República de Einstein: atractiva parábola antibélica

Gabriel Isod
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9 de marzo de 2018  

República de Einstein / Nuestra opinión: buena / Dramaturgia y dirección: Lionel Arostegui / Intérpretes: Emilia Dulom, Nacho Zabala / Escenografía: Nurit Spoliansky / Diseño sonoro: Fernando Sayago / Sala: El Método Kairós, El Salvador 4530 / Funciones: Viernes, a las 23.30 / Duración: 60 minutos.

Se atribuye a Einstein la frase "Yo no sé cómo será una tercera guerra mundial, solo sé que la cuarta será con piedras y palos". Darle forma y desarrollo teatral a esa cita es la propuesta de República de Einstein.

El espacio tiene una bañera y un televisor que delimitan dos zonas. Estas se resignificarán varias veces para dar cuenta del baño de una casa, un ambiente bélico o la alienación de un soldado aprendida desde los videojuegos. La historia va a los saltos, comienza con un Einstein construido desde el pie de uno de los intérpretes cuya voz sale en inglés y se traduce, en un castellano que incluye emojis, en una pantalla de fondo. El inglés, para la obra, es la lengua de la guerra y la mayor parte de la pieza está hablada así. Aunque no se conozca demasiado ese idioma, todo se puede entender fácil porque es una obra armada desde el cuerpo antes que desde la palabra. Los cuadros remiten a distintas situaciones de dominación en las que, casi siempre, la pequeña déspota Miss Margaret encuentra formas de disponer de Juanito, un amigable chicano que sufre las consecuencias de un sistema en el que la guerra parece estar en todos lados. Las referencias temporales son, también, pocas. En el montaje de Lionel Arostegui se habla de que la acción sucede doce años después de un conflicto armado, pero hay una virtuosa libertad en el uso del espacio y el tiempo que transmite el clima de pesadilla, en el que la historia no es lineal y se unifica por volver una y otra vez a los mismos tópicos a partir de la búsqueda del matiz humorístico que tiene la desgracia. También hay referencias a cuestiones más científicas, desde la teoría de la relatividad hasta la vivisección del cerebro de Einstein, sin embargo siempre se impone la veta pacifista del científico como mensaje a explorar.

República de Einstein cae a menudo en modelos esquemáticos, en categorías binarias demasiado firmes de bien y mal que resienten un poco la totalidad. Como si la moral atentase contra la fábula, cuando se establece un poder contra el que no existe mucha posibilidad ni deseo de resistencia, la tensión dramática decrece y solo quedan los números, entretenidos, que reiteran una atmósfera. Emilia Dulom se carga al hombro la propuesta y la saca adelante con buenos recursos, juega a ser una villana pero no la pinta desde la maldad sino con una inocencia que la hace inconsciente y, de a ratos, hasta querible. Nacho Zabala, la parte bonachona del dúo, presenta un interesante despliegue físico.

Rescatar la importancia del cese de la locura armamentista y de los males de la guerra a través de la figura de Einstein constituye una propuesta noble. Con entradas a la gorra y función trasnoche, este paseo por la violencia termina siendo una buena forma de soñar con una noche de paz.

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