qué es lo que te molesta o te jode, pero nunca para tirar el fardo, sino para hacer una lectura de cómo te estás manejando con tu amiga y qué herramientas tener a mano para desactivar la bomba.

OBSERVÁ TUS FICHAS

Ambas tienen cuestiones inconscientes que actúan como mecanismos de defensa y funcionan como atajos para lograr sus diferentes objetivos. En el caso de tu amiga, puede ser el ganarse tu cariño, y en el tuyo, ser la convocada –un título que te ubica bajo las luminarias, pero termina asfixiándote–.

Quizá nunca te hayas visto envuelta en una relación con estos matices, pero si te reconocés en este lugar de manera habitual, empezá a bucear en tu interior para descubrir porqué necesitás ocupar siempre el lugar de la que es celada o convocada aunque después lo sientas como una carga.

Ahora, ¿qué hacés vos efectivamente? ¿Te alejás de tu amiga porque te parece una pesada o le hacés desaires? ¿Tomás una actitud pasivo-agresiva y publicás unas stories de una cena a la que no fue invitada? ¿Respondés ante cada reclamo que ella te hace, cargándote la responsabilidad? ¿Planteás lo que te pasa en términos hirientes? Por H o por B, no enfrentás la situación por una vía productiva y vas oscilando entre la bronca y la culpa y se sigue alimentando el círculo vicioso.

Crédito: Latinstock

CAMBIÁ LAS REGLAS

En nuestros lazos existe una tensión entre el deseo de conexión y cercanía y el impulso hacia el desarrollo individual y la realización personal. Para evitar celos, planteos y competencias poco saludables, el equilibrio entre estas dos cosas se entrena. ¿Cómo lo lográs? Generando una diferenciación positiva con tu amiga.

  • 1. IDENTIFICÁ tus pensamientos, sentimientos, necesidades y deseos sobre este vínculo.
  • 2. OBSERVÁ tus patrones y descubrí cuáles son tus reacciones habituales y cómo podés cambiarlas.
  • 3. DESARROLLÁ una mayor capacidad para expresar y exponer con honestidad y sin brutalidad lo que te pasa.
  • 4. AUMENTÁ tu capacidad de responder a las diferencias de manera efectiva y con límites claros.
  • 5. CREÁ un ambiente en el que sean posibles los cambios que proponés.

Habilitá un nuevo juego que empodere la amistad y la vuelva enriquecedora para ambas. Si tu amiga no se suma a este encuentro renovado o llegaste a una instancia en la que no querés remarla, tenés que dejar que decante y soltar. De una manera u otra, siempre hay algo luminoso, que es el aprendizaje.

Un ejercicio para hacer

  • Dibujá en un papel tres círculos: uno que te representa a vos, otro a tu amiga y otro a la persona que te genera celos o te vuelve posesiva.
  • Escribí dentro de cada círculo los atributos que creés que tiene cada uno.
  • Preguntate: ¿por dónde pasa la desconfianza? ¿Por tu amiga, por la otra persona (“la/el tercera/o en discordia”) o por vos misma? ¿Es tu amiga quien no te da seguridad? ¿Sos vos que te sentís poco con relación al tercero? ¿Estás idealizando a esta otra persona?

¿La celosa sos vos?

Por Graciela Moreschi. Psiquiatra y autora del libro Si el otro cambiara.

Todos somos un poco celosos, es un sentimiento natural que surge cuando vemos amenazado –por un tercero– un vínculo importante. Pero si esto se repite en todas tus relaciones, entonces quizás estés haciendo algo mal. No solo por vos, sino por el costo que esto termina teniendo para tus vínculos. Es posible que seas muy posesiva, y eso significa que pusiste al otro en el lugar de un objeto de tu pertenencia. Los vínculos son algo vivo que se da entre dos personas, de ahí que no importa si viene alguien más copado o más inteligente, porque lo que cuenta es la energía que fluye con tu amiga, y eso no es tan fácil de reemplazar. Claro que cuando comenzás con tus planteos, el otro puede sentirse asfixiado y eso sí atenta contra la relación.

Expertas consultadas: Alicia López Blanco. Psicóloga y escritora, autora del libro Ser, hacer y trascender. Eleonora Giusti. Psicóloga especializada en procesos de transformación personal.

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