Gael García Bernal y el fantástico ejercicio de habitar la poética de Pessoa

Mañana, en el Coliseo, el actor mexicano, junto a un notable elenco, dirigido por Nelson Valente, estrenará Ejercicios fantásticos del yo, una inusual propuesta basada en el imaginario del escritor portugués
Mañana, en el Coliseo, el actor mexicano, junto a un notable elenco, dirigido por Nelson Valente, estrenará Ejercicios fantásticos del yo, una inusual propuesta basada en el imaginario del escritor portugués Crédito: Ignacio Sánchez
Alejandro Cruz
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9 de marzo de 2018  

Como sucede con la producción poética y literaria del escritor portugués Fernando Pessoa, el mexicano Gael García Bernal (a quien todo indica que ni hace falta presentar) también parece desdoblarse en varios otros (o en él mismo) dispersos por el mundo (o por su propio mundo creativo).

En enero terminó de filmar en México Chicuarotes, su segundo film como director. En febrero se paseó por la alfombra de la Berlinale, en la capital alemana, a donde fue a presentar la película Museo, la ópera prima del mexicano Alonso Ruizpalacios, que él coprotagoniza. El domingo, en Los Ángeles, cantó en la ceremonia de los Oscar "Recuérdame", interpretación que a la vez se multiplicó en diversos memes. El tema pertenece a la premiada película de animación Coco, en la que el mexicano puso la voz del personaje de Héctor.

Mientras todas esas voces se desplegaban, acá, en Buenos Aires, estaba dándole forma a la obra de teatro Ejercicios fantásticos del yo, en la que hace de Pessoa. "Debe ser que yo también tengo mis otros yoes, mis heterónimos", apuntaba durante una charla con la nacion hace unas semanas. En la obra, como en un juego entre la ficción y realidad, un heterónimo le reprocha que no puede seguir desperdigando sentidos por el mundo.

Teatro Coliseo, anteanoche. Pasada general del espectáculo. "Obra en 37 escenas para 7 actores y un becerro", apunta el texto escrito por la periodista y escritora mexicana Sabina Berman (aquí se estrenó una obra suya que, casi como un chiste de Pessoa, tuvo dos títulos: Testosterona y Todo o nada). En la primera escena de Ejercicios... entra Soares (interpretado por Javier Lorenzo). Dice: "Buenas tardes o noches, pero mañanas no. Les pido, por favor, que me imaginen". Desde el sábado, y solo por 10 semanas, este texto cumplirá el rito de representarse en el Coliseo bajo la dirección de Nelson Valente (el mismo de El loco y la camisa y de otras dos obras que tiene en cartel que se suman a su trabajo habitual en la sala Banfield Teatro Ensamble).

La trama del montaje, con sus bifurcaciones, cuenta un día en la vida de Fernando Pessoa (1888-1935), que tuvo lo suyo: ese 29 de junio de 1914, mientras varios países europeos estaban movilizando sus ejércitos en momentos previos a la Primera Guerra Mundial, Pessoa no consiguió ni la mano de su amada (Vanesa González) ni obtuvo el Gran Premio de la Reina Victoria de Poesía. Sumado a eso, perdió una cuenta en la agencia de publicidad para la cual trabajaba y a la editora de sus poesías (Rita Cortese). Lo que se dice un día agitado.

Pessoa y su amada
Pessoa y su amada Crédito: Diego Spivacow

Un puente en el tiempo

A 103 años y 33 semanas de ese día turbulento se realiza una pasada completa de la obra a puertas cerradas en medio de un clima de ardiente paciencia. La enorme platea y las tres bandejas solo están ocupadas por no más de 10 personas del equipo de la obra (director, productor, asistentes y los encargados del diseño escenotécnico). A la altura de la décima fila de butacas tienen instalado su centro de operaciones, que se completa con una infinidad de pantallas, bandejas y computadoras desde donde controlan el movimiento de este gran engranaje escénico en el cual las proyecciones, las estructuras móviles, los distintos planos sonoros y la iluminación juegan un rol tan protagónico como es el trabajo de esos nueve actores en escena a cargo de varios personajes. A la hora señalada, 20.30, y después de imaginar el público ingresando a la sala, aparece el primer heterónimo de Pessoa diciendo aquello de buenas tardes o noches, pero mañanas no.

Él es una de las tantas criaturas imaginadas por el famoso escritor en una trama cargada de juegos de espejos. Esa primera acción transcurre en una comisaría de Portugal. Aparece Pessoa/Gael, que confiesa haber asesinado a una persona de un tiro en el cráneo. Se quiere entregar, pero el policía de la comisaría le responde: "Ahora vuelvo". "Solo en Portugal esto es imaginable, un policía que no tiene tiempo para arrestar a un asesino. Pero es que Portugal no es un país. Es un paréntesis entre las causas y los efectos del mundo", reflexiona el personaje de Pessoa.

Durante la charla con la nacion, Gael repite esas líneas para destacar la profunda fuerza poética de la obra y su costado lúdico. De paso, resalta el desafío que implica llevar al teatro una propuesta escénica que está fuera de ciertos moldes establecidos del teatro comercial en una ciudad que admira, en otros motivos, por la vitalidad de su teatro.

"Ya he trabajado en la película Neruda y ahora hago de Pessoa en teatro, es un verdadero lujo. Y si bien no soy un lector avezado de Pessoa, había leído, claro, Libro del desasosiego, y me quedé maravillado con su estilo, es una verdadera pachanga. Sabina [Berman] es quien conoce bien su producción. Para ella es el poeta del siglo XXI", apunta. En el juego de desdoblamientos y espejos, esa misma afirmación aparece en la obra dicha por uno de sus heterónimos. La autora y periodista mexicana es amiga de Gael, es quien le pasó el texto hace años y quien iba a dirigirlo, pero, cosas de otros días agitados de la realidad mexicana y de su realidad como guionista, la puesta quedó en manos suyas y la dirección está a cargo de Nelson Valente, que tiene su lugar en el mundo en Banfield y que es la primera vez que dirige un montaje comercial de estas características. "Igual, digamos que estoy tranquilo", decía hace unas semanas, aunque, en verdad, anteanoche parecía atravesado por el típico nerviosismo de todo estreno.

Gael García Bernal, en el Teatro Coliseo
Gael García Bernal, en el Teatro Coliseo Crédito: Diego Spivacow

Un puente a los inicios

Gael nació en Guadalajara. Según confiesa, volver a hacer al teatro es como volver a Guadalajara, a su lugar de origen en medio de ese estado de fiesta permanente. Su camino en la actuación comenzó en Londres. Lo cuenta con fascinación. Estaba estudiando en México, en la Facultad de Filosofía de la UNAM (donde habían cursado sus padres) y, aprovechando una huelga, se fue a Inglaterra a estudiar teatro. Audicionó, entró e hizo el curso completo. En esa época, en Londres, hizo de todo: de albañil a DJ después de haberse imaginado como futbolista o médico. Pero fue actor. Y el teatro fue lo suyo, aunque, como lo dice con cierta sonrisa dibujada, "apareció el cine y me dejé atrapar" ( Amores perros, La mala educación, Y tu mamá también, Diarios de motocicleta, No).

Si para él el teatro es volver a sus orígenes, vuelve a ese origen en una ciudad que conoce desde hace tiempo, la misma ciudad en donde viven sus hijos, en la que se mueve con la naturalidad y el orgullo de sentirse ciudadano latinoamericano. Cuentan que llegó a Buenos Aires con el texto de Sabina estudiado a la perfección. Acota Nelson Valente que, aunque nunca había trabajado con este equipo de actores, se entregó al proceso con suma naturalidad. Apunta el mismo Gael que todo el proceso de ensayos ha sido de una enorme fluidez porque, más allá de nacionalidades y esas cuestiones, todos son actores que comparten un mismo código.

Durante la pasada general, aunque se esté en el lógico proceso de ajuste de esta gran maquinaria al servicio de contar un viaje de una enorme carga poética y una sutil marcación al borde de lo clownesco, ese fluir va desplegando sus formas en medios de proyecciones de paisajes soñados de Lisboa, reflexiones sobre la poesía, bares diversos, comentarios sobre el valor de la palabra, panorámicas del río Tajo, el clima de gestación de una guerra, interiores del Monasterio de los Jerónimos, licores y hachís, y un diálogo imposible con un becerro que tiene lugar en el entorno de un potente paisaje visual que va cambiando. En ese tránsito, un hombre que no cuenta su vida, sino que la imagina, la sueña, la inventa en medio de un ejercicio fantástico de un yo que adquiere otras formas.

A unos 600 kilómetros de Lisboa, en Madrid, Pessoa y sus heterónimos es uno de los ejes centrales de la muestra "Pessoa. Todo arte es una forma de literatura", que se está presentando en el Museo Reina Sofía. La imagen central de la muestra es un retrato del escritor realizado por el pintor José de Almada Negreiros en la que se lo ve sentado con su traje oscuro, camisa blanca, su sombrero. Así aparecen en la obra tanto Gael como sus dobles, que encabezan Fernán Mirás, Martín Slipak y Javier Lorenzo. "La práctica de la heteronimia que Pessoa cultivó asiduamente da especial cuenta de este espacio de ambigüedad y equívoco, de una mirada caleidoscópica en la que conviven posturas estéticas, filosóficas y vitales dispares", desarrolla un texto de la gran muestra.

En Buenos Aires, noche del miércoles, la pasada termina entre aplausos que resuenan en un teatro vacío, después de escuchar una historia que transcurre en un país que es un paréntesis entre las causas y efectos del mundo, y un escritor que habla "consigo y con mismo".

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