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Discapacidad y sexualidad

Alexia Rattazzi
Alexia Rattazzi PARA LA NACION
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19 de marzo de 2018  • 00:25

Sé que poner en un título dos palabras que juntas representan un tema "tabú" plagado de mitos y prejuicios es un poco osado. Pero tenemos que meternos de lleno en estos temas, reflexionar sobre ellos, hablar, debatir y asegurarnos que nuestras miradas y nuestras actitudes no vulneran los derechos de otras personas, que (nunca olvidemos), tienen los mismos derechos que cada uno de nosotros.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) define a la sexualidad como: "un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales".

Hablar de los derechos sexuales y reproductivos de las personas con discapacidad puede levantar más de una ceja o fruncir más de un ceño. En un libro breve y muy interesante que publicó hace unos años el INADI llamado "Sexualidad sin barreras" se identifican mitos y estereotipos muy frecuentes asociados a las personas con discapacidad tales como: "las personas con discapacidad son personas asexuadas: no tienen deseos, no piensan en "eso"", "no necesitan tener relaciones sexuales, sólo necesitan cariño", "son como niños, o angelitos", "tienen una sexualidad irrefrenable", "no pueden concretar "relaciones normales"", "no pueden o no deben tener hijos" (¡!), "las parejas de las personas con discapacidad deben ser siempre personas con discapacidad", y otros más. Es probable que nos algunos de nosotros nos veamos reflejados en alguno de estos pensamientos. Si es así, es importante empezar a identificar que constituyen mitos y prejuicios.

Cuesta hablar de discapacidad, cuesta hablar de sexualidad y más cuesta hablar de discapacidad y sexualidad. En la versión en lectura fácil del artículo 23 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad se afirma: los países de la Convención (Argentina es uno de ellos) harán leyes para que las personas con discapacidad tengan relaciones sexuales como las demás personas, sepan evitar los embarazos, se casen si lo desean, tengan hijos o puedan adoptarlos, y críen a sus hijos con responsabilidad. ¿Cuántas de estas cosas se cumplen? ¿Cuánto influye cada uno de nosotros para que esto se cumpla o no se cumpla? Mucho tiene que ver con nuestras creencias y nuestros prejuicios.

La realidad es que sería muy importante que las personas con discapacidad reciban una Educación Sexual Integral (¡al igual que todos!), acorde con la ley que rige en nuestro país desde el año 2006. Además, sería interesante explorar la figura de "asistente sexual" que existe en otros países (más de uno se preguntará, ¿qué es un asistente sexual?, para esto sugiero ver la excelente película "Las Sesiones", que invita a un profundo debate sobre un tema del que muy poco se habla). Por otro lado profesionales de la salud, docentes y comunidad toda deben conocer los derechos de las personas con discapacidad. Y por último no debemos olvidar el importantísimo derecho a la intimidad, que frecuentemente no es respetado en las personas con discapacidad.

Para terminar, quiero terminar con una cita del libro "Sexualidad sin barreras" mencionado anteriormente: ".aquellas personas que tienen alguna discapacidad son personas sexuadas, que ejercitan su sexualidad aún con mayores o menores dificultades y que, cuando estas dificultades surgen, están originadas en el entorno físico y social antes que en la condición de tener una discapacidad." Intentemos no ser parte de ese entorno físico y social que dificulta a las personas con discapacidad ejercer su derecho a la sexualidad. Respetemos a otros de la misma manera que nos gustaría que nos respeten. Derribemos barreras, mitos y prejuicios. Construyamos entre todos un mundo más inclusivo.

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