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Trump desata una guerra comercial con nuevos aranceles que golpean a la Argentina

Trump aumenta las tarifas a las importaciones de acero y aluminio, pero deja una puerta abierta a que los países pidan exenciones
Trump aumenta las tarifas a las importaciones de acero y aluminio, pero deja una puerta abierta a que los países pidan exenciones Fuente: Reuters
Rafael Mathus Ruiz
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8 de marzo de 2018  • 17:45

WASHINGTON.- Estados Unidos impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio, desatando una guerra comercial con aliados y rivales que amenaza con provocar una profunda alteración en la economía global y abrir una nueva era de incertidumbre.

La nueva política le imprime el golpe más duro al vínculo comercial entre la Argentina y Estados Unidos desde el cierre a las exportaciones de biodiésel.

El presidente, Donald Trump , firmó dos proclamaciones que ordenan aplicar un arancel del 25% a las importaciones de acero y otro del 10% a las de aluminio por motivos de "seguridad nacional", una medida que profundizó el giro nacionalista y proteccionista que su gobierno imprimió en la política económica de la primera potencia global.

EEUU podría moderar medidas proteccionistas sobre acero y aluminio

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Ante el fuerte rechazo que provocó la medida, interno y externo -varias potencias, incluidas China y la Unión Europea, amenazaron con represalias-, la Casa Blanca decidió excluir de las tarifas -que regirán en 15 días- a México y Canadá, y dejó la puerta abierta para que otros aliados puedan solicitar una "exención".

"Vamos a ser muy justos, vamos a ser muy flexibles, pero vamos a proteger al trabajador estadounidense, como dije que haría en mi campaña", prometió Trump, antes de la firma, dejando la puerta a excluir a otros países, entre ellos, la Argentina.

Mientras Trump ampliaba su proteccionismo, en Chile, once países, todos aliados de Washington, firmaban el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, según sus siglas en inglés), el tercer pacto económico más grande del mundo diseñado para afrontar el avance de China, al cual Trump le dio la espalda al sacar a Estados Unidos.

Los aranceles alcanzan a las exportaciones de Tenaris, del Grupo Techint, y Aluar, que colocaron, el año anterior, tubos de acero y aluminio por unos US$ 770 millones en la primera potencia global. Juntas, las ventas de biodiesel, acero y aluminio -todas restringidas por Trump- representan más del 40% de las exportaciones argentinas segundo socio comercial en el hemisferio después de Brasil. En 2017, la Argentina tuvo un déficit comercial de US$ 3117 millones con Estados Unidos.

Trump implementó su nueva política rodeado de trabajadores metalúrgicos, pese a la fuerte oposición de republicanos en el Congreso, funcionarios de su gobierno, el establishment empresarial y las advertencias de organismos internacionales y expertos y las amenazas de represalias de rivales, como China, y de aliados históricos de Washington, como la Unión Europea. El presidente dijo que sería "flexible" para acotar el impacto de sus aranceles y conceder exenciones. Las tarifas, indicó, quedarán a su total discreción.

"Tendré derecho a subirlos o bajarlos, dependiendo del país, y tendré a sacar o a incluir países. Solo quiero justicia, porque no hemos sido tratados de manera justa por otros países", afirmó el presidente, durante una reunión de gabinete en la Casa Blanca antes de la firma de los aranceles.

La Casa Blanca justificó la política en la necesidad blindar y reconstruir la industria metalúrgica, vital, según el argumento oficial, para la seguridad nacional. Por los cambios que imprimieron el comercio y la globalización, Estados Unidos "exportó" su producción de acero y aluminio. Hoy, es el principal importador mundial de acero, y compra cinco veces más aluminio del que produce. Ciudades donde antes ardían los hornos, como Johnstown, en Pensilvania, o Youngstown, en Ohio, se convirtieron en íconos de la decadencia del cinturón industrial, conocido, hoy, como el "Rust Belt", donde Trump cuenta con un alto apoyo.

Los aranceles surgieron de una investigación del Departamento de Comercio, a cargo de Wilbur Ross, que concluyó que la dependencia de las importaciones metalúrgicas tenía "el potencial de amenazar" la seguridad del país. La Casa Blanca recordó que los portaaviones, submarinos, tanques, los misiles Tomahawk, el avión de caza F-35 o el helicóptero Apache llevan acero o aluminio, que, además, alimentan la infraestructura del país.

La movida deberá sortear desafíos, domésticos y foráneos. Los aranceles serán llevados casi con certeza a la Organización Mundial del Comercio (OMC), y republicanos en el Congreso intentarán frenarlos, o, al menos, acotarlos.

En un quiebre atípico con la Casa Blanca, el líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, dijo que estaba en desacuerdo con la política, y que buscaría limitarla. Y en el Senado, Jeff Flake, crítico de Trump, presentó un proyecto para anular las tarifas.

"Existen incuestionablemente malas prácticas comerciales de países como China, pero el mejor enfoque es apuntar a esas prácticas", dijo Ryan, en un comunicado. Trump puede vetar una eventual ley del Congreso contra las tarifas.

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