La virtud de hablar cantando

Alejandra Radano
(0)
9 de marzo de 2018  

La función empezaba a las 23. Entro al hall del Piccadilly, tropiezo y, por no caerme, me doy un golpe con un tablón de madera (los andamios que lindan con el San Martín). Abollada por la paliza, me desplomo en la platea (punta de banco para escapar primera por si se desata un incendio). Y en "estado de sensibilización craneana" me dispongo a disfrutar. Falsettos es una comedia musical doméstica basada en las relaciones humanas y tópicos puntuales de una época y lugar (Nueva York, años 90). Los actores me deslumbraron. Tomás Wicz no se parece a nadie más que a sí mismo, es magnético y su voz es rarísima. Julián Pucheta crea un hebreo- outsider con acentos de danza sorprendentes. Nacho Francavilla es el fantástico tercero en discordia, su corporeidad y vocalidad nos hacen soñar. Christian Giménez definitivamente se alzó como un profesional de primera línea, su performance es impecable e inteligente. Y al fin... ella: Alejandra Perlusky, con cuchillo en mano y pupilas brillantes, nos da una lección de canto y estilo. ¡Entre verduras y delantales de cocina Perlusky trina su voz! La obra es básicamente cantada, pero me pregunto: ¿hablan cantando o cantan hablando? Seguramente este detalle medular sea mérito del director Diego Ramos, impulsor de este proyecto.

Falsettos

De William Finn y James Lapine. Viernes y sábados, a las 23, en el Picadilly, Corrientes 1524.

Producción: Julia Montesoro

* Actriz, cantante, bailarina

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.