El debate por la lista final de la selección para el Mundial: ¿Y si el número 23 es Ricky Centurión?

Román Iucht
Román Iucht MEDIO:
Ricardo Centurión aspira a tener su oportunidad en la Selección
Ricardo Centurión aspira a tener su oportunidad en la Selección Crédito: Mauro Alfieri
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9 de marzo de 2018  • 07:55

Como si se tratase de un socio abonado para toda la campaña 2018, Jorge Sampaoli se deja ver gustoso en los palcos de la cancha de Racing cada vez que la Academia juega como local. Ya nadie especula con su presencia en el Cilindro. El universo futbolero en su totalidad conoce de su debilidad por esa joya que el fútbol argentino parió el último año, llamada Lautaro Martinez. El entrenador va, y el delantero cumple. Fecha tras fecha, el juvenil le devuelve con fútbol, goles y algún nuevo recurso, aquello que el técnico está buscando. Su convocatoria para la gira europea de la selección será cuestión de días y sus chances de ser parte de la nómina final ya no resulta descabellada.

Pero además, en cada uno de esos partidos, otro apellido rindió como para sembrar en él al menos una pequeña semilla de la duda. A menos de cien días para que se levante el telón y comience la función mundialista en Rusia, el "revoleo" de nombres barajados resulta llamativo, pero al mismo tiempo sintomático de la escasez de indiscutidos que tendrá la lista definitiva.

En ese contexto, a partir de las ideas que Sampaoli tiene del juego y de las conclusiones secundarias obtenidas de cada excursión por Avellaneda, un jugador que nunca desapareció de la mente del entrenador pero que ahora volvió a presentarse como una alternativa posible, no probable pero sí con un mínimo grado de factibilidad, es el indescifrable Ricardo Centurión.

En su observación y descripción del juego, Sampaoli suele decir: "Como en el fútbol actual destruir le viene ganando a construir, de tanto usar extremos los laterales se volvieron mejores que ellos. El extremo tiene que tener una gambeta para eliminar a un rival, de lo contrario conviene llegar por sorpresa desde atrás. No hay muchos jugadores así en el mundo".

La pregunta entonces es: ¿Cuánto del pensamiento del técnico se ajusta a las condiciones del delantero de Racing?

Es absolutamente cierto que Centurión hace honor a su definición de "atacante". Valiente, a veces por demás, no tiene complejos en encarar a su marcador tantas veces como sea necesario y su habilidad siempre es su gran aliada. También es real que se trata de un "jugador de jugadas", cuya presencia y continuidad en el juego debería ser más prolongada a la hora de una evaluación más exigente.

A favor Centurión posee, aún con varios años en Primera División, ese componente del jugador salvaje, en estado natural, capaz de romper con lo establecido. En contra y aunque ese no debería ser su apartado principal, esa anarquía lo vuelve algo desordenado sobre todo en el retroceso defensivo. Por personalidad, por juego y por ese extraño carisma que pocos tienen, cuando Centurión está en el campo siempre se sabe que "pasan cosas", que algo fuera de catálogo puede ocurrir en algún momento.

Una vida personal serpenteante lo llevó a Europa en dos oportunidades, sin hacer pie en ninguna. Alejado de un contexto inflamable no solo decrecieron sus hipótesis de conflicto sino también su juego. Sin grandes estímulos ni algún mimo que lo hiciera sentir especialmente valioso, sus escalas por el fútbol italiano aportaron nulas referencias para su currículum.

De vuelta en su hábitat natural, la mejor versión de su juego reapareció con la llegada de Chacho Coudet a Racing, justo en el momento en que él volvía al club. Goles, gambetas y ese juego de ataque y riesgo que no abunda.

Es cierto que en algunas ocasiones la exigencia, el contexto y la oposición definen la evaluación de un futbolista. En otros casos, cuando el clima es favorable y el jugador se siente contenido se puede obtener mejor rédito de ese potencial que parecía haber quedado dormido. Una ráfaga de buenos partidos en el fútbol local no parecería ser suficiente como para el sueño mundialista. Los nombres son muchos pero la lista final tiene un límite. No tenerlo dentro de los futuros convocados del medio local para los últimos ensayos de marzo debilitaría aún más la ilusión. Pero como revulsivo, como un comodín que detrás del rótulo de "reserva" pueda llegar sobre la bandera a cuadros con el número 23, esa es la apuesta de Ricky.

¿Si alcanza con eso? ¿Si es suficiente? Esa pregunta aún no tiene respuesta. Por lo pronto, Sampaoli sabe que Centurión siempre fue una especie de debilidad personal. Y Centurión sabe que Sampaoli sabe.

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