La pregunta que hay que hacerse es: ¿Del Potro quiere pelear por el 1 como Vilas?

Claudio Cerviño
Claudio Cerviño LA NACION
Del Potro, en busca de un logro inédito para el tenis argentino
Del Potro, en busca de un logro inédito para el tenis argentino Fuente: Archivo
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9 de marzo de 2018  

Probablemente muy pocos hayan imaginado que Juan Martín del Potro tuviera, a los 29 años, la posibilidad de pelear por el N° 1 del mundo. Agobiado por lesiones, por entradas en el quirófano y por ese "volver a empezar" que se hace trístemente rutinario y con aires de calvario, los buenos deseos y las proyecciones difícilmente excedieran la posibilidad de jugar nuevamente un tenis competitivo. Pero, ¿pelear arriba? Sonaba demasiado aventurado. Y no hace mucho.

Lo cierto es que Del Potro tiene esa chance. Se la brinda su actualidad y una serie de circunstancias que se detallan en este informe. Hay veces en que las cosas vienen hacia uno sin que necesariamente se estén buscándolas. El tandilense tiene tenis, sabe lo que es ganar un Grand Slam, también lo que es lograr la Davis y de visitante. O cosechar medallas olímpicas. Acumula éxitos relevantes en partidos memorables. La pregunta que hay que hacerse hoy no es si puede, sino otra: ¿querrá?

La Argentina no tuvo un N° 1 en singles. El único que quiso en serio, que se lo propuso, no pudo porque no se lo reconocieron. Y aún hoy, a los 65 años, en medio de todas las peleas -y mucho más importantes- que libra, sigue persiguiendo ese objetivo como en los años setentas. Guillermo Vilas no solo cambió el tenis en nuestro país, sino que además fue quien buscó ser el mejor en los hechos y no solo desde los enunciados. Fue un obsesivo. Sacrificó muchas cuestiones personales. Se cuidó. Se entrenó hasta el hartazgo y mucho más. Quiso ser 1. Lo sigue queriendo hoy. Una mentalidad especial.

El tenis argentino tuvo otros aspirantes a la cima. No es fácil llegar una vez que se logra ingresar en el top 5. Los que pelean en ese lote durante varios años consecutivos pertenecen a una raza singular. La plata les interesa, claro, pero huelen a gloria cada noche de su existencia. David Nalbandian (3°) pudo proponérselo. No le interesó. Fue su elección de vida. Gaby Sabatini (3a) también, pero le tocaron dos monstruos (Graf y Seles) y el sufrimiento fue minando su espíritu. Hablamos de dos fuoriclassi, pero sin el 1.

Del Potro soñó desde chico con el 1 y con el US Open. Logró rápido, a los 20, el Grand Slam. El otro objetivo entró en un espiral con demasiadas vicisitudes, lapsos de diálogos interiores y tiempos libres en los que se permitió vivir con retroactividad la adolescencia que su carrera le quitó. Si uno lo escucha hablar hoy, tiene la sensación de que todavía ni siquiera se planteó si quiere pelear con Federer y los Fantásticos tocados.

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